Usando el Falcon 2

El Falcon 2 no tiene pantalla táctil como la que solemos encontrar en las impresoras 3D. En su lugar hay un puñado de botones para mover el cabezal (1mm en pulsación corta o 10mm en larga) y otro para definir el área a grabar. En realidad no necesita más porque la mayor parte de funciones se ajustan mediante software (ver más abajo). Para ello podemos conectar un PC al grabador (la mejor opción), o exportar el trabajo que queramos grabar a una tarjeta MicroSD para grabar fuera de línea.

Sobre los botones encontramos dos funciones muy interesantes. La primera es un switch maestro que funciona con llave y que permite bloquear completamente la máquina para que nadie la opere sin nuestro permiso, algo especialmente útil si tenemos niños en casa. El segundo es un botón de pánico que detiene completamente el funcionamiento de la estación. El Falcon 2 tiene un detector de llamas interno (junto al cabezal láser) que para la máquina si detecta que el láser ha prendido fuego al material. No obstante, quizá queramos detener la grabación por otros motivos, como un mal ajuste de la pieza a grabar, o un exceso de potencia en las especificaciones que le hemos dado a la máquina que esté estropeando el material. Tres LED sobre el láser indican el estado del flujo de aire, la alarma de incendio y el estado de limpieza de la lente.

Como todos los grabadores láser, el Falcon 2 funciona sublimando capas de material mediante láser, y eso genera cierta cantidad de humo y olores. Hay que operarlo en lugares con muy buena ventilación, o mejor aún, con su propio sistema de extracción de humos. Creality vende su propia cubierta protectora, dotada de una ventana transparente para ver el estado del trabajo sin dañarnos los ojos y un ventilador con salida de humos cuyo tubo podemos simplemente sacar por una ventana. Cuesta 79 dólares en la web de la compañía y merece mucho la pena.
