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Mundo

Bajo una de las capitales más influyentes del mundo existe una ciudad que casi nadie ve. Durante décadas hasta un millón de personas han vivido en este laberinto subterráneo

Debajo de una gran metrópoli se extiende una red de túneles y espacios improvisados que ha dado lugar a una auténtica ciudad oculta. Allí, miles de personas han construido una vida al margen de la superficie, en un entorno marcado por la necesidad, la historia y una sorprendente capacidad de adaptación.
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Bajo las calles de una de las ciudades más poderosas del planeta se esconde un mundo del que pocos hablan. Nacida como un proyecto militar en plena Guerra Fría, esta red subterránea se convirtió con el tiempo en un refugio para quienes no podían afrontar la vida en la superficie. Lo que comenzó como defensa se transformó en vivienda, y lo que parecía provisional se volvió parte del paisaje urbano invisible.

El nacimiento de un refugio bajo tierra

La ciudad subterránea que no verás en los mapas: el lado oculto de una gran capital
© YouTube.

Durante los tensos años de la Guerra Fría, China temía un posible ataque nuclear por parte de la Unión Soviética. Como respuesta, Pekín fue escenario de una ambiciosa obra subterránea: Dìxià Chéng, conocida también como “The Dungeon”.

Construida entre las décadas del 1960 y 1970 por más de 300.000 civiles, esta ciudad bajo tierra abarcó unos 85 km² con profundidad de hasta 18 metros. Su objetivo era proteger al 40% de la población capitalina. El sistema incluía unos 10.000 búnkeres, cientos de accesos secretos, pozos de agua y más de 2.300 conductos de ventilación. Todo estaba pensado para sostener la vida humana bajo tierra durante un ataque nuclear.

Del refugio militar a la ciudad de los invisibles

La ciudad subterránea que no verás en los mapas: el lado oculto de una gran capital
© YouTube.

Con el fin de la Guerra Fría, las instalaciones subterráneas perdieron su función original, pero no su utilidad. A medida que los precios de la vivienda en Pekín subían, miles de personas comenzaron a ocupar estos espacios. Durante los años 80 y 90, los búnkeres se transformaron en viviendas informales, hostales y pequeños comercios.

En su momento más crítico, más de un millón de personas vivieron en esta ciudad invisible. Por las condiciones precarias, sin luz natural ni espacio suficiente, se les dio el apodo de “tribu de las ratas”. Algunas habitaciones llegaban a albergar hasta diez personas.

En el año 2020, las autoridades chinas prohibieron el uso residencial de estos refugios, pero muchas personas continúan viviendo allí por necesidad. Actualmente, hay iniciativas de arquitectos y diseñadores que buscan transformar estos espacios para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

La ciudad bajo Pekín es más que un vestigio del pasado: es una historia viva de adaptación, lucha y silencio bajo una de las urbes más vigiladas del planeta.

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