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El Galaxy S6 tras un mes de uso: lo bueno ahora es mejor y lo malo peor

No se está vendiendo como lo esperado y tiene un problema importante manejando su memoria RAM pero el Samsung Galaxy S6 es, sin ningún tipo de duda, uno de los contendientes a alzarse con el título a teléfono del año. Estas son algunas de las observaciones e ideas que han ido surgiendo después de usarlo durante un mes.

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La personalización es importante

O lo que es lo mismo, en el país de los ciegos el tuerto es rey. Uno de los grandes problemas para los fabricantes de Android radica en cómo distanciarse a sí mismo de la competencia cuando todos utilizan, de base, exactamente el mismo sistema. Cuando hablo de personalización me refiero a los añadidos, al tipo de detalles aquí y allá que los fabricantes incluyen, no sin falta de razón, para esgrimir argumentos de compra.

La cuestión es que en el Galaxy S6 todo ese racimo de opciones extra funcionan. Son útiles, no caprichos metidos por calzador. Por ejemplo: poner dos aplicaciones a pantalla partida para trabajar en ambas es sencillo y rápido, he utilizado la función lanzar los contactos favoritos utilizando el borde curvado más veces de las que jamás hubiera pensado y S Finder, una especie de buscador todopoderoso local, funciona de manera impecable.

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El sensor de huellas dactilares, que siempre pensé que lo desactivaría a los dos días, no funciona perfecto, pero sigue activo.

La curva no cansa

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Otro de mis temores, pasado ese wow inicial con la curva en el caso del Edge, era que me acabase cansando y que lo que tanto me había llamado la atención inicialmente por novedad y elegancia acabase por cansarme. La clásica delgada línea que separa el amor del odio.

Mi experiencia particular es que no cansa en absoluto. Más bien al revés, es algo que me gustaría ver en más modelos de la competencia. Con el tiempo acabas por acostumbrarte y prácticamente ni la notas, es más una cuestión visual, de perspectiva, de look and feel que de utilidad real. Pero en mi opinión merece la pena.

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La mejor cámara que he tenido nunca en un smartphone

Más allá de sensores y resultados técnicos (aunque tengan su innegable importancia), hay dos factores increíblemente importantes a la hora de evaluar la cámara en un teléfono: la velocidad de carga/respuesta (el tiempo que pasa entre que abrimos la cámara y esta está lista para tomar la foto) y las opciones de la interfaz.

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En el primer aspecto, el S6 es el teléfono más rápido que yo he probado nunca. Además, la cámara está implementada de manera bastante inteligente con una doble pulsación en el botón de inicio, lo que implica que esta puede lanzarse en apenas un instante ya esté el teléfono bloqueado o no. Sacar del bolsillo y listo.

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Lo segundo, y aunque se distancia de interfaces más recargadas pero igualmente efectivas como la del LG G4, para mí también es algo bueno. Mi experiencia con el S6 es que la mayoría de las veces saca una foto más que decente y cuando no lo hace, hay que afinar manualmente. En ese sentido, la interfaz es perfecta. Consigue que dichas opciones estén al mismo tiempo ocultas en un menú para no “ensuciar” el visor de la cámara, pero lo suficientemente accesibles como para poder cambiarlas sin problema.

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En cuanto a calidad final de las fotos diría que se mide en un cuidadoso empate con el G4, pero en cuanto a usabilidad el S6 simplemente arrasa.

La maldita RAM

El manejo de la RAM en Android dista mucho de ser ejemplar, pero con el S6 Samsung ha cogido un problema y lo ha transformado en un drama. El teclado laguea de vez en cuando, la transición entre menús “rasca” si vamos muy deprisa y a veces una acción tan simple como volver al escritorio principal tarda más de lo que debería. No es “grave” en el sentido de que no te permita usar el teléfono con normalidad pero sí es algo que no debería ocurrir en un teléfono así. Sin más.

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Batería mediocre

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Lo indicábamos en la reseña y se confirma ahora. Durante todo este tiempo la batería del S6, ha dado más probamos que alegrías. La peor sensación que transmite es la de inseguridad. Inseguridad de saber si ese 30% o no que queda cuando sales de casa será suficiente. Inseguridad de no saber si un día fuera mientras estás viajando y con un consumo intenso de datos la batería conseguirá aguantar o habrá que echar una batería recargable sólo por si acaso.

Hablando de esos añadidos a nivel de software, el S6 incorpora por suerte un par de funciones de ahorro de energía, una primera más suave y una segunda más extrema y agresiva que prolonga esos últimos compases de la batería unas cuantas horas más.

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Sigue, en mi opinión, sin ser suficiente y la gran asignatura pendiente que Samsung debería resolver en el S7.

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¿Edge o no Edge?

Es posiblemente la pregunta más repetida ¿Compro el Edge o el modelo normal?. La respuesta, después de todo es tiempo, se me hace cada vez más simple: presupuesto y estética.

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La experiencia en ambos teléfonos es absurdamente similar, mismo tiempo de carga, misma sensación en la pantalla y mismos problemas aislados. A mí la curva me gusta por una simple cuestión estética, y ese debería ser el motivo definitivo de compra, presupuesto mediante.

El Edge es uno de los teléfonos más originales que he probado nunca. Un soplo de aire fresco, aunque sea pequeño, en un mercado donde cada vez se compite más en números y no en sensaciones. Comprarlo o no es una decisión puramente personal, que afecta muy poco a la usabilidad final del teléfono .

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