España se enfrenta a un fenómeno tan invisible como destructivo: el hundimiento progresivo del terreno debido a la sobreexplotación de acuíferos. Aunque lento y silencioso, este proceso amenaza a millones de ciudadanos y pone en riesgo infraestructuras clave. Un reciente estudio global ha encendido las alarmas, situando al país entre los más vulnerables de Europa. ¿Por qué ocurre y qué consecuencias trae? Aquí te lo contamos.

Una amenaza que avanza sin hacer ruido
El 9% de los ciudadanos españoles —unos 4,5 millones de personas— habita en zonas donde el suelo se hunde lentamente. Este proceso, conocido como subsidencia, ocurre principalmente por la extracción excesiva de agua subterránea. Según un reciente mapa mundial generado con inteligencia artificial, la Península Ibérica es la región europea más afectada, con una tasa media de hundimiento de 2,1 milímetros por año. Aunque esta cifra pueda parecer baja, en zonas como el valle del Guadalentín (Murcia) se han registrado descensos de hasta 11 centímetros anuales, lo que ya ha dejado huellas visibles en edificios y caminos.
Lo más inquietante es que esta amenaza apenas recibe atención pública. A diferencia de terremotos o inundaciones, la subsidencia es progresiva, acumulativa y sin grandes titulares. “Es un problema grave pero ignorado”, lamenta Pejman Tahmasebi, científico de la Escuela de Minas de Colorado, quien destaca su impacto sobre infraestructuras, ecosistemas y economía.
De la sequía a los daños irreversibles

La presión sobre los acuíferos españoles, especialmente en regiones como Andalucía, Murcia, Valencia y Alicante, no es nueva. El 80% del consumo hídrico nacional se destina a la agricultura, lo que ha generado un agotamiento acelerado de los recursos subterráneos. A medida que el agua desaparece, los sedimentos del subsuelo colapsan, generando hundimientos que muchas veces resultan irreversibles. En los años 90, en Murcia, la subsidencia afectó a más de 150 edificios por una sequía extrema y la extracción masiva de agua.
Además de dañar construcciones y carreteras, este fenómeno incrementa la probabilidad de inundaciones, especialmente en zonas cercanas a ríos. Según los expertos, el siguiente paso podría ser la aparición de grietas profundas, una señal alarmante de lo que viene si no se modifica la gestión del agua.
Ambos expertos coinciden: el cambio climático, la expansión urbana y la presión agrícola no harán más que agravar el problema. De no actuar pronto, España se enfrentará a un futuro donde el suelo bajo sus pies será cada vez menos firme.
Fuente: La Vanguardia.