Foto: USS Gerald Ford (AP Images).

El presidente Donald Trump se encontraba el pasado 2 de marzo a bordo del USS Gerald R. Ford (que costó 13.000 millones de dólares) para promover sus planes de incrementar el presupuesto en materia militar. Trump dijo a la audiencia que vendrán más portaaviones como este, y serán inigualables.

No obstante, algo muy importante que olvidó mencionar es que esos portaaviones, por más atrevidos y amenazadores que parezcan, son muy susceptibles ante los ataques.

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El Pentágono está fallando al no a construir cosas aptas para las guerras modernas. Creer que necesitamos un gran número de portaaviones es pensar cómo en los días de la Segunda Guerra Mundial, cuando los Estados Unidos tenían un gran acceso a los océanos del mundo y nuestros rivales no podían defenderse contra la presencia náutica superior de la Armada.

Los portaaviones estadounidenses son costosos y bastante vulnerables ante el fuego enemigo. China y Rusia, los rivales más poderosos de Estados Unidos, han estado construyendo armas precisas y sofisticadas durante décadas como el misil supersónico P-700 Granit, el cual está especialmente diseñado para atravesar las defensas de los portaaviones estadounidenses.

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El P-700 existe desde la década de 1980 y consiste en un sistema de muchos misiles disparados uno tras otro. Si disparan de cuatro a ocho misiles formarán una red que decidirá por sí sola cuál de ellos tendrá como prioridad atacar el objetivo principal (por ejemplo, un portaaviones).

El misil que designado a ese objetivo volará a una mayor altura guiando a los otros. Si este misil es derribado por las defensas enemigas, otro lo reemplazará y será el nuevo encargado de atacar el objetivo principal.

Foto: USS Gerald Ford (AP Images).

Derribar un grupo de ocho misiles que se sacrifican uno a uno suena como algo fácil de hacer, hasta que te percatas de que se desplazan a una velocidad de Mach 1.6 (casi 2.000 kilómetros por hora). Además, el P-700 cuenta con suficiente potencial para hacer bastante daño, como explica el periodista experto en materia militar Kyle Mizokami en un artículo para The National Interest:

“El P-700 es un misil enorme diseñado para destruir navíos de gran tamaño. Tiene unos 10 metros de largo y casi un metro de ancho y pesa casi 7 toneladas, lo que incluye una gran cantidad de combustible que le permite viajar a una velocidad de Mach 1.6 por hasta 660 kilómetros de distancia.

El misil puede estar equipado con más de 700 kilogramos de explosivos (suficiente para hacer mucho daño a un portaaviones) o con una cabeza nuclear de 500 kilotones (suficiente para desintegrar por completo cualquier navío). Los misiles obtienen sus datos de navegación desde un sistema de vigilancia espacial que puede identificar grupos de buques de batalla desde el espacio.”

Estos misiles han formado parte de las fuerzas navales de Rusia desde hace décadas. Los sistemas de misiles modernos, como el BrahMos, se desplazan a un doble de velocidad y son aún más letales.

Asumamos por un momento que el P-700 o el BrahMos no son capaces de superar las medidas defensivas de los portaaviones estadounidenses, como los sistemas de misiles RIM-162 Evolved Sea Sparrow, los señuelos RIM-116 o, si todo eso falla, los sistemas de armas de corto alcance Phalanx. Lo más práctico en este caso para un enemigo sería disparar torpedos desde un submarino. Lamentablemente, la Armada lleva años recortando el presupuesto de los sistemas antisubmarinos de sus navíos.

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En octubre de 2015, un submarino de tipo Proyecto 636 logró acechar al portaaviones USS Ronald Reagan desde las costas de Japón sin ser detectado durante más de medio día, y un submarino necesita mucho menos tiempo para destruir su objetivo.

El Proyecto 636 posiblemente acechó al Reagan como protesta a los ejercicios americanos que se llevaron a cabo durante los reclamos territoriales de Pekín sobre el sur del mar chino. Después de todo, China lleva años construyendo islas artificiales en estas aguas para apoderarse de ellas. El acercamiento de este submarino fue una prueba de que Pekín no le teme a la flota de portaaviones de la Armada.

Estados Unidos es el único país en el mundo que basa su estrategia naval en una flota de portaaviones, a pesar de sus vulnerabilidades. El Almirante Scott Swift, comandante de la flota estadounidense para el océano pacífico, mencionó en una entrevista con Reuters que es capaz de desplegar portaaviones a combate en un abrir y cerrar de ojos, aunque a su vez reconoce que las armas antinavíos han avanzado lo suficiente como para reducir su valor en batalla.

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Robert Gates, quien fuera secretario de defensa en el 2010, comentó y criticó en una conferencia de la Armada ese año que “construir un portaaviones de tipo Ford y equiparlo con aviones de combate moderno costaría entre 15.000 y 20.000 millones de dólares”.

“La necesidad de demostrar poder en los océanos del mundo nunca desaparecerá”, dijo. “Sin embargo, debemos considerar la enorme cantidad de buques que ya tenemos y el avance en materia de sistemas antinavíos que han desarrollado nuestros rivales. ¿Realmente necesitamos once portaaviones nuevos para los próximos 30 años, cuando ningún otro país tiene más de uno? Nuestros planes futuros deberían ajustarse a la realidad.”

La respuesta a esa pregunta de si necesitamos 11 nuevos portaaviones es, claramente, no (y Trump quiere 12).

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No obstante, eso no ha detenido a la Armada y al Congreso de apoyar sus proyectos e incentivar el gasto de miles de millones de dólares en navíos, los cuales tienen un gran riesgo de ser hundidos en batalla. Jerry Hendrix, un capitán retirado de la Armada y oficial del Departamento de Defensa, dijo a Reuters que el ataque de un misil antinavíos moderno supone un gran peligro para cualquier portaaviones.

Hendrix explica que un país rival puede desarrollar hasta 1.227 misiles antinavíos por el costo de cada portaaviones americano.

“El enemigo puede construir muchos más misiles que nosotros portaaviones por el mismo costo, y superar de esta forma nuestras capacidades defensivas”.

Foto: USS Gerald Ford (AP Images).

China, por ejemplo, se está expandiendo de una manera muy ofensiva en el sur del mar chino, una región bastante disputada. Steve Bannon, el aliado más importante de Trump, ha mencionado en varias ocasiones que estima que en el futuro Washington y Pekín podrían tener un conflicto bastante serio.

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Los chinos están preparados para algo así. Sus misiles balísticos antinavíos Dong Feng-21 tienen un alcance de 1600 kilómetros y pueden desplazarse hasta a 10 veces la velocidad del sonido, lo que los convierte en algo prácticamente imposible de detener. Según declaraciones oficiales, los submarinos de Tipo 032 de China pueden disparar misiles balísticos con la capacidad de enviar cabezas nucleares a lo largo del océano, lo que supone un riesgo enorme para nuestros portaaviones, especialmente si disparan varios a la vez.

La Armada asegura estar muy confiada en los radares de los nuevos portaaviones de clase Ford, los cuales pueden hacer seguimiento de los misiles DF-21 y desplegar su sistema de defensa para detenerlos antes de que lleguen al portaaviones. No está claro si un Ford puede escapar de un ataque de este tipo, pero un ejercicio de combate que se llevó a cabo en 2015 reveló lo vulnerables que son nuestros portaaviones en combate.

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Un pequeño submarino nuclear francés atravesó los puntos de defensa durante el ejercicio y logró hundir al US Theodore Roosevelt, junto ala mitad de los buques que lo escoltaban. Los resultados del ejercicio no hicieron mucho eco en las noticias, pero los chinos se enteraron del éxito de este submarino ante los portaaviones, como mencionan en The National Interest, algo que podría haberles confirmado sus vulnerabilidades.

Otro gran riesgo de los portaaviones se relaciona a nuevos submarinos que no dependen de energía nuclear, como los Tipo 039 de China o los Proyecto 677 de Rusia, los cuales se estima que son imposibles de detectar. Además, ni siquiera es necesario usar estos submarinos o misiles de lujo si atacan con una flota de botes pequeños.

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La mala noticia es que seguiremos desarrollando estos portaaviones, incluso conociendo sus vulnerabilidades. El USS Gerald Ford será sometido a pruebas de certificación el próximo verano y se espera que esté listo para otoño. A finales de año, Trump estará más cerca de tener esos 12 portaaviones que tanto desea.

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Si llegan a ser hundidos en un conflicto con Rusia o China (que nadie desea que sucedan), está por verse.


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