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De la cámara oculta a Hollywood: el origen desconocido de un director controvertido

Hace 63 años, un joven con gafas apareció por primera vez delante de una cámara en un programa de cámara oculta. Nadie podía imaginar que aquel rostro nervioso y aparentemente inofensivo terminaría convirtiéndose en uno de los directores más influyentes —y controvertidos— de la historia del cine estadounidense. Hoy lo conocemos como Woody Allen, pero entonces aún era Allan Stewart Konigsberg.
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Antes de ser Woody Allen

Quienes compartieron escuela con Allan Konigsberg difícilmente reconocerían al cineasta actual. Destacaba jugando al béisbol y haciendo trucos de magia, pero no precisamente en los estudios. Su verdadero talento apareció pronto: a los 15 años comenzó a escribir chistes y, para sorpresa de todos, empezó a ganar más dinero que sus propios padres.

A los 17 años tomó una decisión clave: cambió su nombre artístico a Woody Allen y se lanzó de lleno al mundo del humor profesional. El éxito fue inmediato.

El escritor de chistes más prolífico de Nueva York

Durante finales de los años 50 y comienzos de los 60, Allen se convirtió en uno de los guionistas cómicos más solicitados de Estados Unidos. Escribía material para figuras y programas legendarios como The Ed Sullivan Show, además de colaborar con nombres como Sid Caesar, Mel Brooks o Neil Simon.

En 1962 alcanzó una cifra casi absurda: escribió alrededor de 20.000 chistes en un solo año, lo que equivale a unos 54 al día. Una producción industrial del humor que muy pocos han podido igualar.

Su debut frente a la cámara: cámara oculta

En 1963, mientras se hacía un nombre en los clubes de stand-up de Nueva York, Allen apareció por primera vez en televisión en Candid Camera, el programa que definió el género de la cámara oculta y que estuvo en emisión —con distintas etapas— entre 1948 y 2014.

Durante ese año, Allen participó como gancho en varias bromas: desde dictar cartas absolutamente inapropiadas en entornos laborales hasta recibir a pasajeros aleatorios con un desfile improvisado y las llaves simbólicas de la ciudad. Incluso el formato había nacido antes como programa de radio bajo el nombre Candid Microphone.

Su paso por el programa fue breve, pero marcó su primera aparición pública como intérprete.

El salto al cine (y el primer conflicto)

La cámara oculta pronto se le quedó pequeña. Allen empezó a ganar notoriedad televisiva y eso le permitió vender su primer guion cinematográfico: ¿Qué tal, Pussycat?.

El acuerdo fue peculiar: aceptó cobrar solo 30.000 dólares a cambio de poder actuar en la película, que inicialmente iba a estar protagonizada por Warren Beatty. Sin embargo, a base de reescrituras constantes, el personaje de Allen fue creciendo… mientras el de Beatty se reducía. El resultado fue un conflicto abierto que terminó con la salida de Beatty del proyecto, sustituido por Peter O’Toole.

El resultado final no pasó a la historia por su calidad, pero sí como el primer paso real de Allen en el cine.

El inicio oficial de una carrera enorme (y polémica)

Un año después, Allen dirigió su primera película: Lily, la tigresa, una comedia construida a partir de una película japonesa reeditada y redoblada. El presupuesto fue mínimo —menos de 400.000 dólares— y el resultado modesto, pero suficiente para marcar el comienzo de una de las trayectorias más largas, influyentes y discutidas de Hollywood.

Desde aquel joven bromista en Candid Camera hasta el director reverenciado y cuestionado a partes iguales, el recorrido de Woody Allen demuestra que algunas carreras legendarias empiezan en los lugares más inesperados.

Fuente: SensaCine.

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