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Durante años nadie reparó en este planeta con dos soles. Ahora que lo han visto en movimiento, los científicos admiten que no encaja en sus modelos por lo que aún no saben explicar del todo cómo funciona su órbita

El primer vídeo real de un planeta orbitando una estrella binaria fue reconstruido a partir de observaciones realizadas entre 2016 y 2019. El hallazgo muestra un mundo gigante, cercano a dos estrellas que giran vertiginosamente entre sí, cuya existencia plantea interrogantes fundamentales sobre la estabilidad y evolución de estos sistemas extremos.

Imagina el universo de Star Wars, pero ahora imagina que lo que creías ficción acaba de ser capturado en vídeo. Astrónomos han logrado documentar por primera vez un planeta real que orbita alrededor de dos estrellas, una configuración similar a la del famoso Tatooine, el hogar de Luke Skywalker. La diferencia es que este no es un mundo de fantasía, sino un hallazgo científico realizado a partir de datos archivados de hace una década, que abre más preguntas que respuestas sobre cómo nacen y evolucionan los sistemas planetarios en escenarios tan extremos.

Este planeta, cuyo nombre técnico sigue sin definirse, se encuentra a unos 446 años luz de la Tierra, en una región del espacio que nos resulta distante pero no inaccesible, como dice Jason Wang, uno de los astrónomos responsables del estudio. Sin embargo, lo que hace que este hallazgo sea único no es solo que tenga dos soles, sino su órbita inesperada y su juventud cósmica.

El «Tatooine» real: un planeta que desafía las expectativas

Durante años nadie reparó en este planeta con dos soles. Ahora que lo han visto en movimiento, los científicos admiten que no encaja en sus modelos
© Mario Sucerquia / University of Grenoble Alpes.

El planeta recién descubierto tiene una órbita de 300 años, mucho más larga que la de cualquier otro planeta conocido que orbite un sistema binario. Pero lo más desconcertante es que este planeta se encuentra en la zona más cálida del sistema, «abrazando» a sus dos soles mucho más cerca que otros planetas circumbinarios fotografiados hasta ahora.

La naturaleza de su órbita genera un contraste sorprendente: mientras que las dos estrellas del sistema giran alrededor de sí mismas a una velocidad vertiginosa, completando una vuelta en solo 18 días terrestres, el planeta se mueve lentamente, como una danza pesada, completando su órbita a lo largo de 300 años. Esta diferencia de velocidades plantea un enigma sobre la estabilidad gravitacional de tales sistemas y plantea un desafío a la comprensión de cómo se forman estos sistemas planetarios binarios.

El misterio de un hallazgo olvidado

Durante años nadie reparó en este planeta con dos soles. Ahora que lo han visto en movimiento, los científicos admiten que no encaja en sus modelos
© University of Grenoble Alpes.

Lo más fascinante del descubrimiento no es solo la naturaleza del planeta, sino cómo se produjo el hallazgo. Mientras que la mayoría de las observaciones astronómicas se realizan en tiempo real, este planeta ya había sido “visto” antes, pero los astrónomos no habían reparado en él. El descubrimiento se basó en datos archivados del Gemini Planet Imager (GPI), un telescopio ubicado en Chile y retirado para actualizarse.

Nathalie Jones, una de las autoras principales del estudio, revisó meticulosamente esos antiguos registros captados entre 2016 y 2019, buscando algo que se moviera al unísono con la estrella central. A simple vista, lo que había era solo un punto de luz, que podría haber sido fácilmente confundido con una estrella o un error en las observaciones. Pero tras analizarlo con más detalle, la pieza encajó: el punto de luz se movía a la misma velocidad que la estrella, lo que confirmaba que se trataba de un planeta.

La juventud de un gigante gaseoso

Este mundo, aunque todavía joven en términos cósmicos, tiene una edad de 13 millones de años, lo que lo hace aún más intrigante. El planeta está emitiendo luz debido al calor remanente de su formación violenta, un resplandor que lo hace detectable frente a otros planetas más fríos y viejos. Con una masa seis veces mayor que la de Júpiter, el planeta es un gigante gaseoso que, por su juventud y energía interna, aún brilla con una intensidad inusual.

Lo que hace que este hallazgo sea aún más desconcertante es su vinculación con las teorías actuales de formación planetaria. La existencia de un planeta tan masivo en una órbita tan estrecha alrededor de dos soles inestables es un misterio para los científicos. Como explica Wang, de los 6.000 exoplanetas conocidos, apenas una pequeña fracción orbita sistemas binarios, y de esos, solo un puñado ha sido fotografiado directamente.

Un vistazo al futuro de la investigación planetaria

Este descubrimiento no solo es un hito en la observación de sistemas planetarios binarios, sino que también resalta una cuestión crucial: el archivo de datos de hace una década puede tener respuestas que aún no hemos entendido completamente. El hallazgo pone de manifiesto la necesidad de revisar nuestros propios archivos, a veces pasados por alto, para poder comprender la verdadera magnitud de los fenómenos astronómicos.

Sin embargo, lo más importante de este descubrimiento es que, aunque el hallazgo pone a prueba nuestras teorías sobre la formación de planetas, también nos recuerda que el universo sigue teniendo secretos. Como señala Jones, «aún no sabemos con certeza cómo funciona exactamente». Y esa incertidumbre, aunque incómoda, es lo que mantiene vivo el misterio y la fascinación por el espacio.

Al final, lo que sabemos es que el universo nunca deja de sorprendernos, y que cada nuevo hallazgo abre más puertas de las que podemos cerrar. Los planetas como este, lejos de ser simples puntos de luz en el cielo, son pistas que nos invitan a cuestionar todo lo que damos por hecho sobre la formación de mundos. La búsqueda, al parecer, acaba de comenzar.

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