Saltar al contenido
Ciencia

Un grupo de investigadores del MIT asegura que la física permite enviar información hacia el pasado mediante canales cuánticos. El problema es que hacerlo requeriría manipular el espacio-tiempo de una forma casi imposible

El nuevo estudio sobre curvas temporales cerradas y comunicación cuántica reabre uno de los debates más incómodos de la física moderna: si las leyes del universo realmente prohíben enviar mensajes al pasado. Los investigadores no construyeron una máquina del tiempo, pero sí demostraron que, desde el punto de vista matemático, ciertos canales cuánticos podrían permitir algo extremadamente parecido.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Hay ideas científicas que parecen imposibles incluso antes de empezar a explicarlas. Enviar mensajes al pasado es una de ellas.

Durante décadas, la relatividad de Einstein y la física cuántica convivieron con una tensión bastante incómoda alrededor del tiempo, la causalidad y los famosos viajes temporales. La mayoría de los físicos asumía que, aunque ciertas ecuaciones permiten soluciones extrañas, la realidad probablemente encontraría alguna forma de impedirlas. Pero un nuevo estudio del MIT acaba de volver a complicar bastante esa tranquilidad.

La investigación, liderada por Seth Lloyd y Kaiyuan Ji, propone que transmitir información hacia atrás en el tiempo podría ser matemáticamente posible utilizando sistemas cuánticos asociados a las llamadas curvas temporales cerradas. Y lo más extraño es que el trabajo no contradice directamente las ecuaciones de Einstein.

La relatividad general ya permitía algo parecido desde hace décadas

La idea central gira alrededor de las curvas temporales cerradas. En teoría, la relatividad general permite soluciones donde el espacio-tiempo podría deformarse hasta el punto de crear trayectorias que regresan al pasado. Sería como avanzar hacia adelante y terminar reapareciendo en un punto anterior de la propia línea temporal.

El problema es que construir algo así requeriría manipular cantidades absurdas de energía y deformar el espacio-tiempo a escalas prácticamente imposibles. Por eso el nuevo trabajo del MIT evita centrarse en construir “máquinas del tiempo” físicas y se mueve hacia otro territorio: la información cuántica.

La clave estaría en el entrelazamiento cuántico y no en mover objetos físicos

Cuando dos partículas quedan entrelazadas, sus estados permanecen conectados incluso si están separadas por enormes distancias. Ese fenómeno ya era suficientemente extraño para Einstein, que lo describía como una “acción fantasmal a distancia”. Pero algunos físicos fueron todavía más lejos y propusieron interpretaciones donde parte de esa correlación podría entenderse como una especie de intercambio temporal de información.

No existe consenso absoluto sobre esa lectura. Pero Seth Lloyd lleva años explorando precisamente ese tipo de posibilidades. De hecho, en 2010 participó en un experimento donde fotones entrelazados simulaban una curva temporal cerrada cuántica. El propio Lloyd describió aquello como “el equivalente a enviar un fotón unos nanosegundos hacia atrás en el tiempo e intentar que matara a su yo anterior”. La nueva investigación añade otra capa todavía más extraña.

El MIT descubrió que el “ruido” podría ayudar a comunicar con el pasado

Un grupo de investigadores del MIT asegura que la física permite enviar información hacia el pasado mediante canales cuánticos. El problema es que hacerlo requeriría manipular el espacio-tiempo de una forma casi imposible
© Unsplash / NASA Hubble Space Telescope.

El estudio analiza qué ocurriría si ese canal temporal cuántico no fuera perfecto, sino ruidoso. Algo parecido a una llamada telefónica llena de interferencias. Y ahí apareció el resultado más inesperado.

Aplicando herramientas de teoría de la información, los investigadores concluyeron que incluso con ruido la comunicación hacia atrás podría mantenerse funcional. Más aún: en algunos escenarios, esos canales temporales imperfectos podrían transmitir información de manera más eficiente que canales convencionales igualmente defectuosos.

La idea parece salida de ciencia ficción, aunque los investigadores intentan tratarla estrictamente como un problema matemático y físico. Y curiosamente, parte de la inspiración llegó justamente del cine.

Interstellar terminó apareciendo dentro de la discusión científica

Kaiyuan Ji explicó que una de las referencias conceptuales surgió del final de Interstellar. En la película, el personaje de Matthew McConaughey consigue enviar información hacia el pasado manipulando las agujas de un reloj. Según Ji, el punto interesante no era el dramatismo cinematográfico, sino la lógica de la codificación temporal. El emisor futuro recuerda cómo el receptor interpretó el mensaje y utiliza esa información para ajustar la forma de enviarlo.

Eso crea una especie de bucle donde el conocimiento futuro influye sobre la transmisión pasada. Suena paradójico. Y precisamente por eso fascina tanto a los físicos.

Nadie cree que vayamos a construir esto pronto… si es que alguna vez ocurre

Aun así, los propios investigadores y otros especialistas mantienen bastante cautela. Andreas Winter, físico de la Universidad de Colonia, recordó que no existe actualmente ningún mecanismo conocido capaz de permitir viajes temporales reales o señales hacia el pasado dentro del universo observable.

En otras palabras: el estudio demuestra una posibilidad matemática, no una tecnología realizable. Pero incluso así, el trabajo sigue siendo importante porque obliga a revisar cómo entendemos los límites entre información, tiempo y causalidad dentro de la física cuántica. Y quizá ahí esté lo más inquietante de todo.

Porque el MIT no acaba de decir que las máquinas del tiempo existan. Lo que está insinuando es algo mucho más incómodo para nuestra intuición: que las leyes fundamentales del universo quizá no prohíban completamente que el futuro influya sobre el pasado.

Compartir esta historia

Artículos relacionados