La Casa Blanca ha fijado el final de 2030 para proteger el intercambio de claves de sus sistemas de mayor valor y el final de 2031 para reemplazar sus firmas digitales, mientras impulsa un ordenador cuántico destinado a superar capacidades científicas clásicas.
En febrero de 2024, un ataque de ransomware contra la plataforma Hipocrate paralizó parte del sistema sanitario rumano. Más de cien hospitales quedaron desconectados o sin acceso normal a sus herramientas digitales. Para seguir atendiendo pacientes, médicos y enfermeros tuvieron que recuperar un método básico: escribir todo a mano.
Los ordenadores cuánticos todavía no pueden romper la criptografía que usamos todos los días, pero la transición ya empezó. El NIST aprobó estándares postcuánticos y algunas herramientas actuales permiten proteger archivos, contraseñas y conversaciones con métodos más resistentes a la próxima generación de ataques.
Meta pausó un programa interno que registraba actividad en los ordenadores de sus empleados para entrenar modelos de inteligencia artificial. La compañía asegura que era una iniciativa con salvaguardas de privacidad, pero un fallo dejó datos sensibles accesibles dentro de la empresa y reabrió una vieja pregunta: cuánto se puede confiar en Meta cuando habla de privacidad.
La combinación de datos experimentales, cálculos teóricos y pruebas de laboratorio permitió identificar un catalizador que necesita menos energía y resiste mejor las condiciones ácidas de los electrolizadores PEM.
Morgan Stanley espera ahora que China envíe 50.000 robots humanoides en 2026, casi el doble de su previsión anterior. La clave no está en los hogares, sino en fábricas, logística, tiendas y servicios comerciales, donde los robots empiezan a pasar de la demostración al uso real.