Los límites del crecimiento no puso una fecha exacta al fin de la civilización. Construyó varios futuros posibles y mostró que mantener indefinidamente la expansión material podía provocar un declive global durante el siglo XXI.
El Voynich lleva siglos burlándose de criptógrafos, lingüistas y algoritmos. Una nueva teoría no intenta leerlo, sino demostrar cómo pudo construirse para ser ilegible por diseño. No resuelve el enigma, pero sí cambia las reglas del juego. Y deja abierta una posibilidad inquietante: quizá no sea imposible.
La dilatación temporal no es una ilusión ni una licencia de la ciencia ficción. Los relojes atómicos, las partículas aceleradas y los satélites confirman que el tiempo transcurre de forma diferente según la velocidad y la gravedad.
La soledad no tiene una edad concreta ni aparece de un día para otro. Suele avanzar cuando disminuyen los vínculos significativos, dejamos de sentirnos comprendidos y las relaciones cotidianas comienzan a perder profundidad.
Lo que hace que la placa sea histórica no se ve en la imagen.
La imagen más profunda obtenida de Abell 3667 ha revelado un puente de estrellas arrancadas de sus galaxias. La estructura conecta los dos gigantes situados en el centro del cúmulo y conserva la huella de una colisión iniciada hace cientos de millones de años.