Durante décadas, la estrategia contra los incendios forestales ha sido clara: apagarlos lo antes posible. Sin embargo, el cambio climático y la alteración de los ecosistemas están obligando a repensar este enfoque. Estudios recientes sugieren que devolver al fuego su papel natural podría ayudar a conservar la biodiversidad, reducir el riesgo de incendios extremos y abaratar la gestión forestal a largo plazo.
El fuego como herramienta de vida
Aunque pueda parecer contradictorio, el fuego desempeña un papel esencial en muchos ecosistemas. En el Mediterráneo, su biodiversidad se debe en gran parte a incendios recurrentes; en Brasil, estimula la floración de más de la mitad de las plantas del Cerrado; y en Australia, su ausencia ha perjudicado a especies como la rata canguro. Controlar cuándo y cómo arde una zona puede favorecer hábitats abiertos, evitar acumulaciones peligrosas de vegetación y reducir la intensidad de futuros incendios.

Renaturalizar para prevenir
La estrategia conocida como renaturalización o rewilding busca devolver a los ecosistemas su capacidad de autorregularse. Esto implica recuperar dinámicas naturales: desde reintroducir animales que controlen la vegetación, como búfalos o castores, hasta favorecer árboles grandes que creen microclimas frescos y mejoren el ciclo del agua. Incluso dejar que algunos incendios ardan en condiciones seguras puede contribuir a paisajes más resilientes y menos propensos a arder de forma descontrolada.
Ejemplos que inspiran
En las Montañas Rocosas, los castores crean humedales que frenan el avance del fuego. En Mozambique, los búfalos generan claros en la sabana que actúan como cortafuegos naturales. En los Pirineos, un incendio no planificado en Canejan se aprovechó para abrir hábitats y frenar la invasión de arbustos. Estos casos demuestran que, bien gestionado, el fuego puede ser un aliado.

La quema en mosaico y otras prácticas
Entre las herramientas más prometedoras está la quema en mosaico, que alterna áreas quemadas y no quemadas para favorecer la biodiversidad y reducir el riesgo de incendios masivos. También se contemplan cambios hidrológicos o la promoción de especies que desplacen material inflamable. Estas acciones requieren planificación y solo deben aplicarse en entornos que no supongan peligro para personas o bienes.
Un cambio cultural en la gestión forestal
Pasar de una lucha constante contra el fuego a una convivencia estratégica supone un cambio de mentalidad. No se trata de abandonar la prevención, sino de integrar el fuego como parte del equilibrio natural. De este modo, los bosques no solo serán más sanos y diversos, sino también más seguros frente a los incendios del futuro.
Fuente: TheConversation.