La COP30 prometía ser la conferencia que por fin marcaría el principio del fin de los combustibles fósiles. Sin embargo, tras dos semanas de negociaciones intensas en Belém, el resultado dejó un sabor agridulce. Los países aprobaron nuevos mecanismos de adaptación y financiación, pero evitaron abordar el punto más esperado: un compromiso explícito para eliminar gradualmente carbón, petróleo y gas. Las tensiones en el plenario evidenciaron la fragilidad del consenso climático internacional.
Un cierre marcado por tensiones y objeciones
La sesión final se vio interrumpida durante casi una hora cuando Colombia, Panamá, Uruguay y Argentina denunciaron irregularidades en el modo en que se habían aprobado algunos textos. El presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, suspendió temporalmente el plenario y, al reanudarlo, confirmó que las decisiones permanecían válidas y que se habían respetado los procedimientos, pese a las objeciones no registradas.
La tensión escaló aún más con la intervención de Rusia, cuyo delegado reprochó a los países latinoamericanos que “no debían comportarse como niños”. La respuesta argentina no tardó en llegar, defendiendo su derecho a objetar y rechazando la declaración rusa, lo que volvió a encender el ambiente.
En la sesión final de la #COP30, la objeción de Colombia 🇨🇴 fue clara: no podemos respaldar un acuerdo que desconozca la verdad científica ni que elimine del texto cualquier referencia a la transición para dejar atrás lo combustibles fósiles. pic.twitter.com/3iNNBQoWGO
— MinAmbiente Colombia (@MinAmbienteCo) November 22, 2025
Qué se aprobó y por qué no alcanzó
Pese al clima crispado, los 195 países avalaron un paquete amplio de decisiones. Entre ellas, el texto central: “El Grupo de Trabajo Global: Uniendo a la Humanidad en una Movilización Contra el Cambio Climático”, que reafirma el objetivo de 1,5 °C y fija mecanismos de cooperación para acelerar la acción climática.
El documento establece también triplicar la financiación para adaptación antes de 2035, y avanza en dos frentes clave: el Programa de Transición Justa y la guía operativa del Fondo de Pérdidas y Daños, que definirá financiamiento para 2025 y 2026. Además, quedó aprobado el conjunto de indicadores globales para el Objetivo Global de Adaptación (GGA).
Sin embargo, el punto más esperado nunca apareció: no hay mención alguna a los combustibles fósiles ni una hoja de ruta para su eliminación progresiva. Para muchos países, esto convierte el paquete final en insuficiente.
Críticas, desacuerdos y una promesa fuera de la ONU
Delegaciones como Colombia, Panamá y Uruguay criticaron la falta de transparencia y la fragilidad del compromiso financiero. Para Colombia, la COP30 debía haber sido “la COP de la adaptación”, pero su resultado quedó lejos de lo necesario.
🌲From boreal forests near the Arctic Circle to dense tropical jungles south of the Equator, Earth’s last primary forests are vanishing.
Despite being unmatched in their carbon storage capacity, they continue to fall.
Our special #COP30 Crossroads blog explains how we can save… pic.twitter.com/usxCuuBLxw
— IUCN (@IUCN) November 21, 2025
En paralelo, Colombia y los Países Bajos anunciaron una cumbre internacional propia sobre eliminación de combustibles fósiles en 2026. El mensaje implícito: si la ONU no avanza, algunos países intentarán liderar por fuera del marco multilateral.
Balance final y lo que viene
La COP30 reunió a más de 42.000 participantes de 195 países, convirtiéndose en la segunda conferencia climática más grande de la historia. Belém fue escenario de debates sobre deforestación, justicia climática y financiación, pero también de un desencanto: la ausencia de un acuerdo que marque el fin de los combustibles fósiles.
Las próximas citas ya están definidas: Turquía albergará la COP31 en 2026 y Etiopía la COP32 en 2027. Entretanto, el mundo espera que la ansiada hoja de ruta energética deje de ser una promesa aplazada.
Fuente: Meteored.