Sus vecinos pueden observar el cielo nocturno gracias a Jorge, que desde hace 20 años ofrece sus conocimientos y les habla de los avistamientos de OVNIs.
Tiene 73 años y desde la plaza de su barrio observa los planetas con su telescopio casero.
Jorge Muñoz vive en Monte Grande, provincia de Buenos Aires, Argentina. Casi todos los días, este hombre ya retirado aprovecha su tiempo para montar su telescopio casero en una esquina de la Plaza Mitre. Con sus vecinos, observa la Luna y los planetas del sistema solar.
Construyó su telescopio con un caño, una olla, la mira de un tanque Sherman, tubos de gas de autos, ruedas esmeriladas y otras piezas que encontró o adaptó. “Dicen que la necesidad obliga y es verdad. A mí me obligó a hacer el telescopio con un tubo PVC de cloaca”, contó a TN Tecno.
Muñoz es astrónomo aficionado y ya jubilado, decidió compartir lo que sabe del cielo con quien quiera aprender, usando su telescopio. Desde que era un niño, observaba el cielo junto a su padre, y así nació su pasión por la astronomía.
El primer telescopio que usó era muy pequeño, pero aún así dice: “Cuando vi a Júpiter, el corazón casi me explotó”, confesó.
Sonríe cuando muestra el telescopio que armó él mismo con caños, una olla y materiales que fue recogiendo. Júpiter, ubicado a 700 millones de kilómetros, se ve con sorprendente nitidez.
“El telescopio actual funciona en base a la luz. La luz de Júpiter entra al tubo, choca contra el espejo primario, rebota y sale por la mira, donde una lupa depurada transforma el impulso lumínico en imagen”, explicó.
“La mira es de un tanque Sherman, desguace del ejército”, precisó. También usa un láser astronómico de luz verde para localizar los astros cuando está en el campo.
La plaza del barrio, conocimiento para todos los vecinos
“Se me ocurrió porque esta es mi pasión. Mucha gente se acerca, pero lamentablemente no hay muchas personas que sepan lo que es la astronomía, incluso cuando es la ciencia más antigua que conoce la humanidad”, sostuvo.
“Cuando muestro la Luna en el momento del cuarto creciente, donde se ven los cráteres, las montañas y los valles, la gente mira y dice: ‘¡Ah! ¡Es fabuloso!’”, relató.
Dice que el maravilloso espectáculo “es un regalo que nos dio el Creador para que nosotros lo disfrutemos de forma gratuita”, dijo.
Los OVNIs
Jorge Muñoz dedica buena parte de su tiempo al estudio de objetos voladores no identificados. Hace unos años, hablaba sobre avistamientos y todo lo relacionado con los ovnis en un programa que tenía en la radio local.
“Afirmo que no estamos solos en el universo. Es imposible que en una galaxia con 400.000 millones de soles el ser humano sea el único habitante. Tampoco somos los únicos habitantes de este planeta”, dice cuando lo entrevistaron.
Recuerda lo que ocurrió hace una década cuando observó un objeto que realizaba movimientos imposibles para un satélite convencional. “Hace unos 10 o 12 años vi un punto luminoso que pensé era un satélite, pero hizo un ocho, el símbolo del infinito, y luego una figura geométrica cuadrada y se desplazó muy rápido. Un satélite es imposible que haga eso”, relató.
Muñoz asegura que hay seres que visitan la Tierra desde antes de la construcción de las pirámides de Egipto. “Nos evalúan y observan el derrotero de la humanidad. En el Uritorco, en Capilla del Monte, provincia de Córdoba, muchas veces se ven como ciudades de noche, llenas de luces. ¿Por qué están ahí? No lo sé, pero están”, afirmó.
Con todo, supone que si tuviera experiencia directa con extraterrestres, sentiría miedo. “Si el aparato bajara y me invitaran a ir con ellos, lo pensaría dos veces. No es fácil”, admite.
A Muñoz le alegra que otros puedan maravillarse al mirar el cielo con su telescopio. Pueden ver los cráteres de la luna, los anillos de Saturno, a Júpiter y sus lunas. Siente orgullo cuando le demuestran reconocimiento por su tarea de divulgación científica. “Estoy aquí todas las noches. Vuelvan cuando quieran”, dice al finalizar la entrevista. Al despedirse, afirma que seguirá allí, en la plaza de Monte Grande, mientras pueda hacerlo. “Me gustaría morir con el telescopio en la mano”, afirma.
Los vecinos del barrio seguramente esperan que Jorge siga allí durante muchos años más.