La pregunta parece simple, pero no lo es: ¿de dónde salió el agua que cubre más del 70% de la superficie terrestre?
Responderla implica retroceder miles de millones de años, a una época en la que la Tierra era un mundo incandescente, golpeado constantemente por asteroides y cometas. Durante mucho tiempo, la explicación dominante fue que esos impactos trajeron el agua desde el espacio.
Ahora, la Luna acaba de aportar una pista inesperada.
El archivo más antiguo del sistema solar

A diferencia de la Tierra, la superficie lunar permanece casi intacta desde hace miles de millones de años. No hay placas tectónicas que reciclen el terreno ni océanos que borren las huellas del pasado.
Por eso, su capa superficial —el regolito lunar— funciona como un archivo natural de impactos cósmicos. Cada grano de polvo conserva fragmentos de meteoritos que chocaron contra la Luna desde el origen del sistema solar.
Analizar ese material permite estimar cuánta materia extraterrestre llegó también a la Tierra.
Lo que revelaron las muestras del Apolo
El nuevo estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, examinó muestras de regolito recolectadas por las misiones Apolo.
El equipo, liderado por Anthony M. Gargano, aplicó un método basado en isótopos triples de oxígeno, una técnica capaz de distinguir con gran precisión el material lunar del material procedente de meteoritos.
El resultado fue claro: solo alrededor del 1% del polvo lunar analizado proviene de meteoritos ricos en carbono, los mismos que suelen contener agua en su interior.
Demasiado poco para llenar los océanos

Al traducir ese porcentaje en volúmenes reales de agua, los científicos se encontraron con un problema de escala.
La cantidad aportada por estos meteoritos sería insignificante para explicar los océanos terrestres, incluso considerando miles de millones de años de impactos. En otras palabras, la hipótesis de la llamada “adición tardía” —según la cual el agua llegó después de que la Tierra se enfriara— pierde fuerza.
Sin embargo, esa misma cantidad sí encaja con otro hallazgo: el hielo detectado en los polos lunares. El mismo mecanismo que no alcanza para explicar los mares de la Tierra resulta suficiente para justificar las reservas de agua atrapadas en las regiones más frías de la Luna.
Un cambio de enfoque sobre el origen del agua

El estudio no afirma que los meteoritos no aportaran agua en absoluto. Lo que pone en duda es que hayan sido la fuente principal. “La Luna nos muestra que la entrega tardía de meteoritos difícilmente pueda explicar el presupuesto actual de agua en la Tierra”, explicó Gargano en un comunicado.
Esto abre la puerta a otras posibilidades: que parte del agua estuviera presente desde la formación del planeta, que se liberara desde el interior terrestre o que llegara mediante procesos aún poco comprendidos.
Por qué la Luna sigue siendo clave
Más allá del debate sobre los océanos, el trabajo refuerza el papel de la Luna como laboratorio natural. Las muestras del Apolo siguen ofreciendo información crítica medio siglo después de haber sido recolectadas, y se han convertido en una referencia para entender la evolución temprana del sistema solar interior.
“La Luna no solo habla de sí misma”, señala el estudio. “Conserva el registro del entorno que permitió que la Tierra se volviera habitable”.
En ese polvo gris, acumulado durante eones, aún quedan respuestas fundamentales. Incluso sobre algo tan cotidiano —y tan esencial— como el agua que hoy damos por sentado.