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Ciencia

Alucinante revelación en el SETI: creen que tal vez haya llamadas perdidas de los extraterrestres y ahora argumentan por qué

Los investigadores que observan los cielos buscando señales de radio de los extraterrestres revisan su estrategia.
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Hay científicos que cazan señales de radio provenientes de cualquier forma de vida extraterrestre que pudiera existir allí afuera, y que tal vez intentan ponerse en contacto con nosotros. Ahora estos científicos se preguntan si algo podría haber interferido con su búsqueda.

En el instituto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) se llevó a cabo un nuevo trabajo de investigación, que publicaron sus autores. Han puesto a prueba la posibilidad de que el “clima espacial” pudiera haber interferido con emisiones extraterrestres premeditadas y fuertes para que se convirtieran en débiles señales de radio que por lo general el SETI deja pasar de lado por irrelevantes.

“Las búsquedas del SETI suelen optimizarse para hallar señales extremadamente angostas”, dijo Vishal Gajjar, astrónomo del Instituto SETI y autor principal del nuevo trabajo publicado el jueves último en el Astrophysical Journal de la Sociedad Astronómica de EE.UU.

Hay eventos astrofísicos naturales como la variación en la densidad de los plasmas energéticos que fluyen con el viento estelar, o erupciones estelares con carga elevada como las eyecciones de masa coronal, que podrían “ensuciar” una señal de radio en múltiples frecuencias, según indica el trabajo.

“Si la señal se ensancha debido al entorno de la estrella”, indicó Gajjar en declaraciones a la prensa, “puede pasar sin que podamos detectarla porque nuestro umbral es demasiado alto”. Gajjar y sus colegas ahora sospechan que esa sería la explicación del extraño “silencio de radio” que han documentado al buscar tecno firmas de radio provenientes de extraterrestres.

Para poner a prueba su hipótesis el SETI recurrió a los datos de algunas de las naves espaciales con mayor alcance de la historia, rastreando las emisiones de las sondas más antiguas como la serie Pioneer, la Helios 1-2 y el programa Viking entre otras, todas afectadas por el clima espacial de nuestro propio sistema solar.

Recalibrando con las tecno firmas humanas

Los primeros datos de las naves espaciales Mariner IV y Pioneer 6 de 1964 y 1965 respectivamente, muestran que sus emisiones en el rango de banda S de aproximadamente 2,3-gigahertz, han afectado frecuencias al emitirse a unos 6,26 millones de kilómetros del sol. Al analizar en detalle las señales de la Pioneer 6 en particular, confirmaron que este efecto de “ensanchamiento espectral”, según lo denominan en su trabajo, era más pronunciado durante las tormentas solares.

Los datos de las sondas Helios 1 y 2 – de 1974 y 1976 respectivamente, con destino a misiones orbitales en torno al sol – ayudaron a confirmar que las señales de radio más sucias correspondían a las emisiones de la nave en su mayor acercamiento al sol. El hecho de que las dos sondas Helios emitieran estas señales durante el mínimo solar (nivel de emisión más bajo de la energía del sol en su ciclo), respaldan el argumento del efecto del clima espacial.

Las emisiones de las sondas marcianas Viking de la NASA, ambas de 1975, junto a un extenso conjunto de datos de muchas otras transmisiones de sondas, revelaron que el efecto se disipa entre el sol y una distancia de unos 2 millones de kilómetros desde el sol. Luego el efecto se disipa a una tasa menor antes de pasar a ser mucho más gradual como tasa de pérdida del efecto del clima solar, a partir de los 6,95 millones de kilómetros del sol.

Toda esta información sobre cómo afecta el “ensanchamiento del espectro” según la distancia del sol a la que se emita, ahora podrá utilizarse para calibrar mejor las expectativas del SETI. Es decir que ahora cuentan con una guía primaria de cómo podrían ser las señales de radio extraterrestres según desde dónde se emitan.

El equipo del SETI además agrupó los datos según las emisiones fueran más cerca del máximo solar o el mínimo solar, en términos de emisión de energía. Ahora ya han iniciado la compleja tarea de traducir esos resultados a cálculos para estrellas de otros tamaños y densidades, como las enanas rojas M que son más débiles, más pequeñas y más frías que el sol que está en el centro de nuestro sistema solar.

“Al cuantificar de qué manera la actividad estelar puede modificar las señales, podemos diseñar búsquedas que sean más adecuadas a lo que en realidad nos llega aquí en la Tierra”, dijo Grayce C. Brown, del SETI, que también participó del trabajo. “Ya no nos centraremos sólo en lo que se podría transmitir, sino en cómo lo recibiríamos”.

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