Todos hemos oído aquello de “sal a correr, te despejarás”. Lo que antes sonaba a consejo de autoayuda sin fundamento, hoy tiene el respaldo de la neurociencia. Nuevas investigaciones revelan que el simple hecho de movernos podría tener un efecto directo sobre nuestra memoria, ayudándonos incluso a borrar recuerdos difíciles. Pero, ¿cómo es posible algo así?
La neurogénesis, un aliado inesperado del olvido
En el corazón de nuestro cerebro se encuentra el hipocampo, una estructura esencial para la formación y almacenamiento de recuerdos. Dentro de él, una zona conocida como el giro dentado alberga un proceso fascinante: la neurogénesis adulta. Se trata de la generación continua de nuevas neuronas a lo largo de nuestra vida.

Estas neuronas jóvenes no solo enriquecen los circuitos neuronales, sino que también interfieren con conexiones más antiguas. Así, la introducción de este “nuevo cableado” puede debilitar recuerdos que ya no nos sirven o que incluso nos dañan. No es magia, es reorganización sináptica.
Estudios realizados en ratones han demostrado que, tras una experiencia traumática, inducir neurogénesis reduce significativamente los síntomas relacionados con el estrés postraumático. Los animales presentan menos ansiedad, responden con más calma ante estímulos neutros y dejan de revivir el trauma con intensidad. En definitiva, cuantos más “recambios neuronales”, menos espacio para el miedo persistente.
Ejercicio: el interruptor natural que reinicia la memoria
La gran pregunta es: ¿cómo activamos este proceso de regeneración cerebral? La respuesta está al alcance de todos: con movimiento. Ya sea con caminatas enérgicas, bicicleta, running o incluso entrenamiento de fuerza, el ejercicio físico estimula la creación de nuevas neuronas.
Este beneficio se debe, en parte, a moléculas como el BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), que actúa como abono para el crecimiento neuronal. También intervienen la irisina, el IGF-1 y las betaendorfinas, todas asociadas a la mejora de la plasticidad cerebral.

Además, simulaciones con redes neuronales artificiales han mostrado que introducir “neuronas nuevas” mejora la capacidad de aprendizaje, eliminando ruido viejo y facilitando el reconocimiento de nuevos patrones. Algo muy similar podría estar ocurriendo dentro de nosotros.
Un reloj biológico que no conviene ignorar
Pero hay una condición importante: el tiempo. La neurogénesis tiene efecto únicamente mientras el recuerdo sigue anclado en el hipocampo. Si este se extiende a otras regiones cerebrales y se consolida, el ejercicio pierde buena parte de su capacidad para mitigarlo.
Por eso, el movimiento no solo es una herramienta de bienestar inmediato, sino una oportunidad para actuar antes de que ciertas experiencias se conviertan en cicatrices permanentes.
Moverte no lo soluciona todo, pero quizá sea el primer paso hacia el olvido que necesitas.
Fuente: TheConversation.