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Ciencia

Científicos llevan 57 años haciendo un experimento insólito con un lago de Canadá. En 1990 cambiaron una sola cosa y el resultado desmontó una vieja idea

Lake 227 lleva más de medio siglo convertido en un laboratorio a escala real. Cuando los investigadores dejaron de añadir nitrógeno, esperaban una reacción del ecosistema. Las cianobacterias encontraron otra salida.
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En junio de 1969, un grupo de científicos llegó hasta un pequeño lago perdido entre los bosques del noroeste de Ontario, Canadá, y comenzó a hacer algo que en casi cualquier otro lugar estaría prohibido: echar nutrientes deliberadamente al agua semana tras semana.

El objetivo era convertir Lake 227, una masa de agua de apenas cinco hectáreas, en un gigantesco experimento. En lugar de estudiar las floraciones de algas dentro de botellas o acuarios, los investigadores querían saber qué ocurría cuando se manipulaba un ecosistema completo durante años.

El experimento no terminó después de una temporada. Tampoco después de diez años. Sigue activo más de medio siglo después y el IISD Experimental Lakes Area lo considera el experimento sobre un lago completo más largo del mundo.  Y una de sus pruebas más importantes comenzó en 1990, cuando los científicos decidieron retirar uno de los ingredientes.

Dejaron de echar nitrógeno. El lago siguió poniéndose verde

Científicos llevan 57 años haciendo un experimento insólito con un lago de Canadá. En 1990 cambiaron una sola cosa y el resultado desmontó una vieja idea
© IISD Experimental Lakes Area.

Durante los primeros cinco años, Lake 227 recibió nitrógeno y fósforo en una proporción de 12 a 1. Entre 1975 y 1989 redujeron considerablemente el nitrógeno, hasta que en 1990 dejaron de añadirlo completamente.

El fósforo, en cambio, continuó entrando al lago. La prueba era tan sencilla como importante. Si reducir el nitrógeno era suficiente para controlar la eutrofización, las floraciones deberían disminuir. Pero el agua continuó cubriéndose de algas año tras año. El experimento publicado posteriormente en Proceedings of the National Academy of Sciences siguió ese proceso durante 37 años y mostró por qué.

Al disminuir el nitrógeno disponible, algunas cianobacterias obtuvieron ventaja. Estos microorganismos son capaces de fijar nitrógeno atmosférico, incorporándolo al ecosistema aunque los científicos ya no lo estuvieran suministrando artificialmente.

En otras palabras, quitar el nitrógeno no necesariamente dejaba al sistema sin él: las propias cianobacterias podían conseguir parte de lo que necesitaban mientras continuara disponible el fósforo.

Más de medio siglo después, todavía siguen echándole fósforo

Científicos llevan 57 años haciendo un experimento insólito con un lago de Canadá. En 1990 cambiaron una sola cosa y el resultado desmontó una vieja idea
© Rebecca Garner.

Ahí aparece la conclusión que convirtió a Lake 227 en una referencia mundial. Para este lago, el fósforo por sí solo ha sido capaz de mantener una elevada biomasa de algas durante décadas, incluso sin nuevas aportaciones artificiales de nitrógeno. Investigaciones posteriores del mismo sistema han seguido observando ese comportamiento.

La influencia salió además del laboratorio natural. Los experimentos del Experimental Lakes Area contribuyeron a respaldar políticas destinadas a reducir el fósforo procedente de detergentes y aguas residuales en Norteamérica y otros lugares.

Eso no significa que el nitrógeno sea irrelevante en todos los lagos. La respuesta puede cambiar según el ecosistema, y estudios posteriores han seguido examinando cuándo controlar ambos nutrientes puede resultar necesario. Lo extraordinario de Lake 227 es que permite observar una misma pregunta durante décadas y a escala real, algo que los experimentos cortos difícilmente pueden reproducir.

De hecho, el ensayo continúa. En 2024, los investigadores realizaron 20 aportes semanales de fósforo, con 1,175 kilos en cada aplicación: 23,5 kilos durante la temporada. Al mismo tiempo siguieron midiendo temperatura, oxígeno, pigmentos de algas y química del agua.

Un experimento que lleva más tiempo que muchas carreras científicas

Lake 227 también ha permitido estudiar cadenas alimentarias, microorganismos, acumulación de nutrientes y, más recientemente, cómo el calentamiento interactúa con la eutrofización. Un estudio de 2025 encontró que el aumento de temperatura y el enriquecimiento de nutrientes pueden reforzarse mutuamente, haciendo más inestables las comunidades de algas.

El pequeño lago canadiense comenzó a recibir fertilizante cuando el Apolo 11 todavía no había llegado a la Luna. En 2026 sigue recibiéndolo. Y después de más de medio siglo, una de sus lecciones continúa siendo sorprendentemente simple: cuando un ecosistema dispone del nutriente que limita su crecimiento, eliminar otro puede no producir en absoluto el resultado que esperábamos.

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