La idea de que se libre una guerra en la órbita espacial ya no es un invento de la ciencia ficción. Las tecnologías y capacidad de lanzar satélites avanzaron rápidamente y las potencias militares ven cada vez más al espacio como el terreno más elevado de todos. Pero si la Tercera Guerra Mundial se sale de la Tierra, ¿cómo sería su inicio?
Gizmodo les preguntó a varios expertos cómo imaginan la primera semana de la Tercera Guerra Mundial en el espacio y aparentemente, las cosas podrían ponerse muy feas, y realmente rápido. Dijeron que los ciberataques, los ataques a satélites y los ataques a la infraestructura en Tierra llevarían a un caos logístico mundial, dejando las órbitas llenas de basura espacial.
Scott Shackelford
Profesor de leyes y ética de negocios, vicepresidente de investigación en la Universidad de Indiana-Bloomington. Experto en ciberseguridad y privacidad, ley internacional y relaciones internacionales, propiedad y sustentabilidad.
Lo que yo imagino de la primera semana de la Tercera Guerra Mundial en el espacio sería esto: las primeras 48 horas no comenzarían con un estallido sino más bien con problemas cibernéticos. Solemos hablar de la Internet del espacio, pero así como sucede en la web terrestre, lo primero que sucedería sería casi totalmente cibernético con el fin de desactivar y con proporciones asimétricas.
Habría ataques masivos y coordinados de DDoS (impedimento de servicio) sobre estaciones terrestres y manipulación sofisticada de señales GPS. Antes de lanzar un arma cinética, el objetivo sería dejar ciego al adversario. En la Tierra, el caos: se congelan las cadenas logísticas globales, se detiene el comercio de alta frecuencia, tu app de Uber – y los dones militares – de repente detectan que estás en el Océano Pacífico. Es decir que se crearía enseguida un caos global, dando lugar a la desconfianza y reduciendo tu nivel de seguridad en lo que hagas.
El tercer o cuarto día ya dejaría de tratarse de interferencias, y se pasaría a la disrupción, y las “zonas grises” legales y éticas que yo estudio se convertirían en el campo de batalla, literalmente. Veríamos el uso de armas de energía dirigida (láseres) confundiendo o cegando a los satélites de vigilancia y reconocimiento. Aquí, el mayor problema sería para el sector comercial.
En una guerra espacial moderna las compañías como SpaceX ya no son potenciales actores sino infraestructura militar esencial (SpaceX incluso tiene una infraestructura de escudos). La primera semana obligaría a una serie de preguntas legales: ¿Cuándo se convierte el ataque a un satélite privado en un acto de guerra contra la nación?
Si el conflicto escala al uso de misiles antisatélites para el día seis o siete, nos enfrentamos a una tragedia espacial a escala galáctica, porque un solo satélite que se destruya crea una nube de miles de proyectiles a alta velocidad.
Si la guerra espacial es “caliente”, nos arriesgamos al Síndrome de Kessler, que es una reacción en cadena de colisiones que dejarían inutilizables a algunas órbitas como la baja órbita terrestre, durante un prolongado período de tiempo. No estaríamos hablando sólo de una guerra sino de una prisión de esquirlas que rodea a nuestro planeta. Piensa en Wall-E, pero es mucho más deprimente. Gran parte de esa basura se quemaría poco después, pero lo que queda en las órbitas más elevadas crearía un problema mayor que el que ya tenemos.
Nos destacamos por ensuciar el espacio más rápido de lo que lo limpiamos y nuestros marcos legales internacionales – como el Tratado Espacial de 1967 – han quedado obsoletos en un mundo donde la “frontera final” se convirtió en un tiroteo.
Wendy Whitman Cobb
Experta en política espacial, centrada en la dinámica política e institucional de la política espacial, la opinión pública de la exploración del espacio y la influencia del comercio en potenciales conflictos espaciales.
La guerra en el espacio, ya sea en el contexto de la Tercera Guerra Mundial o en otra, está muy vinculada a la guerra en la Tierra. Nada de lo que se hace en el espacio tiene que ver con el espacio mismo sino con operaciones o ventajas terrestres. De modo que si hay una Tercera Guerra Mundial en la Tierra, con sus peligros existenciales a la supervivencia, en el espacio exterior sucederá algo similar.
Depende de qué países se involucren y qué capacidades posean, pero supongo que Estados Unidos, Rusia y China estarían en esa guerra y si es así, lo que podemos esperar son ataques a los activos que tienen en el espacio, como ataques anti-satélites que se originen desde la Tierra o la órbita, y ataques cibernéticos como el uso de láseres para atascar o cegar satélites, que quedarían desactivados temporal o permanentemente. También podría haber ciberataques a los sistemas de computación necesarios para operar los sistemas espaciales, junto con ataques en Tierra contra infraestructura espacial (estaciones de bajada de datos de satélites, instalaciones de lanzamiento, etc.).
El objetivo de estos ataques sería perturbar las operaciones en tierra e impedir a los grandes combatientes la capacidad de ver lo que está sucediendo para que no puedan comunicarse, o usar las cadenas tecnológicamente avanzadas que dependen de sistemas ubicados en el espacio para ubicar y destruir objetivos en la Tierra.
Como consecuencia, no sólo se interrumpirán los sistemas en el espacio, sino que potencialmente se dañaría el medio ambiente espacial, creando basura peligrosa que chocaría con los satélites y los destruiría o desactivaría. Si se usa un arma antissatélite nuclear, destruiría todos los satélites que estuvieran a su alcance.
Como resultado de eso, algunas órbitas o áreas en torno a la Tierra quedarán inutilizables debido a las nubes de basura. El peligro de crear basura dañina es un factor que pensamos que disminuye la posibilidad de un conflicto abierto en el espacio, pero si hablamos de la Tercera Guerra Mundial, no disuadirá a que se efectúen ataques y represalias que finalmente dejarían todos los sistemas del espacio inutilizados o con daños importantes.
La Tercera Guerra Mundial sería desastrosa para quienes estamos en la Tierra y, finalmente, también se reflejaría en el espacio exterior.
Peter W. Singer
Estratega, miembro del think-tank New America, profesor de práctica en la Universidad Estatal de Arizona y fundador y socio gerente de Useful Fiction LLC, compañía que se especializa en la narrativa estratégica. Su libro Ghost Fleet explora el futuro de la guerra y el espacio.
La fase inicial de un conflicto que se extienda al espacio probablemente implique batallas silenciosas en un plano donde la humanidad nunca antes ha luchado. Los satélites de los que dependen nuestra economía y sistemas militares serían el objetivo del ataque de otros satélites, cohetes, láseres y ataques cibernéticos. Pero a pesar de la naturaleza espectacular de la guerra en órbita, es probable que haya dos aspectos esenciales aquí en el planeta Tierra que determinarán quién ganará.
El verdadero centro de gravedad de las operaciones espaciales sigue siendo las estaciones terrestres, los nodos de fibra y los cables submarinos, y eso significa que el conflicto en el espacio también incluiría operaciones convencionales y fuerzas de tareas que ataquen infraestructura clave, con raids globales contra las redes terrestres.
Esa infraestructura es global, de modo que no solo se darían ataques en la región del conflicto sino en todo el planeta, en lugares como Sudamérica o el este de África o incluso la Antártida. El objetivo es quitarle al adversario sus ventajas en el espacio como el GPS, la medición del tiempo, las comunicaciones seguras, en el lugar de origen.
El segundo aspecto que determinaría quién gana en ese conflicto sería la capacidad de volver al espacio, y eso implica no solo la infraestructura de lanzamiento sino la producción e inventario de satélites. Si quieres ganar en el espacio, necesitas dominar cohetes reutilizables y tener una fuerte estructura logística de respaldo que te permita reponer rápidamente las constelaciones que fueron cegadas o destruidas.
El ganador en la guerra espacial no sería necesariamente el que tenga satélites más grandes o más caros, sino el que logre mantener sus vínculos terrestres y la cadencia de reposición orbital. No pienso en el espacio como un santuario estático, sino como un espacio dinámico de maniobras, donde la lucha en la Tierra determina el conflicto entre las estrellas.