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Ciencia

Algunos productos comestibles fabricados con hongos mágicos no contienen psilocibina sino chatarra psicoactiva

El análisis de 12 comestibles de hongos mágicos halló que no tenían rastros de psilocibina, compuesto que se considera responsable de los efectos psicodélicos de la sustancia
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Si comiste algo hecho con “hongos mágicos” y experimentaste efectos psicodélicos, es probable que lo que leas aquí te sorprenda. Porque hay grandes probabilidades de que lo que comiste no contuviera psilocibina, el compuesto químico que les da el nombre de “mágicos” a estos hongos.

En un trabajo publicado el 11 de septiembre en JAMA Network Open, el equipo de investigadores informa que analizaron 12 chocolates y gomitas de hongos mágicos que se venden en Portland, y no hallaron rastros de psilocibina. Los comestibles contenían ingredientes no declarados, como cafeína, extracto de cannabis y psicodélicos sintéticos que no se habían sometido a los análisis reglamentarios.

“No encontramos compuestos de hongos de ninguna clase provenientes de ninguna especie”, le dijo a  Scientific American Richard van Breemen, coautor del trabajo y experto en ciencias farmacéuticas de la Universidad Estatal de Oregon.

Este ocultamiento en el etiquetado, sin controles, podría ser producto del entusiasmo que hay en torno al potencial uso de la psilocibina como tratamiento para una cantidad de afecciones de la salud mental, añadió Breemen en declaraciones de la universidad. Sin embargo, el estudio no ha avanzado lo suficiente como para que los expertos confirmen que ese es en realidad el caso.

“Toda nueva entidad en drogas requiere años de desarrollo para evaluar la eficacia y seguridad para uso humano. La exposición prematura a estos compuestos presenta significativos riesgos para la salud pública porque se desconoce su farmacología y toxicidad”, explicó.

EE.UU. y el furor por los hongos

En los hongos “mágicos” la psilocibina causa alucinaciones visuales cuando se la consume en cantidad suficiente. Se clasifica la psilocibina como droga Clase I, lo que significa que tiene “algo potencial de abuso sin uso médico actualmente aceptado para tratamientos en EE.UU., y carece de seguridad aceptada para su uso bajo supervisión médica”, según la DEA.

Hay varios estados que liberaron el uso de la psilocibina, buscando legalizar la droga. Es una tendencia que está extendiéndose por todo el país. En algunos, como Colorado, Nueva México y Oregon – donde los investigadores compraron los comestibles para su estudio – se permite el uso asistido de adultos bajo condiciones estrictas. Pero los canales legales son bastante costosos, ya que un sondeo reciente informa que el precio oscila entre los U$750 y los U$1.200.

“Hay muchas personas con gran curiosidad sobre estas sustancias”, le dijo a Scientific American Mason Marks, experto legal en psicodélicos de la Universidad de Florida, que no participó en este trabajo. “Y si estás en un estado como Oregón, donde está permitido, puedes ir a una tienda y comprar estos productos que son, o bien francamente ilegales, o están en un área de grises”.

Las razones equivocadas

Esos son los comestibles baratos y accesibles que compraron Breemen y sus colegas para analizarlos. Primero, el equipo envió las muestras a una agencia con permiso estatal, que certifica la calidad de la droga para los centros legales de psilocibina en Oregon. Lo sorprendente fue que los análisis revelaron que esos comestibles no contenían psilocibina.

Ya en el laboratorio los investigadores intentaron identificar qué era lo que contenían esos comestibles que decían ser de hongos mágicos. Mediante la química analítica encontraron que contenían ingredientes inesperados como compuestos de tetrahidrocannabinol (THC), principal ingrediente psicoactivo del cannabis.

El equipo identificó psilocina, compuesto natural en los hongos psicodélicos, en dos gomitas. Pero si la psilocina hubiera provenido de los hongos, habrían encontrado otros compuestos relacionados, y no fue así. Eso sugiere que la psilocina era sintética.

Y eso no fue todo. Algunas marcas también contenían agregados de “sindélicos” o psicodélicos sintéticos que imitan a los compuestos psicoactivos naturales. Sus efectos en la salud humana no se han estudiado por completo, añadió van Breemen, lo que hace que sea todavía más alarmante el hecho de que están ocultos en estos comestibles de fácil acceso.

“Se requieren avances en la química analítica para detectar nuevos psicodélicos sintéticos y otros adulterantes en productos de consumo”, dijo Breemen. Lo próximo, añadió, será que la ciencia “exponga a la luz las marcas y etiquetados engañosos, apoyando la validez de la ley y de las agencias regulatorias, asistiendo a los centros y hospitales de intoxicación cuando encuentran casos de sobredosis causados por compuestos desconocidos”.

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