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Un experimento calentó oro a casi 19.000 grados centígrados sin que colapsara de inmediato su estructura sólida. El hallazgo, publicado en Nature, desafía teorías clásicas sobre los límites de la materia bajo condiciones extremas

El estudio demuestra que el oro puede permanecer en un estado sólido metastable incluso a temperaturas que, según los modelos tradicionales, deberían fundirlo de inmediato. Esta anomalía no solo cuestiona teorías aceptadas durante más de tres décadas, sino que también abre nuevas preguntas sobre cómo se comportan los materiales en el interior de planetas, estrellas y otros entornos extremos del cosmos.

Durante varios siglos, el oro fue símbolo de estabilidad y nobleza, tanto en la joyería como en la tecnología. Su resistencia parecía inquebrantable. Sin embargo, un brutal experimento con láseres ultrarrápidos reveló que incluso este metal puede desafiar las reglas de la física cuando se lo somete a temperaturas imposibles, reescribiendo lo que creíamos sobre los límites de la materia.

Un oro llevado más allá de lo imaginable

En condiciones normales, el oro se funde a 1.064 grados centígrados. Pero al aplicar láseres de pulsos ultracortos sobre láminas de apenas 50 nanómetros, los científicos lograron llevarlo a casi 18.700 grados sin que colapsara en estado líquido. Este fenómeno, conocido como superheating, ocurre cuando el calor se transfiere tan rápido que los átomos no alcanzan a reorganizarse.

El metal permaneció sólido durante dos picosegundos, un lapso ínfimo en la vida humana, pero un tiempo considerable en la escala atómica. Este margen fue suficiente para demostrar que el oro puede desafiar las leyes termodinámicas establecidas.

El desafío a la catástrofe entrópica

El experimento con oro que derriba los límites clásicos de la materia
© Pixabay.

Desde el año 1988, la teoría de la catástrofe entrópica sostenía que ningún sólido podía superar tres veces su punto de fusión sin desmoronarse. El oro ahora contradice esa premisa. Según los investigadores, la clave radica en la velocidad del calentamiento: la entropía del sólido no llega a igualarse con la del líquido antes de que ocurra la transición, lo que permite mantener la estructura más allá del límite previsto.

El uso de rayos X en retrodispersión confirmó que la señal propia de un sólido de oro persistió hasta los 19.000 kelvin, desapareciendo solo tras algunos picosegundos.

Implicaciones para ciencia y tecnología

Este hallazgo sugiere que el punto de fusión de un material no es un valor fijo, sino que depende de la escala temporal y de las condiciones extremas a las que se someta. Esto abre nuevas preguntas sobre cómo se comporta la materia en el interior de planetas, en impactos cósmicos o incluso en armas nucleares.

Además, podría inspirar el desarrollo de materiales ultrarresistentes capaces de soportar entornos extremos. El oro, considerado durante siglos un metal inmutable, acaba de mostrar que la materia aún guarda secretos que desafían nuestras certezas más profundas.

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