Un macaco inspecciona una hoja en Sulawesi, no del todo diferente de cuántos humanos leen un periódico.
El objeto pasará a unos 2,56 millones de kilómetros de la superficie terrestre durante la mañana del 27 de junio. No será visible a simple vista, pero un telescopio de 100 milímetros y una carta celeste actualizada permitirán seguirlo durante varias noches.
En uno de los paisajes más inhóspitos de la Tierra existe un refugio inesperado con vegetación, agua y un clima completamente distinto, diseñado para quienes trabajan bajo algunos de los cielos más extraordinarios del mundo.
La convocatoria está dirigida principalmente a creadores estadounidenses y contempla un acceso limitado a instalaciones, especialistas y materiales oficiales. Las propuestas deben presentarse antes del 30 de junio y asumir todos los costes de producción.
Investigadoras del CATA estudiaron las firmas espectrales del monóxido y el dióxido de carbono producidos por Roseovarius sp. y las incorporaron a modelos de atmósferas semejantes a la Tierra primitiva. El objetivo es aprender a reconocer metabolismos microbianos que podrían existir sin producir las señales clásicas asociadas con la vida.
Cada curva, caída y grito en una montaña rusa está cuidadosamente calculado. Detrás de estas experiencias extremas existe una combinación sorprendente de neurociencia, psicología y diseño sensorial que transforma el miedo en placer y convierte unos minutos de tensión en una sensación difícil de olvidar.
Pocos conocen al mamífero que posee los dientes más grandes del planeta. Su impresionante anatomía desafía la evolución, pero hoy enfrenta una amenaza que podría cambiar su destino para siempre.