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Ciencia

Confirmado: sí, ese colega tuyo que ama hablar en jerga corporativa es estúpido

Casi todos conocemos a alguno, y tus sospechas se confirman: los que aman la jerga corporativa no son los más inteligentes
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Si sospechas que tus compañeros de trabajo más motivados por los resultados o más centrados en el desempeño podrían ser los menos efectivos, o los más tontos, un nuevo estudio de Cornell valida tus sospechas.

Basándose en una batería de pruebas a más de 1.000 voluntarios que trabajan en oficinas, un psicólogo cognitivo de la Escuela de Artes y Ciencias de Cornell encontró un fuerte vínculo entre la opinión positiva de la persona sobre la basura corporativa (bullshit, en el artículo en inglés, o BS) y su pobre capacidad analítica. En un par de pruebas clave, por ejemplo, los más entusiastas por la basura corporativa tuvieron un peor rendimiento en las pruebas de toma de decisiones efectivas.

Y lo peor es que el nuevo estudio implica que hay un ciclo en que estos tontos a veces logran avanzar profesionalmente, por pontificar la basura más insípida.

“La basura corporativa es un estilo específico de comunicación que usa palabras confusas y abstractas de manera que no comunica nada en sentido funcional”, dijo el autor del estudio Shane Litrell, investigador de posdoctorado en psicología del departamento de gobierno de Cornell, en declaraciones a la prensa.

Litrell indicó que este tipo de lenguaje basura se diferencia de la verborragia igualmente densa y confusa que existe en entornos profesionales para ayudar a describir tareas e ideas complejas: “A diferencia de la jerga técnica que a veces simplifica la comunicación en la oficina, la basura corporativa confunde en lugar de aclarar. Puede sonar impresionante, pero semánticamente está vacía”.

Definir, refinar y validar toda la basura

Veamos cómo diseñó Littrell su estudio y metodología, según lo publicado el mes pasado en Personality and Individual Differences.

Su estudio consistió en cuatro pruebas interrelacionadas con un total de 1.018 participantes y buscaba confirmar la utilidad de su nueva Escala de Receptividad de Basura Corporativa (CBSR, en inglés). Ante todo, las afirmaciones basura se generaron seleccionando al azar palabras corporativas, y se probó su capacidad para copiar instancias del mundo real de discurso corporativo retorcido pero vacío en fundamentos. Luego se pidió a los participantes que calificaran esas declaraciones con cinco definiciones, desde “sin conocimiento de los negocios” hasta “gran conocimiento de los negocios”.

Se les pidió luego a los participantes, todos oficinistas, que calificaran varias declaraciones de misión corporativa, que documentaran lo “visionarios” que creían que eran sus jefes, y que calificaran distintas afirmaciones que utilizan los que hablan en “lenguaje corporativo general” que no es basura, según indicó Littrell en su trabajo. Se pidió a los participantes que resolvieran acertijos de “inteligencia fluida”, desarrollados por el proyecto internacional de Capacidad Cognitiva ICAR, un recurso gratuito desarrollado por investigadores de Cambridge, Universidad Northwestern y socios europeos.

En dos palabras, los fans de la basura corporativa no tuvieron buenos resultados en la resolución de los acertijos de inteligencia fluida, ni  alcanzaron métricas buenas en pruebas de pensamiento de mente abierta (la capacidad para considerar datos que contradicen tus creencias).

Las dos últimas pruebas eran idénticas para confirmar los resultados. Los participantes cuya receptividad a la basura corporativa ya se había categorizado efectivamente en la nueva escala CBSR de Littrell luego tuvieron que completar una serie de pruebas que evaluaban el criterio en la toma de decisiones. Son pruebas que han estado en uso desde hace décadas, al menos desde la Segunda Guerra Mundial, y que se fueron actualizando y forman parte de procesos de entrevistas a candidatos para empleos en firmas de abogados, organizaciones gubernamentales o otras organizaciones en que se requiere trabajo intelectual. Littrell también utilizó sus pruebas de multiple choice, tomadas de una selección aprobada por el ICAR.

La afición por la basura corporativa surgió como único predictor negativo en el rendimiento ante la toma de decisiones”, dijo Littrell. Son datos impactantes, lejos de la receptividad general hacia el discurso corporativo y otros marcadores de variables, y sugieren que a los que son incapaces de tomar decisiones les encanta el lenguaje basura corporativo.

Los resultados de este estudio son reveladores, pero hay que señalar que la literatura revisada por expertos ha criticado evaluaciones similares por tener un sesgo contra los grupos socioeconómicos inferiores y por favorecer a las mujeres por sobre los hombres. El estudio de Littrell se apoya casi exclusivamente en participantes voluntarios, lo que también podría dar lugar a sesgos y errores.

La montaña de basura corporativa

Según Littrell, el peso acumulado de todas estas pruebas muestra que hay un “ciclo preocupante” que es común a los mundos en los que gobierna la basura corporativa. “Los empleados que más probablemente adopten ese lenguaje basura podrían contribuir a que asciendan los líderes más disfuncionales, que tienen mayores probabilidades de usar ese lenguaje”, dijo el psicólogo cognitivo.

El problema podría estar creando un ciclo negativo. “En lugar de ser una marea que eleva a todos los botes, si hay mayor nivel de basura corporativa en una organización, lo que sigue será la ineficiencia”, dijo Littrell.

Sin embargo, Littrell se compadece de los que se dejan llevar por esta retórica que adormece la mente. Espera que su nueva investigación anime a que todos reflexionen, razones con calma y humildad, si encuentran que les abruman las oleadas de comunicación corporativa tan molesta.

“Dependiendo de las situaciones, a la mayoría de nosotros puede atraernos ese lenguaje que suena sofisticado pero no lo es. Por eso, tanto si eres empleado o si eres consumidor, vale la pena que te tomes un momento al encontrarte con mensajes corporativos de la clase que sea – publicidad, informes públicos, declaraciones – para preguntarte qué es exactamente lo que están afirmando, y si tiene sentido”, señaló Littrell.

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