McLuhan. Imagen: Henri Dauman

Cierra los ojos y piensa en el cambio tecnológico que creas más importante para la sociedad. Es posible que hayas pensado en Internet. A fin de cuentas, es la era que vivimos. Sin embargo, en los 60 ya había un tipo que se imaginó nuestra realidad digital tal y como es hoy. Se llamaba Marshall McLuhan.

Sí, ni la televisión, ni la radio, ni el teléfono, ni los vuelos espaciales, hoy Internet es sinónimo de todo y cuesta imaginarse un mundo anterior donde no existía la World Wide Web.

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Retrocedamos en el tiempo hasta los años 50, con el boom de la televisión. En aquella época, la gente estaba alucinando con la “caja tonta”. La televisión de los años 50 sirvió como mero espectáculo para masas, pero también como generador de conciencias y corrientes bajo la equivocada suposición de que cualquier contenido de la televisión, al ser electrónico, de alguna manera superaba la membrana del pensamiento crítico que empleamos cuando leemos un libro. Dicho de otra forma, la tele se convirtió en un mantra, “ver” era sinónimo instantáneo de creer.

En este ambiente apareció la figura de Marshall McLuhan y casi automáticamente se convirtió en la gran estrella de los medios de comunicación. McLuhan, profesor canadiense de literatura inglesa, actuó como una especie de gurú. No en vano, hoy es reconocido como uno de los fundadores de los estudios sobre los medios.

El profesor fue el hombre que dijo que el quid de gran parte de la tecnología, por ejemplo la televisión, no era el contenido de los programas que se estaban viendo. Más bien, lo que importaba era simplemente el hecho de que estuvieras viendo la televisión. Él fue el tipo que acuñó la famosa sentencia “el medio es el mensaje”.

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Es posible que los medios te cambien por su propia existencia como venía a decir el profesor. Lo hacen en niveles fundamentales porque te obligan a favorecer ciertas partes de tu cerebro sobre otras. Para nosotros, en el 2017, esto tiene todo el sentido.

Esa hora que pasamos en Facebook se produjo a expensas de alguna otra forma de usar nuestro cerebro, quizás con la televisión o leyendo libros, aunque lo cierto es que a medida que los libros y la televisión retroceden, cada vez aglutinamos más actividades a través de la web que sustituyen a los propios libros y a la caja tonta.

Marshall McLuhan. Wikimedia Commons

Incluso es posible que un día olvidemos de nuestra la mente la etapa pre-electrónica. No es tan descabellado pensarlo, Google nos hace cada día más tontos (bendita tontería), y también nos hace darnos cuenta de que la omnisciencia en realidad es un poco aburrida.

Sea como fuere, cuando hablamos de Marshall McLuhan no podemos obviar un momento histórico de lucidez. Se produjo en 1962, cuando escribió lo siguiente:

El nuevo medio, el que sea que venga, y puede ser la extensión de la conciencia, incluirá a la televisión como contenido, no como su medio. Una computadora como un instrumento de investigación y comunicación aumentaría la recuperación de información, haría obsoleta la organización masiva de las bibliotecas, recuperaría la función enciclopédica del individuo y la haría girar en una línea privada de datos comercializables rápidamente personalizados.

McLuhan en 1966. AP

Más tarde, a principios de 1979, el profesor acuñó el término “aldea global” que hoy todos reconocemos. Con ello describía la interconexión humana a escala global generada por los medios de comunicación electrónicos. Lo hacía en los siguientes términos:

En vez de dirigirse hacia una vasta librería de Alejandría, el planeta se ha convertido en un ordenador, un cerebro electrónico, exactamente como una pieza de ciencia ficción infantil. Y al exteriorizarse nuestros sentidos, el Gran Hermano se coloca en nuestro interior.

Así que, a menos de que seamos conscientes de esta dinámica, nos moveremos hacia una fase de terror y pánico, exactamente habitando un mundo pequeño de tambores tribales, interdependencia total y coexistencia superimpuesta.

Casi 30 años después de sus palabras del 62, aparecía un tal Tim Berners-Lee inventando la World Wide Web, aunque cuesta creer que la mente lúcida de McLuhan no tuviera algo muy parecido en mente muchos años antes. Por cierto, el profesor jamás criticó si los cambios que llegarían en el futuro serían buenos o malos, tan sólo los diagnosticaba. Me pregunto que opinaría hoy de ese “medio” que tenemos como mensaje. [Wikipedia, The Guardian, NiemanLab]