Las ciudades son responsables de buena parte de las emisiones de dióxido de carbono que alimentan el cambio climático. Hasta ahora, la mayor parte de los cálculos dependía de inventarios basados en consumo de combustibles, producción industrial o datos económicos. Pero un equipo de investigadores internacionales logró ir más allá: midieron las emisiones urbanas directamente desde el espacio, usando el satélite OCO-3 de la NASA entre 2019 y 2023.
El estudio, publicado en AGU Advances, analizó las emisiones de 54 urbes clave, incluyendo Seúl, Nueva York, Los Ángeles, Róterdam, Chicago, Tokio, Nueva Delhi, Ciudad de México, Calcuta, São Paulo, Dubái, Roma, Río de Janeiro, Buenos Aires y Toronto. Aunque no se elaboró un ranking exhaustivo, los autores destacaron un contraste claro: Tokio es la ciudad con mayores emisiones absolutas, mientras que Róterdam registra las más bajas entre las estudiadas.
Diferencias con los inventarios convencionales

Los científicos compararon los resultados satelitales con dos de las principales bases de datos internacionales: EDGAR y ODIAC. Encontraron que, en promedio, los inventarios tienden a sobreestimar las emisiones en ciudades de Asia Central y del Sur, mientras que las subestiman en África, Oceanía, Europa y América del Norte.
Los números globales parecen coherentes porque los errores de unas regiones se compensan con los de otras, pero a nivel local las discrepancias llegan a ser del 45% en el caso de EDGAR y del 50% en ODIAC respecto de lo que mostró el satélite. En total, las 54 ciudades suman 1.735 millones de toneladas métricas de CO₂ al año, un volumen equiparable al de países enteros como Rusia o Japón.
El análisis también reveló que las ciudades norteamericanas emiten apenas 0,1 kilos de CO₂ por cada dólar de producción económica, mientras que las africanas llegan a 0,5 kilos por dólar. Esto indica que los centros urbanos con mayor desarrollo económico generan menos emisiones por unidad de riqueza producida.
Lo que dicen los datos satelitales sobre población y eficiencia climática
Un hallazgo particularmente relevante del estudio es la relación inversa entre tamaño poblacional y emisiones per cápita. En ciudades con menos de 5 millones de habitantes, las emisiones promedio alcanzan 7,7 toneladas de CO₂ por persona, mientras que en urbes de más de 20 millones bajan a apenas 1,8 toneladas. Dicho de otro modo: las megaciudades, a pesar de emitir más en términos absolutos, resultan más eficientes en emisiones por habitante.
Los investigadores atribuyen parte de estas diferencias a la densidad urbana y al aprovechamiento de infraestructuras compartidas. El resultado apunta a una paradoja: las ciudades gigantescas, que suelen verse como símbolos del consumo masivo, pueden ser más sostenibles por persona que urbes medianas menos densas.
Cómo midieron las emisiones desde el espacio

El satélite OCO-3 de la NASA permitió observar columnas de CO₂ sobre áreas urbanas con una resolución espacial de apenas 2,25 por 1,6 kilómetros y una precisión inferior a 1 parte por millón. Para verificar que los datos reflejaban actividades humanas, se incorporaron mediciones de dióxido de nitrógeno (NO₂) tomadas por el satélite europeo TROPOMI.
Este enfoque ofreció una visión inédita: no solo mide las emisiones desde arriba, sino que corrige variaciones diarias y mensuales, lo que mejora la exactitud frente a inventarios basados en estadísticas energéticas y económicas.
¿Qué pueden hacer las ciudades con estos datos?
Para los autores, la principal ventaja de este tipo de medición es su utilidad política y práctica. Los gobiernos locales y las agencias internacionales ahora disponen de una herramienta independiente para contrastar sus propios inventarios, identificar inconsistencias y ajustar estrategias de reducción de emisiones.
La información satelital también ayuda a separar factores económicos y demográficos en el análisis urbano. Saber que las emisiones por persona se reducen en ciudades más grandes, por ejemplo, abre debates sobre el papel de la densidad urbana en la lucha contra el cambio climático.
En definitiva, este avance aporta transparencia y precisión en un terreno clave: cómo medir y controlar la huella de carbono de las ciudades, responsables de buena parte de las emisiones globales.
[Fuente: Infobae]