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El gigantesco cráter de meteorito hallado en Groenlandia es mucho más antiguo de lo que se creía

El cráter mide 31km de ancho, más grande que el 90% de los cráteres conocidos en nuestro planeta.

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El cráter en el que los investigadores han hecho su trabajo de campo.
El cráter en el que los investigadores han hecho su trabajo de campo.
Foto: Pierre Beck

Un enorme cráter oculto en el noroeste de Groenlandia ha resultado pertenecer a un impacto que se remonta a hace unos 58 millones de años.Eso lo convierte en algo mucho más antiguo que las estimaciones hechas hasta ahora. El desafío ahora es encontrar más evidencias de lo que seguramente fue un evento devastador a escala global.

La datación de la arena y las rocas asociadas con el evento de impacto permitió a un equipo internacional de investigadores obtener la nueva estimación. El cráter de Groenlandia, mide 19 millas (31 kilómetros) de ancho, fue descubierto hace solo siete años y está enterrado bajo el glaciar Hiawatha de 3200 pies de espesor (1000 metros). Todo ello lo convierte en un objeto bastante difícil de estudiar.

“Nos sorprendió mucho que el cráter tuviera 58 millones de años”, explica en un correo electrónico Nicolaj Larsen, geocientífico de la Universidad de Copenhague y coautor del nuevo estudio. “Toda la evidencia circunstancial que teníamos hasta ahora sugería que el cráter era mucho más joven y de un período en el que existía la capa de hielo de Groenlandia”.

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Lugar de impacto del meteorito, que dejó un cráter de casi 31km de ancho en noroeste de Groenlandia.
Lugar de impacto del meteorito, que dejó un cráter de casi 31km de ancho en noroeste de Groenlandia.
Foto: Museo de Historia Natural de Dinamarca

Larsen y sus colegas inicialmente pensaron que el cráter tenía entre 3 millones y 1200 años. La aparente juventud del impacto (durante el Pleistoceno tardío) era una posibilidad tentadora, ya que sugería que los humanos de aquella época se vieron afectados por el evento. También concordaba con el período conocido como Younger Dryas, una fase de enfriamiento que comenzó hace unos 12.900 años. La nueva investigación, publicada hoy en Science Advances, sugiere que nada de eso es válido. El impacto no afectó a los humanos ni fue el evento que dio inicio al Younger Dryas. En cuanto a los efectos reales del impacto, esa sí que es una pregunta que necesita una respuesta.

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La capa de hielo de Groenlandia se formó hace entre 2 y 3 millones de años, mucho después de que este asteroide rico en hierro se estrellara contra lo que ahora es el noroeste de Groenlandia. En el momento del impacto, Groenlandia era una selva tropical templada y con un ecosistema muy diverso. El cráter, que se encuentra entre los 25 cráteres de asteroide más grandes de la Tierra, quedó enterrado en el hielo con el tiempo, razón por la cual los científicos lo descubrieron recientemente y completamente por accidente.

Larsen estaba estudiando detenidamente mapas de Groenlandia en 2015 cuando notó una característica circular en el lecho rocoso debajo del glaciar Hiawatha. Estudios posteriores con radar de penetración en el suelo (LIDAR) confirmaron la presencia de la estructura de impacto, lo que llevó a un artículo de 2018 que anunciaba su descubrimiento. Que el cráter sea tan antiguo fue una gran sorpresa para el equipo, que incluía investigadores del Museo de Historia Natural de Dinamarca, el Instituto GLOBE de la Universidad de Copenhague y el Museo Sueco de Historia Natural en Estocolmo.

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La evidencia preexistente, aunque circunstancial, apuntaba a un evento relativamente reciente, ya que la forma del cráter parece relativamente fresca. La estratigrafía del hielo contiene hielo alterado de la última edad de hielo, y los materiales de la región contienen restos orgánicos de un bosque boreal. La última vez que creció un bosque boreal en el norte de Groenlandia fue hace dos o tres millones de años”, dijo Larsen.

Los miembros del equipo, trabajando en el cráter en 2019.
Los miembros del equipo, trabajando en el cráter en 2019.
Foto: Joe McGregor
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Lo que Larsen y sus colegas necesitaban eran muestras del suelo del cráter, una tarea nada fácil dados los 300 metros de hielo apilados en la parte superior. En su lugar, el equipo visitó áreas periféricas durante tres temporadas para encontrar materiales adecuados para la datación, específicamente rocas de impacto ubicadas en escombros glaciales más allá de la capa de hielo.

“Esta no fue una tarea fácil, ya que el trabajo de campo en el remoto norte de Groenlandia es difícil y extremadamente costoso”, explicó Larsen. La clave de la nueva investigación fue la recolección de arena parcialmente derretida y cristales de circonio formados por impacto, y que fueron llevados aguas abajo del cráter por el agua de deshielo. En el NHM de Dinamarca, los científicos usaron láser para calentar los granos de arena hasta que liberaron gas argón, mientras que un equipo del MNH sueco usó la datación con uranio-plomo para el circonio. Ambas técnicas arrojaron el mismo resultado, proporcionando la nueva estimación del impacto.

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La datación de cristales de circonio que ha hecho posible la nueva medición.
La datación de cristales de circonio que ha hecho posible la nueva medición.
Imagen: Universidad de Copenhague

El desafío siguiente será que los científicos logren vincular este evento con otras líneas de evidencia asociadas con el impacto. El asteroide se estrelló contra el noroeste de Groenlandia unos 8 millones de años después de la extinción de los dinosaurios, y dado el tamaño del asteroide, de aproximadamente 0,6 millas (1 km) de ancho, habría alterado el clima global en un grado considerable.

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“Nuestro próximo paso es investigar secciones geológicas del Paleoceno que tienen registros de hace 58 millones de años para ver si podemos identificar una señal de impacto”, dijo Larsen. “Esto es importante si queremos entender si un impacto de este tamaño alteró el clima en la Tierra o provocó una extinción masiva, lo cual dudamos que haya ocurrido”. El nuevo documento agrega más claridad a este fascinante evento, al tiempo que abre nuevas vías para futuras investigaciones. Sin duda, esta antigua herida abierta en Groenlandia todavía tiene muchas historias que contar.