Durante décadas, los científicos pensaron que el oro estaba atrapado, casi en su totalidad, en lo profundo del núcleo terrestre. Sin embargo, un reciente descubrimiento en Hawái podría estar cambiando esa visión. Investigadores europeos encontraron evidencias sorprendentes en rocas volcánicas que podrían confirmar algo impensado: que el oro asciende desde el núcleo hasta la superficie.
El volcán que podría cambiar nuestra visión del oro

Investigadores de la Universidad de Gotinga, en Alemania, han descubierto partículas de oro en rocas volcánicas de un cráter hawaiano. Lo llamativo no es solo la presencia del metal, sino su aparente origen: el núcleo terrestre. Según los expertos, se trataría de material que emergió a la superficie desde la frontera entre el núcleo y el manto.
Hasta ahora, la comunidad científica estimaba que cerca del 99% del oro del planeta se encontraba sepultado en el núcleo, junto con otros metales pesados como el platino. Pero este hallazgo, publicado en Nature, podría ser una de las primeras evidencias físicas de que ciertos elementos están comenzando a filtrarse hacia arriba.
El geoquímico Nils Messling, líder del estudio, explicó que “grandes cantidades de material se originan en el límite entre el núcleo y el manto, y ascienden a la superficie terrestre para formar islas oceánicas como Hawái”. Esto sugiere que el volcán podría ser una especie de conducto natural entre las profundidades del planeta y la corteza.
El rol olvidado de los meteoritos y la acreción tardía

Pero la historia del oro en la Tierra no termina allí. Otros expertos, como el doctor Pedro Waterton de la Universidad de Copenhague, recuerdan que la mayoría del oro pudo haber llegado del espacio exterior. Este proceso, conocido como acreción tardía, consistió en una serie de impactos de meteoritos que enriquecieron al planeta durante sus etapas formativas.
A esto se suma la visión de la profesora Helen Williams, de la Universidad de Cambridge, quien subraya que los primeros metales llegaron con el material meteorítico inicial y se hundieron en el núcleo. En cambio, los metales de impactos posteriores quedaron atrapados en el manto, más cerca de la superficie.
La combinación de estos procesos podría explicar por qué hoy algunos volcanes, como los de Hawái, actúan como testigos de una dinámica oculta durante millones de años. Y si la hipótesis se confirma, podríamos estar ante un cambio radical en la manera en que entendemos el origen —y el futuro— del oro en la Tierra.