A las afueras de la ciudad eterna, donde el Tíber se funde con el mar, vive una comunidad que ha fascinado a los habitantes desde tiempos del Imperio romano. Pero ahora, algo está cambiando. Un estudio científico ha puesto al descubierto una serie de señales alarmantes sobre el bienestar de estos animales, que se ven envueltos en una lucha por sobrevivir.
Un pasado mitológico, un presente incierto
En la costa del Lacio, no muy lejos de Roma, residen alrededor de 500 delfines mulares que forman una colonia estable. Esta presencia no es nueva: antiguos mosaicos hallados en Ostia Antica ya representaban a estos cetáceos interactuando con los pescadores de la época. Hoy en día, sin embargo, los investigadores observan con preocupación que los “delfines capitolinos” están enfrentándose entre ellos de forma cada vez más agresiva.

Desde 2016, un equipo liderado por la Universidad La Sapienza ha documentado su evolución mediante más de 400 fotografías, analizando señales físicas en 39 ejemplares. Las conclusiones, publicadas en una revista científica en abril de 2025, dibujan un panorama inquietante.
Las cicatrices de una crisis ambiental
El 97 % de los delfines estudiados presentan enfermedades cutáneas posiblemente causadas por la contaminación. Muchos muestran heridas provocadas por redes de pesca y algunos han sufrido mutilaciones. Pero lo más llamativo es el aumento de marcas de mordeduras entre ellos, señal de un conflicto interno creciente.
Esta hostilidad parece estar relacionada con una escasez alarmante de alimento en el mar Tirreno central, a pesar de tratarse de una zona tradicionalmente rica en peces. La sobrepesca estaría reduciendo los recursos disponibles, empujando incluso a los pacíficos delfines a la confrontación.
Una lucha contra el hombre… y contra el entorno
La contaminación que arrastra el Tíber hasta el mar —restos industriales, desechos urbanos y tráfico marítimo— deteriora la calidad del agua y favorece la aparición de enfermedades en los animales marinos. A esto se suman las redes de pesca, que suponen un riesgo físico constante para los delfines.

Esta suma de factores está tensionando el ecosistema costero. Aunque los delfines nariz de botella son conocidos por su capacidad de adaptación, incluso ellos tienen un límite.
¿Aún estamos a tiempo de protegerlos?
Hoy por hoy, la zona donde habitan estos delfines no cuenta con medidas de conservación oficiales. Por eso, los científicos proponen la creación de un Sitio de Importancia Comunitaria (LIC), que permita salvaguardar tanto a la especie como al entorno marino que la sostiene.
No obstante, lograr esa protección requiere voluntad política y presión social. Los investigadores confían en que el creciente interés público por esta problemática impulse acciones concretas antes de que sea demasiado tarde.
Fuente: Meteored.