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Ciencia

El Gran Colisionador de Hadrones se apagará durante varios años y podría parecer el final de una era. En realidad es justo lo contrario: el CERN lo prepara para multiplicar su potencia y llevar la física a un nuevo nivel

El LHC entrará en su tercer gran apagón en 2026, una pausa que durará hasta 2030 y que permitirá transformarlo en una versión mucho más avanzada. Con el proyecto de alta luminosidad, el acelerador producirá hasta diez veces más colisiones y abrirá la puerta a descubrimientos que hoy aún no podemos anticipar.
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Desde fuera, apagar la máquina más compleja jamás construida puede sonar a retroceso. Pero en el CERN, detener el Gran Colisionador de Hadrones nunca ha significado parar. Todo lo contrario. Cada apagón ha sido, en realidad, un salto hacia adelante. Y el que comenzará en 2026 no será una excepción: será el más ambicioso de todos.

Una máquina que nunca ha dejado de evolucionar

El LHC no es solo el acelerador de partículas más grande del mundo. Es una de las infraestructuras científicas más complejas jamás construidas. Con sus 27 kilómetros de túnel enterrados a unos 100 metros bajo tierra, ha sido clave para algunos de los mayores avances de la física moderna, incluido el descubrimiento del bosón de Higgs en 2012.

Pero, como toda tecnología, tiene límites. Y en el CERN llevan años preparando la siguiente fase.

El tercer gran apagón no es un cierre, es una transformación

El Gran Colisionador de Hadrones se apagará durante varios años y podría parecer el final de una era. En realidad es justo lo contrario: el CERN lo prepara para multiplicar su potencia y llevar la física a un nuevo nivel
© Everett Collection / Cordon Press.

El llamado LS3 (Long Shutdown 3) comenzará oficialmente el 29 de junio de 2026 y se prolongará, según las previsiones actuales, hasta junio de 2030. No es el primero.

El LHC ya pasó por dos grandes parones anteriores (2013–2015 y 2018–2021), en los que se realizaron tareas de mantenimiento profundo y mejoras técnicas. Pero este será diferente. Más largo. Más complejo. Y más decisivo.

El objetivo: multiplicar la capacidad del LHC

La clave del LS3 es el proyecto HL-LHC (High Luminosity LHC), una versión mejorada del colisionador diseñada para aumentar de forma radical su rendimiento. La palabra importante aquí es luminosidad. No se trata solo de energía, sino del número de colisiones que se pueden generar. Y en este caso, el objetivo es claro: multiplicarlas por diez.

Para lograrlo, será necesario instalar nuevos imanes superconductores más potentes, rediseñar partes críticas de la infraestructura y mejorar los sistemas de detección.

Más colisiones, más datos… y más precisión

Este salto no es solo cuantitativo. También es cualitativo. Con más colisiones, los detectores (como ATLAS, CMS, LHCb o ALICE) podrán realizar mediciones mucho más precisas de las partículas y sus interacciones.

Eso permitirá explorar fenómenos que hasta ahora estaban fuera de alcance: pequeñas desviaciones en teorías conocidas, partículas raras o incluso pistas de nueva física más allá del modelo estándar. En términos simples: más colisiones significan más oportunidades de descubrir algo inesperado.

El LHC se apaga, pero la ciencia no se detiene

El Gran Colisionador de Hadrones se apagará durante varios años y podría parecer el final de una era. En realidad es justo lo contrario: el CERN lo prepara para multiplicar su potencia y llevar la física a un nuevo nivel
© CERN.

Hay un detalle que suele pasarse por alto. Aunque el LHC deje de funcionar temporalmente, el trabajo no se detiene. Los experimentos realizados durante años han generado cantidades enormes de datos que aún están lejos de ser completamente analizadas. Durante el apagón, miles de científicos seguirán trabajando con esa información.

De hecho, muchos de los descubrimientos más importantes no ocurren en el momento de la colisión, sino años después, al analizar los datos con nuevas herramientas o enfoques.

Una comunidad científica a escala global

El CERN no es solo una instalación. Es una red global. En torno al LHC trabajan directamente miles de personas, pero el ecosistema completo incluye a más de 14.000 científicos de más de 100 países. Universidades, centros de investigación y equipos distribuidos por todo el mundo dependen de sus datos.

El apagón, en ese sentido, no es una pausa colectiva. Es una redistribución del trabajo.

El futuro ya se está diseñando más allá del LHC

Mientras el LHC se prepara para su nueva versión, el CERN ya está mirando más allá. El candidato a sustituirlo es el Future Circular Collider (FCC), un proyecto que triplicaría el tamaño del LHC con un túnel de 91 kilómetros y profundidades de hasta 400 metros.

Si se aprueba, marcará la siguiente gran etapa de la física de partículas. Pero antes de eso, el HL-LHC tiene una misión clara: exprimir al máximo el potencial de la máquina actual.

Un apagón necesario para avanzar

Puede parecer contradictorio, pero en ciencia, a veces avanzar implica detenerse. El tercer gran apagón del LHC no es el final de nada. Es el paso necesario para que la máquina siga siendo relevante en las próximas décadas. Porque en el fondo, el objetivo no ha cambiado.

Entender mejor cómo funciona el universo. Y para eso, incluso la máquina más poderosa del mundo necesita, de vez en cuando, parar… para volver mucho más fuerte.

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