Cuando GTA III aterrizó en 2001, no fue solo otro juego más en las estanterías—fue una bomba que explotó en plena industria del videojuego. Rockstar Games cambió las reglas del juego, y lo hizo con descaro. Hasta entonces, eso del “mundo abierto” era más promesa que realidad. Pero con este título, de repente, todo era posible.
La acción se desarrolla en Liberty City, una versión sucia y desbordante de Nueva York, donde la ley es más sugerencia que norma. Ahí es donde aparece Claude—el protagonista mudo que no necesita hablar para dejar las cosas claras. Su novia le traiciona en pleno atraco, le pega un tiro y lo deja tirado. ¿Y qué hace él? Sobrevive. Y lo que es peor (o mejor, según se mire): planea su venganza.
A partir de ahí, se desencadena una escalada criminal que haría sonrojar a Tony Montana. Claude se va metiendo en todos los fregados: mafias, bandas callejeras, tráfico de todo lo que puedas imaginar... y todo ello con la ciudad como patio de juegos. Porque aquí no hay caminos marcados. Si quieres seguir la historia, adelante. Si prefieres robar un taxi y liarte a tiros con la poli por puro caos, también puedes.
GTA III no solo entretuvo: abrió una puerta que ya no se volvería a cerrar. Su mezcla de narrativa potente, ambientación de cine y libertad absoluta no solo atrapó a millones de jugadores—redefinió un género. Desde entonces, cualquier juego que presume de ser “mundo abierto” bebe, directa o indirectamente, de esta joya que lo cambió todo sin pedir permiso.
Y lo mejor de todo: lo hizo sin necesidad de pedir perdón.
¿Por qué debería descargar Grand Theft Auto III?
Este juego no se limita a entretener: abrió un agujero negro en la historia del videojuego y arrastró consigo a toda una industria. Y lo hizo sin pedir permiso. Si alguna vez te has cansado de que un juego te diga qué hacer, GTA III viene a romper ese molde con una sonrisa ladeada y un bate de béisbol en la mano.
Aquí no hay rutas predefinidas ni héroes con la moral impoluta. Eres Claude, un tipo que no dice ni una palabra, pero cuya venganza retumba más fuerte que una granada. Te han traicionado, te han dado por muerto… y ahora vas a moverte por Liberty City como quien se pasea por su propio cementerio de enemigos.
¿Y la ciudad? Una obra maestra del caos urbano. Liberty City no es un decorado: es un ecosistema sucio, lleno de personajes que te ignoran, te insultan o te aplauden según cómo decidas comportarte. Puedes pasarte horas sin hacer ni una misión, simplemente observando cómo respira la ciudad. Y de pronto—¡zas!—un atropello, una persecución, una explosión. Porque aquí todo puede pasar. Y suele pasar.
La jugabilidad es otro nivel. No estamos hablando solo de conducir, disparar o explorar—es la mezcla. Es esa sensación constante de que siempre hay algo esperando a ser hecho… o destruido. Y ojo con el sistema de búsqueda: cuanto más la lías, más lo notas. La policía no es decorado, es una presencia constante que escala contigo. Primer nivel: te siguen. Quinto nivel: helicópteros, barricadas, el fin del mundo.
Y si te van los clásicos, estás de suerte. Jugar a GTA III hoy es como ver Pulp Fiction en pantalla grande: sigue teniendo magia. La versión remasterizada conserva el alma intacta, pero con un lavado de cara que entra como un tiro.
Así que sí, podrías seguir jugando a lo mismo de siempre. O podrías bajarte GTA III y perderte en una ciudad donde las reglas existen solo para ser violadas.
Tú decides.
¿Grand Theft Auto III es gratis?
No, y tampoco lo pretende. GTA III no es uno de esos juegos que se regalan por ahí como si nada. Aquí hay historia, hay legado… y sí, también hay un precio. Si quieres recorrer las calles de Liberty City, tocará pasar por caja. Puedes hacerte con él en Steam, en el Rockstar Games Launcher o en las tiendas de apps si lo vas a jugar en móvil.
Ahora bien, si eres de los que están siempre al acecho de gangas, que sepas que a veces lo incluyen en packs o suscripciones. Un día te levantas, entras en tu cuenta y—sorpresa—GTA III aparece ahí, esperándote como quien no quiere la cosa. Cosas que pasan cuando los planetas (y las ofertas) se alinean.
Además, el juego no se presenta solo. Lo puedes encontrar en varias versiones: la clásica, para nostálgicos sin remedio, o la remasterizada, con gráficos renovados y el rostro actualizado, dentro de The Trilogy – The Definitive Edition. Una edición que huele a coleccionista aunque no lo seas.
¿Con qué sistemas operativos es compatible Grand Theft Auto III?
Más fácil sería preguntar dónde no se puede jugar. Porque este clásico se ha colado en casi todo: empezó en PlayStation 2, se fue de gira por Xbox y PC, y con el tiempo terminó invadiendo móviles, tablets y hasta la Nintendo Switch. Como un buen hit noventero: suena igual de bien en todas partes.
Hoy en día puedes disfrutarlo en PS4, PS5, Xbox One, Xbox Series X/S, Switch, PC, macOS, iOS y Android. Vamos, que si tienes un aparato que se encienda, probablemente puedas jugar a GTA III. Eso sí, la versión original necesita algo de “ingeniería vintage” para que funcione bien en sistemas modernos. Pero para eso están los foros, ¿no?
La edición definitiva, en cambio, ya viene lista para usar: mejoras gráficas, rendimiento fluido y sin necesidad de trastear con configuraciones eternas. Es como volver a un sitio que conoces, pero con mejores luces, mejor sonido… y sin los bugs de hace 20 años.
¿Qué otras alternativas hay además de Grand Theft Auto III?
No hay duda de que GTA III marcó época. Pero si ya lo exprimiste o simplemente te apetece otro tipo de caos digital, hay vida (y crimen) más allá de Liberty City. Y no, no hablamos de copias sin alma: estas tres propuestas tienen carácter propio, y lo demuestran desde el minuto uno.
Así empieza Mafia: The City of Lost Heaven. Lo que parece un día más al volante en los años 30 se convierte en una inmersión brutal en el mundo de las familias mafiosas. Nada de tiroteos sin sentido ni misiones aleatorias—esto va de estilo, de clase, de una narrativa cuidada al detalle. Mafia no solo recrea una época, la vive. Las persecuciones se sienten reales, los diálogos podrían estar sacados de una peli de Scorsese, y cuando disparas… no es porque sí. Es porque hay una historia detrás que te arrastra. Si buscas una experiencia con más pausa y más peso narrativo, ya estás tardando.
Sleeping Dogs no es solo un juego: es una patada voladora a lo previsible. Aquí no disparas primero—te ensucias las manos. Lucha callejera con estilo, conducción a lo Fast & Furious y una historia de infiltración que no se anda con rodeos. Es como si un thriller policiaco y una peli de Jackie Chan hubieran tenido un hijo. A diferencia de GTA III, donde muchas veces el conflicto se resuelve con el gatillo, aquí se resuelve con técnica, reflejos y unos combos que te dejan temblando (tú o el rival). Además, su mundo, aunque más compacto, está lleno de sorpresas, giros y personajes que no se olvidan.
Ahí entra Watch Dogs 2, que cambia pistolas por portátiles y te lanza de cabeza al mundo del hackeo. San Francisco es tu patio de juegos, y tú eres el que mueve los hilos—literalmente. Semáforos, drones, cámaras de seguridad, coches, alarmas... todo puede ser tu arma. Mientras GTA III te invita a romper las reglas, Watch Dogs 2 te permite reescribirlas. Es ágil, visualmente rompedor y con un enfoque que se aleja del típico “golpea y corre”. Aquí se trata de pensar, de infiltrar, de colarte donde nadie te espera.