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Australia combina galio y luz solar para extraer hidrógeno del agua de mar. Un avance que elimina dos obstáculos clásicos del hidrógeno verde

Investigadores de la Universidad de Sídney han demostrado un método para producir hidrógeno a partir de agua de mar sin recurrir a electricidad intensiva ni a procesos de purificación. El sistema, basado en galio activado por la luz, abre una ruta alternativa hacia combustibles limpios más accesibles.

La promesa del hidrógeno verde lleva años chocando con dos límites muy concretos: producirlo suele requerir mucha energía eléctrica y, además, casi siempre depende de agua previamente purificada. En un planeta donde el agua dulce es un recurso cada vez más tensionado, esa combinación no resulta precisamente ideal. Un equipo de investigadores en Australia acaba de presentar una alternativa que ataca ambos problemas de frente: obtener hidrógeno directamente del agua de mar utilizando solo luz solar y galio.

El trabajo, publicado en Nature Communications por científicos de la Universidad de Sídney, propone un sistema fotoquímico que evita la electrólisis convencional. En lugar de aplicar corriente eléctrica para romper las moléculas de agua, el método aprovecha una reacción superficial en un metal líquido activada por la luz. El resultado es hidrógeno liberado sin necesidad de consumir grandes cantidades de electricidad ni de tratar previamente el agua.

Un metal líquido activado por la luz

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© Pinterest.

El corazón del proceso es el galio, un metal con un punto de fusión inusualmente bajo que le permite pasar al estado líquido cerca de la temperatura ambiente. En ese estado, su superficie puede interactuar con el agua de una forma distinta a la de los electrodos sólidos clásicos. Cuando el galio entra en contacto con agua y se expone a la luz solar, se produce una reacción fotoquímica que rompe las moléculas de H₂O y libera hidrógeno.

Durante el proceso, el galio se transforma en oxihidróxido de galio, una fase intermedia que captura el oxígeno. Lo interesante es que esta transformación no es un callejón sin salida: el material resultante puede reducirse de nuevo para recuperar el galio original. En otras palabras, el metal actúa como un mediador químico que puede reutilizarse en ciclos sucesivos.

Eficiencia modesta, implicaciones grandes

En las pruebas de laboratorio, el sistema alcanzó una eficiencia máxima cercana al 13%. No es una cifra que vaya a competir mañana mismo con los mejores electrolizadores industriales, pero sí resulta notable para una prueba de concepto que prescinde de electricidad externa y de agua ultrapura. Los propios autores subrayan que el valor real del trabajo está en demostrar que existen rutas químicas alternativas para producir hidrógeno verde sin reproducir los cuellos de botella habituales.

Además, el método funciona tanto con agua dulce como con agua marina, algo que amplía de forma considerable su potencial de despliegue. En regiones costeras o con acceso limitado a agua potable, la posibilidad de utilizar directamente agua de mar reduce costes y tensiones sobre recursos críticos.

Un proceso circular con vistas a escalar

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© X / @ULTIMAHORAENX.

Otro de los puntos fuertes del enfoque es su carácter circular. El oxihidróxido generado tras la reacción puede reconvertirse en galio y volver a emplearse en el siguiente ciclo. Este reciclaje del material activo mejora la sostenibilidad del proceso y limita la generación de residuos químicos. En un contexto de transición energética, la circularidad de los materiales es casi tan importante como la fuente de energía utilizada.

El equipo australiano trabaja ahora en dos frentes: aumentar la eficiencia del sistema y diseñar un reactor de mayor escala que permita evaluar su comportamiento fuera del laboratorio. Pasar de una prueba de concepto a un prototipo industrial implica resolver problemas de durabilidad, estabilidad del material y gestión del hidrógeno producido, entre otros retos.

Hidrógeno verde: promesa y realidad

El hidrógeno sigue siendo uno de los grandes candidatos a “combustible del futuro”, especialmente para sectores difíciles de electrificar, como la industria pesada o el transporte de larga distancia. Sin embargo, su etiqueta de “verde” depende por completo de cómo se produzca. Métodos que consumen grandes cantidades de electricidad o agua dulce trasladan el problema a otro punto de la cadena.

La propuesta australiana no es una solución definitiva, pero sí un recordatorio de que el espacio de diseño tecnológico es más amplio de lo que a veces se asume. Explorar combinaciones poco convencionales —metales líquidos, luz solar directa, agua de mar— puede abrir vías inesperadas para abaratar y descarbonizar la producción de hidrógeno.

En el mejor de los casos, este tipo de avances no sustituirá a los electrolizadores tradicionales, sino que los complementará. En un escenario energético cada vez más diverso, contar con varias rutas tecnológicas para producir hidrógeno puede ser tan importante como elegir una sola “ganadora”.

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