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Cómo un vendedor de biblias convenció al mundo de que olemos mal
Por fin ha llegado el momento de presentar el trabajo ante una sala abarrotada de gente. Ese día sales de casa con prisa, muy nervioso. Mientras esperas tu turno comienza a correr un sudor frío por todo el cuerpo. Y de repente te acuerdas, te has olvidado ponerte desodorante. Apestas y ya no hay marcha…
Por Miguel Jorge