Científicos que estudiaban una cueva en una isla del Caribe desenterraron algo inesperado: abejas antiguas muy distintas de los insectos que viven en colmenas y con los que estamos más familiarizados.
Por primera vez en la historia, paleontólogos hallaron rastros fósiles de abejas excavadoras que anidaban dentro de huesos enterrados de otros animales. Estos fósiles, con miles de años de antigüedad, son el resultado final de un ciclo de vida macabro que involucró a antiguos roedores y a enormes lechuzas comunes. Y, según los investigadores, también podrían enseñarnos algunas lecciones sobre las abejas actuales.
“Creo que el resultado más importante es mostrar cuán diverso puede ser el comportamiento de anidación de las abejas”, le dijo a Gizmodo el investigador del estudio, Lázaro Viñola López.
Un descubrimiento “fortuito”
Viñola López trabajaba como estudiante de doctorado en el Museo de Historia Natural de Florida cuando ayudó a excavar los fósiles dentro de una cueva en la isla de La Española (la cueva se encuentra en la mitad oriental de la isla, perteneciente a la República Dominicana). Pero ni él ni sus colegas planeaban hacer un hallazgo así.
“El descubrimiento fue muy fortuito. Estábamos buscando primates, roedores, lagartos y otros vertebrados para nuestro trabajo sobre las extinciones del Cuaternario tardío en las islas asociadas a los humanos y a los cambios climáticos”, explicó. “No buscábamos insectos porque normalmente no se conservan en ese tipo de ambiente”.
La cueva, llamada Cueva de Mono, contenía miles de fósiles de hutías, roedores emparentados con el cuy. Este hallazgo ya era sorprendente, dado lo raro que es encontrar fósiles de hutía en la zona. Pero Viñola López también notó que uno de los fósiles, un ejemplar de mandíbulas de hutía, tenía una suavidad inusual.
No profundizó de inmediato en su posible descubrimiento, y el camino no estuvo exento de tropiezos. Basándose en trabajos previos con fósiles de dinosaurios, inicialmente especuló que los restos de hutía habían sido utilizados por avispas para construir sus nidos, pero las características de esos nidos no coincidían del todo con lo que había encontrado.
Con el tiempo, sin embargo, se dio cuenta de que esos restos probablemente habían sido utilizados por un insecto distinto: una especie antigua de abeja excavadora llamada Osnidum almontei, que vivió hace miles de años. Gracias a visitas posteriores a la cueva para recuperar más fósiles, también encontraron evidencia de estos nidos dentro de una vértebra de hutía y en la cavidad pulpar de un diente de perezoso (los perezosos solían vivir en las islas del Caribe, pero fueron en gran medida exterminados por la actividad humana).
Los hallazgos del equipo se publicaron el martes en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences.
Abejas inusuales
Aunque solemos pensar en las abejas como insectos sociales que construyen nidos elaborados a la vista de todos, Viñola López señala que la mayoría de las especies de abejas son solitarias y utilizan una amplia variedad de estructuras y materiales para anidar. Pero, si bien estas abejas antiguas parecen compartir mucho en común con sus contrapartes modernas, también se destacan por rasgos importantes y misteriosos.
“Las abejas que crearon estos rastros son similares a otras abejas en que anidaban en el suelo, pero se diferencian de todas las especies conocidas porque utilizaban de forma regular cavidades en huesos enterrados (como alvéolos dentales)”, explicó. Otra distinción clave es el entorno de cueva en el que se encontraron estos fósiles. Según los investigadores, solo existe otro caso documentado de abejas excavadoras que hayan utilizado una cueva para anidar, y en ese caso no implicó el uso de restos fósiles de otros animales.
Según lo que pudieron determinar, la cueva albergaba a una población de antiguas lechuzas comunes que también la utilizaban como un lugar para desechar las hutías que cazaban. Las lechuzas podían llevar a los roedores a la cueva para comerlos o, en ocasiones, expulsarlos tras una comida improvisada; esos restos, más tarde, resultaron ser un sitio atractivo para que las abejas anidaran. Y aunque gran parte del área circundante no era adecuada para estos insectos, la cueva y otras similares podrían haber acumulado suficiente suelo como para que las abejas dependieran de él para construir sus nidos.
Además de aprender más sobre las abejas, la investigación también llevó al equipo a ser más cuidadoso.
“Cambió la forma en que observamos y preparamos los fósiles de estos depósitos de cuevas en la República Dominicana. Ahora tenemos mucho más cuidado antes de limpiarlos, para asegurarnos de no destruir otros comportamientos interesantes de insectos antiguos que puedan estar ocultos en el sedimento dentro de los fósiles”, señaló.
Las antiguas abejas de las cavernas no son el único descubrimiento que los investigadores esperan hacer. Ya están trabajando en la descripción de muchos otros fósiles recuperados en la cueva, que deberían incluir especies de mamíferos, reptiles y aves nunca antes caracterizadas.
Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Lucas Handley. Aquí podrás encontrar la versión original.