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Ciencia

El CO₂ bajo el mar: así funciona la primera planta comercial de almacenamiento en Noruega

El proyecto Northern Lights, liderado por Equinor, Shell y TotalEnergies, inauguró la primera instalación del mundo que entierra dióxido de carbono en el lecho marino del Mar del Norte. Con capacidad inicial de 1,7 millones de toneladas anuales, promete mitigar emisiones industriales, aunque enfrenta críticas por su costo y eficacia real.
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Por primera vez, un depósito geológico submarino almacena dióxido de carbono a escala comercial. El consorcio Northern Lights inyectó CO₂ en un acuífero salino a 2,6 kilómetros de profundidad, en la costa de Noruega. Este hito en la gestión climática replica procesos naturales que retienen petróleo y gas durante millones de años, y se perfila como un modelo de negocio para la descarbonización de la industria. Sin embargo, no está exento de controversias y dudas sobre su viabilidad.

Cómo funciona el almacenamiento en el Mar del Norte

El proceso comienza con la captura del CO₂ en las chimeneas industriales. Tras ser comprimido y licuado, se transporta en buques cisterna hasta la terminal de Øygarden, donde se guarda en tanques criogénicos. Desde allí, un ducto de 110 km lo conduce a formaciones porosas bajo el lecho marino, selladas por capas impermeables de roca.
A esa profundidad, el gas alcanza un estado supercrítico que lo mantiene atrapado de manera estable y permanente, replicando el modo en que la naturaleza retuvo hidrocarburos durante eras geológicas.

Un hito con apoyo estatal y alcance europeo

Con una capacidad inicial de 1,7 millones de toneladas anuales, y planes de expansión a 5,5 millones hacia 2030, Northern Lights se convierte en pionero de la tecnología de captura, transporte y almacenamiento de carbono (CTC). El proyecto cuenta con respaldo financiero del Estado noruego y contratos con industrias como Heidelberg Materials, Yara y Ørsted, entre otras.
La estrategia es simple: transformar a Noruega en un hub europeo de gestión de carbono, ofreciendo a empresas la posibilidad de pagar por almacenar sus emisiones.

Críticas y controversias

El coste elevado y la dependencia de subsidios limitan, por ahora, la adopción masiva. Para muchos sectores resulta más barato adquirir permisos de emisión que invertir en infraestructura de captura.
Además, voces como la del profesor Mark Jacobson (Universidad de Stanford) sostienen que la CTC es una distracción impulsada por las petroleras: consume demasiada energía y desvía recursos de la transición hacia renovables. “¿Por qué usar energía limpia para limpiar la suciedad de los fósiles, en lugar de reemplazarlos?”, cuestiona.

El futuro del carbono capturado

Pese a las dudas, la industria avanza. Más de 130 proyectos de captura están en marcha en todo el mundo. El CO₂ almacenado no solo puede enterrarse, también aprovecharse en combustibles sintéticos, concreto más resistente, bebidas carbonatadas o incluso diamantes artificiales.
Northern Lights marca un precedente: prueba que la gestión de carbono puede hacerse a gran escala. Aunque no es la solución definitiva, podría ser un complemento clave mientras la transición energética global avanza demasiado lenta para frenar el calentamiento.

Fuente: Meteored.

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