¿Ha encontrado por fin The Sims un rival a su altura? Puede que sí… y puede que no, pero lo cierto es que Paralives ha irrumpido con una fuerza inesperada. Su lanzamiento pasó casi de puntillas, sin grandes titulares ni campañas millonarias, y aun así ha acabado convirtiéndose en uno de los nombres más comentados del momento. En cuestión de semanas, el juego del estudio quebequés Paralives ha superado las 900. 000 copias vendidas—una cifra que haría sonreír incluso a los gigantes del sector. Otros títulos, como inZOI, han intentado desafiar a la todopoderosa saga de Electronic Arts, pero hasta ahora The Sims parecía vivir en su propio Olimpo. Pues bien, algo está cambiando. Con una propuesta fresca y sorprendentemente cuidada, Paralives parece haber dado con la fórmula mágica que los fans llevaban años pidiendo a gritos. En cierto modo, podría pasar por una hipotética quinta entrega de The Sims… aunque con alma propia y sin complejos.
Lo interesante es que Paralives no pretende reinventar la rueda, sino darle otra vuelta. Toma la base del clásico simulador de vida y la expande con un detalle que lo cambia todo: un mundo abierto donde cada rincón invita a curiosear. Y pensar que detrás de todo esto hay un equipo pequeño resulta casi poético. Alex Massé, su creador, prefirió ir despacio—algo raro en esta industria acelerada—para pulir cada aspecto: jugabilidad, arte, sonido… todo respira coherencia y mimo. Apostar por un simulador de vida era arriesgado, claro, pero también una forma inteligente de conectar con un público amplio y nostálgico. El verdadero golpe maestro, sin embargo, ha sido su relación con la comunidad: un diálogo constante con jugadores que opinan, sugieren y ayudan a moldear el juego casi en tiempo real. Gracias a esa colaboración continua, Paralives ha pasado de ser una curiosidad indie a una alternativa muy seria frente al gigante de EA.
Y luego está su estilo—porque sí, aquí la estética importa. Algunos juegos conquistan por su dirección artística, esa mezcla entre diseño y personalidad que los hace inconfundibles; The Sims siempre jugó bien esa carta. Pero Paralives no se queda atrás: apuesta por una estética cercana al cómic y un sistema de personalización tan detallado que roza lo obsesivo (en el mejor sentido). Los Parafolks—o “Para”, como los llama su comunidad—no son simples avatares: tienen gestos, emociones y una humanidad inesperada. Es fácil encariñarse con ellos, seguir sus rutinas y querer equilibrar sus días entre el trabajo, el ocio y esos pequeños dramas cotidianos que nos hacen sonreír frente a la pantalla. Además, el juego no se estanca: cada jornada trae nuevos eventos, giros o momentos que mantienen viva la partida… y te hacen prometerte “solo cinco minutos más”.
¿Por qué debería descargar Paralives?
Inspirado en los clásicos simuladores de vida, Paralives propone algo más íntimo: una experiencia para un solo jugador en la que puedes levantar tu propio mundo desde cero y vivir tantas vidas como te apetezca —sin reglas, sin límites—.
Nada más empezar, el juego te recibe con una interfaz limpia y muy visual. Los iconos hablan por sí solos y los menús no abruman. Enseguida puedes lanzarte a crear a tus Parafolks con un editor sorprendentemente completo. Aquí no hay dos personajes iguales: eliges su ropa, su físico, su forma de moverse… e incluso su carácter. Y cuidado con eso último, porque no es un simple detalle estético: esos rasgos definen cómo piensan, cómo reaccionan ante un mal día o qué les arranca una sonrisa.
Superada la fase de creación, llega el momento de construirles un hogar. Y aquí Paralives marca la diferencia: el modo construcción prescinde por completo de la típica cuadrícula. Se acabó el encajar muebles al milímetro o pelearte con las esquinas imposibles. Todo fluye con naturalidad —dibujas el terreno, colocas objetos, organizas espacios— pero con una libertad que se siente casi artesanal.
El ratón se convierte en tu herramienta mágica: acercas la cámara, giras elementos, estiras paredes o moldeas el terreno como si fuera plastilina digital. El resultado es un entorno hecho a medida de tus personajes. Y aunque el título sigue en acceso anticipado, apunta maneras: más de un centenar de opciones de personalización y unos trescientos objetos listos para usar. Además, el equipo ha creado cerca de doscientas animaciones que dan vida al conjunto; no es poca cosa para un mundo virtual que aspira a sentirse real.
Cuando terminas de construir y decorar, empieza lo verdaderamente divertido: vivir el día a día con tus Parafolks. Al estilo de The Sims, tendrás que ocuparte de sus rutinas, sus relaciones y sus pequeñas manías cotidianas —desde enviarles al trabajo hasta recordarles que se duchen—.
El estudio detrás del proyecto apuesta por una jugabilidad sencilla pero cuidada. Los menús son claros, las herramientas responden bien y en cuestión de minutos ya estás metido de lleno en su universo (sin esa sensación de estar perdido en un manual infinito). Frente a The Sims, ofrece frescura y libertad; eso sí, paciencia: la versión final no verá la luz hasta 2028. A cambio, prometen animales, clima dinámico y muchas sorpresas más. Todo indica que Paralives no solo quiere competir… sino reinventar la forma en que imaginamos nuestras vidas digitales.
¿Paralives es gratis?
No, gratuito no es —pero tampoco lo necesita—. Aun en acceso anticipado, Paralives ya se siente como algo sólido, con suficiente contenido como para engancharte horas. De momento solo puede jugarse en Steam, así que si te pica la curiosidad, ahí es donde tienes que ir.
¿Con qué sistemas operativos es compatible Paralives?
Paralives acaba de aterrizar en acceso anticipado y ya puedes hacerte con él tanto en Windows como en macOS. Por ahora, la experiencia se queda en el terreno del ordenador—nada de consolas todavía—, aunque los desarrolladores no cierran la puerta a dar ese salto más adelante. Y, siendo sinceros, con el revuelo que ha causado desde su estreno, nadie se sorprendería si termina llegando también a consolas… aunque todo apunta a que aún queda un buen trecho para eso.
¿Qué otras alternativas hay además de Paralives?
No es casualidad que Paralives despierte ecos de The Sims —esa sensación de “esto me suena” aparece desde el primer minuto—. Ambos comparten una misma filosofía: la de jugar a ser arquitecto, diseñador y psicólogo todo a la vez. Pero ojo, Paralives no vive a la sombra del gigante de Electronic Arts; tiene su propio pulso, su manera particular de entender la vida virtual. Si te atrae su propuesta, The Sims 4 sigue siendo un punto de referencia casi obligado. Más de diez años después, continúa tan sólido como siempre: un juego de gestión enorme, desbordante de contenido gracias a sus incontables expansiones. Y lo mejor: su versión base es gratuita, así que probarlo no cuesta más que el tiempo que quieras invertirle.
Luego está inZOI, que podría describirse como un Sims del futuro… aunque sería quedarse corto. Lo primero que llama la atención es su aspecto: visualmente deslumbra, y no es para menos, teniendo detrás el Unreal Engine 5. Es un simulador de vida en mundo abierto donde cada esquina parece esconder algo nuevo. Como en The Sims, puedes crear tus personajes, diseñar su entorno y decidir cómo viven —o sobreviven— día tras día. Pero aquí hay un giro interesante: la vista en primera persona cambia por completo la experiencia. Te mete dentro del escenario, te obliga a mirar con otros ojos. Es más inmersivo, más cinematográfico… y sí, igual de adictivo.
Y para cerrar este pequeño recorrido, un título que baja las pulsaciones y te invita a disfrutar sin prisas: Tiny Life. Tiene ese encanto tranquilo de los juegos “chill”, los que se disfrutan con una taza de café al lado y sin mirar el reloj. Su planteamiento es sencillo pero efectivo: un simulador de vida con vista isométrica que rinde homenaje al primer The Sims, centrado sobre todo en el placer de construir. Todo envuelto en una estética colorida y amable, casi terapéutica. En espíritu recuerda a joyas como Little Computer People, aquel clásico en el que cuidabas a un diminuto personaje dentro de una casa enorme —una idea sencilla que sigue teniendo algo hipnótico incluso hoy—.