Una de las mayores novedades del iPad Pro de 9,7 pulgadas que acaba de presentar Apple es una tecnología llamada True Tone Display que ajusta la temperatura de color de la pantalla en función de la luz ambiental. Así funciona.

Generalmente, solo los buenos monitores de PC permiten calibrar la temperatura de color. Bajo este nombre tan peculiar se oculta el “tinte” que ofrece una fuente de luz y que se mide en grados kelvin aunque no tenga nada que ver con el calor o el frío.

La temperatura de color es lo que hace que percibamos una fuente de luz como más azulada o más amarillenta, pero esa percepción es muy relativa y depende en gran medida del color de la luz ambiental. Si hablamos de pantallas, no es lo mismo mirar un display bajo una luz de neón, que bajo la del sol o la de una bombilla cálida del salón.

Lo que hace True Tone Display es precisamente equilibrar este valor en función de la luz ambiental, o sea, calibrar la pantalla de manera automática como si usáramos un costoso calibrador para monitor. Bajo la pantalla, el nuevo iPad Pro tiene una lámina de sensores que miden la intensidad y la temperatura de color de la luz ambiental. Después, ajustan la temperatura de color de la pantalla y su brillo en consonancia.

¿Es importante? Sí y no. No es algo que vaya a hacer que nadie (salvo quizá un diseñador gráfico profesional) decida comprar un iPad Pro por encima de otra tableta. Lo bueno de True Tone Display es que hace que los colores sean mucho más reales independientemente de la luz ambiental y, en general, hace que mirar la pantalla canse menos la vista y sea más natural. Es una de esas pequeñas cosas que por sí solas no marcan la diferencia, pero que en cuestión de meses las veremos replicadas por otras marcas en otros dispositivos, como pasó con Force Touch.


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