El Castillo de Kukulkán en Chichén Itzá ha fascinado durante siglos a arqueólogos y visitantes de todo el mundo. Las leyendas sobre túneles, cámaras secretas y estructuras ocultas dentro de la pirámide alimentan la curiosidad colectiva. Ahora mismo, la ciencia apunta a despejar parte de ese misterio mediante un método revolucionario: la detección de partículas cósmicas para obtener imágenes del interior sin alterar la estructura.
Una mirada al pasado usando muones

El proyecto NAUM (Non-invasive Archaeometry Using Muons), liderado por la UNAM y en colaboración con la Universidad Estatal de Chicago y la Universidad Dominican, busca crear una “radiografía” del Castillo de Kukulkán. Los muones, partículas subatómicas que llegan a la Tierra desde el espacio, atraviesan materiales sólidos y permiten medir su densidad interna.
Al captar cuántos muones atraviesan la pirámide y en qué ángulo lo hacen, los científicos podrán determinar si hay espacios vacíos, cámaras ocultas o estructuras superpuestas. Esta técnica, no invasiva y de alta precisión, ya demostró su eficacia en otros monumentos históricos como la Gran Pirámide de Giza y en estudios geológicos de volcanes activos.
Tecnología espacial para resolver un misterio maya

Desde el siglo XIX, múltiples teorías han intentado explicar la estructura interna del Castillo: cámaras funerarias, túneles interconectados e incluso una pirámide dentro de otra, como muñecas rusas de piedra. Hasta ahora, la falta de métodos no destructivos impedía comprobar estas hipótesis.
Tras años de preparación, permisos y pruebas en Ciudad Universitaria, el detector de muones estará listo para operar en Chichén Itzá a partir del 12 de agosto. Durante seis meses, los científicos trabajarán en horarios sin turistas para captar datos detallados de cada capa interna de la pirámide.
Con la ayuda de partículas cósmicas, la arqueología se acerca a una respuesta largamente esperada. Si los resultados son concluyentes, Chichén Itzá podría reescribir parte de su historia sin mover una sola piedra.