Un tanque suele necesitar tres cosas para resultar peligroso: blindaje, movilidad y un cañón capaz de destruir aquello que tenga delante. Un grupo de investigadores chinos está imaginando algo bastante diferente: un vehículo que podría atacar objetivos situados a cientos de kilómetros sin utilizar pólvora para disparar.
La propuesta describe un blindado eléctrico de unas 60 toneladas que, en su versión más extrema, incorporaría un pequeño reactor nuclear de 10 megavatios y un cañón electromagnético de 50 megajulios. Este último aceleraría sus proyectiles hasta unos 3,5 kilómetros por segundo, equivalentes a 12.600 km/h, con un alcance teórico de hasta 450 kilómetros.
Pero hay una diferencia fundamental entre semejante descripción y tenerlo estacionado en un cuartel: el tanque todavía no existe.
El trabajo publicado en el suplemento de junio de Acta Armamentarii no anuncia un programa oficial para construirlo. Según el análisis de Janes, se trata de una investigación sobre cómo podrían encajar las necesidades energéticas de futuras armas dentro de las limitaciones de peso, volumen, protección y movilidad de un vehículo blindado.
Primero vendría el cañón eléctrico. El reactor nuclear tendría que esperar

Los investigadores del Inner Mongolia First Machinery Group, el Beijing Institute of Technology y un laboratorio estatal especializado en vehículos plantean avanzar por etapas. La primera llegaría alrededor de 2035. El vehículo seguiría utilizando un motor diésel de 1.500 caballos, pero combinaría volantes de inercia y supercondensadores para alimentar un railgun de 10 MJ. La propuesta calcula para esta configuración un alcance cercano a 150 kilómetros.
Hacia 2045, una segunda generación elevaría el arma a 20 MJ y, teóricamente, unos 300 kilómetros. Solo después aparecería la idea realmente radical: sustituir el sistema convencional por un reactor compacto refrigerado por metal líquido, de unos 10 MW, capaz de alimentar un cañón de 50 MJ. El estudio pretende encajar el reactor en un volumen extremadamente reducido y usar su enorme suministro energético para sostener tanto la movilidad eléctrica como los sistemas de alta potencia.
Un railgun no necesita explosivos para lanzar un proyectil
Un cañón electromagnético utiliza corrientes eléctricas gigantescas para generar campos magnéticos y acelerar un proyectil a lo largo de dos raíles conductores.
La idea está lejos de ser puramente teórica. La Marina estadounidense probó durante años prototipos de hasta 32 megajulios, capaces de lanzar proyectiles a velocidades de varios kilómetros por segundo. Pero aquellas pruebas también expusieron el gran enemigo de estas armas: conseguir suficiente energía, controlar las temperaturas y evitar que los propios raíles se degraden después de disparos repetidos.
Meter todo eso dentro de un tanque complica todavía más las cosas. No bastaría con miniaturizar un reactor. Habría que introducir protección radiológica, conversión energética, refrigeración, almacenamiento de electricidad y un arma capaz de sobrevivir a descargas enormes, todo ello sin convertir un vehículo de 60 toneladas en algo demasiado pesado o vulnerable. Y los 450 kilómetros tampoco proceden de disparos reales. Son proyecciones basadas en las prestaciones que debería alcanzar el sistema; convertirlas en una capacidad militar real exigiría además proyectiles capaces de mantener estabilidad y precisión a velocidades hipersónicas.
El tanque nuclear ya se imaginó una vez. Tampoco salió del papel

La idea tiene un antecedente curioso. Durante los años 50, Chrysler desarrolló para Estados Unidos el concepto TV-8, un extraño tanque cuya enorme torreta debía contener tripulación, armamento y planta motriz. Entre las opciones estudiadas llegó a contemplarse la energía nuclear.
Nunca pasó de la fase conceptual.
Setenta años después, la tecnología es completamente distinta, pero el dilema resulta parecido. Es posible diseñar sobre el papel un blindado con una cantidad de energía extraordinaria. Otra cosa es conseguir que sea seguro, manejable y útil en un campo de batalla.
Por ahora, por tanto, China no tiene un tanque nuclear capaz de disparar a 450 kilómetros. Lo que sí tiene es algo quizá más interesante: una hoja de ruta que muestra hasta qué punto el tanque del futuro podría terminar pareciéndose menos a un tanque y más a una central eléctrica con orugas.