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Ciencia

COP30: una cumbre histórica que termina sin la hoja de ruta para dejar atrás los combustibles fósiles

La COP30 cerró con avances en adaptación y financiación, pero sin el acuerdo clave: una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles. Entre aplausos, tensiones diplomáticas y acusaciones de falta de transparencia, Belém reveló la profunda dificultad global para consensuar el final de la era del carbón, el petróleo y el gas.
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La COP30 prometía ser la conferencia que por fin marcaría el principio del fin de los combustibles fósiles. Sin embargo, tras dos semanas de negociaciones intensas en Belém, el resultado dejó un sabor agridulce. Los países aprobaron nuevos mecanismos de adaptación y financiación, pero evitaron abordar el punto más esperado: un compromiso explícito para eliminar gradualmente carbón, petróleo y gas. Las tensiones en el plenario evidenciaron la fragilidad del consenso climático internacional.

Un cierre marcado por tensiones y objeciones

La sesión final se vio interrumpida durante casi una hora cuando Colombia, Panamá, Uruguay y Argentina denunciaron irregularidades en el modo en que se habían aprobado algunos textos. El presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, suspendió temporalmente el plenario y, al reanudarlo, confirmó que las decisiones permanecían válidas y que se habían respetado los procedimientos, pese a las objeciones no registradas.

La tensión escaló aún más con la intervención de Rusia, cuyo delegado reprochó a los países latinoamericanos que “no debían comportarse como niños”. La respuesta argentina no tardó en llegar, defendiendo su derecho a objetar y rechazando la declaración rusa, lo que volvió a encender el ambiente.

Qué se aprobó y por qué no alcanzó

Pese al clima crispado, los 195 países avalaron un paquete amplio de decisiones. Entre ellas, el texto central: “El Grupo de Trabajo Global: Uniendo a la Humanidad en una Movilización Contra el Cambio Climático”, que reafirma el objetivo de 1,5 °C y fija mecanismos de cooperación para acelerar la acción climática.

El documento establece también triplicar la financiación para adaptación antes de 2035, y avanza en dos frentes clave: el Programa de Transición Justa y la guía operativa del Fondo de Pérdidas y Daños, que definirá financiamiento para 2025 y 2026. Además, quedó aprobado el conjunto de indicadores globales para el Objetivo Global de Adaptación (GGA).

Sin embargo, el punto más esperado nunca apareció: no hay mención alguna a los combustibles fósiles ni una hoja de ruta para su eliminación progresiva. Para muchos países, esto convierte el paquete final en insuficiente.

Críticas, desacuerdos y una promesa fuera de la ONU

Delegaciones como Colombia, Panamá y Uruguay criticaron la falta de transparencia y la fragilidad del compromiso financiero. Para Colombia, la COP30 debía haber sido “la COP de la adaptación”, pero su resultado quedó lejos de lo necesario.

En paralelo, Colombia y los Países Bajos anunciaron una cumbre internacional propia sobre eliminación de combustibles fósiles en 2026. El mensaje implícito: si la ONU no avanza, algunos países intentarán liderar por fuera del marco multilateral.

Balance final y lo que viene

La COP30 reunió a más de 42.000 participantes de 195 países, convirtiéndose en la segunda conferencia climática más grande de la historia. Belém fue escenario de debates sobre deforestación, justicia climática y financiación, pero también de un desencanto: la ausencia de un acuerdo que marque el fin de los combustibles fósiles.

Las próximas citas ya están definidas: Turquía albergará la COP31 en 2026 y Etiopía la COP32 en 2027. Entretanto, el mundo espera que la ansiada hoja de ruta energética deje de ser una promesa aplazada.

Fuente: Meteored.

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