Estados Unidos acaba de reconocer que ya tiene “armas de control espacial” en órbita. No está solo: 13 países desarrollan tecnologías capaces de interferir, perseguir o directamente destruir satélites.
Los drones que arrojan termita sobre trincheras parecen ciencia ficción, pero responden a un patrón muy antiguo. En cada gran guerra aparece una tecnología que obliga al soldado a reaprender, casi de un día para otro, cómo seguir vivo.
Un nuevo análisis de Bloomberg Intelligence muestra hasta qué punto China ha acelerado en inteligencia artificial: la distancia entre sus mejores modelos y los estadounidenses pasó del 15 % al 3 % en menos de un año.
No hay ningún doctor en la sala.
“No hacer daño a un humano” parece una instrucción perfecta hasta que hay que convertirla en software. Ochenta años después, la industria sigue intentando resolver exactamente el problema que las historias de Asimov demostraban que esas tres frases no podían solucionar.
Los prompts internos del agente de IA de Meta muestran que puede crear una “página” para cada persona importante en la vida del usuario. Amigos, familiares o compañeros pueden terminar perfilados aunque nunca hayan utilizado Muse.