Observar el pensamiento de un ratón en tiempo real. Es exactamente lo que ha conseguido un grupo de científicos de la Universidad de Stanford. Mediante una proteina fluorescente, que ilumina las neuronas cuando se activan, y un microscopio implantado en el cráneo del roedor, los investigadores han logrado grabar por primera vez cómo se activan las neuronas y se conectan entre sí en tiempo real. El avance podría resultar clave en el estudio de enfermedades neuronales degenerativas en humanos como el Alzheimer. 

Los científicos primero crearon ratones modificados genéticamente para que sus neuronas mostraran un destello fluorescente al activarse. Un microscopio conectado a una cámara e implantado en el hipocampo, la parte del cerebro responsable de la memoria espacial, captura la luz de unas 700 neuronas. La información se proyecta directamente en un ordenador, que es lo que se ve en el vídeo de arriba. 

Las imágenes, a simple vista, no parece más que un caos de luces verdes encendiéndose y apagándose. Pero los científicos, cuya investigación ha sido publicada en la revista Nature Neuroscience, aseguran que son capaces de detectar tendencias en las luces. "Podemos saber dónde está el raton en su cubículo simplemente mirando a las luces", dice Mark Schnitzer, uno de los investigadores del proyecto. 

Si el ratón se encuentra en una parte del habitáculo intentando escapar, una luz o grupo de luces concretas se iluminan. Si se va a otra parte del habitáculo, estas se apagan y se encienden otras luces.

"Es como si caminaras por tu oficina. Algunas neuronas se encienden cuando te acercas a la mesa, otras cuando estás cerca de la silla. Así es como el cerebro hace un mapa del espacio", explica Schnitzer.

Este avance podría aplicarse para estudiar tratamientos contra enfermedades neuronales. Por ejemplo, si se detecta que una neurona deja de iluminarse, sea por muerte natural o por una enfermedad, los investigadores podrían aplicar diferentes tratamientos experimentales para intentar reactivarla. 

Este mismo sistema no se puede aplicar directamente a humanos, pero podría ser un punto de partida para desarrollar una herrmienta similar. Y quizás el primer paso ya está dado: los científicos del proyecto han formado una compañía para fabricar y comercializar la herramienta. [Stanford]