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Ciencia

El James Webb encontró una señal donde no debería haber absolutamente nada. Los astrónomos tienen cuatro explicaciones y ninguna termina de encajar

El telescopio espacial James Webb detectó una misteriosa señal infrarroja en la constelación de Fornax, donde no aparece ninguna galaxia visible. El hallazgo desconcierta a los astrónomos y desafía sus explicaciones.
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Hay regiones del universo que parecen completamente vacías, incluso cuando se observan con algunos de los telescopios más avanzados jamás construidos. Sin embargo, el espacio puede esconder objetos tan débiles, distantes o fugaces que ni siquiera aparecen en las fotografías más profundas. Eso es precisamente lo que acaba de descubrir un equipo de astrónomos al examinar una pequeña porción de la constelación de Fornax, uno de los lugares más estudiados del firmamento.

El telescopio espacial James Webb ha detectado una misteriosa señal infrarroja procedente de un punto donde no se conoce ninguna estrella ni galaxia. Lo extraordinario no es solamente que los investigadores desconozcan su origen, sino que la señal apareció en observaciones separadas por casi tres meses y no tiene una correspondencia identificable en imágenes anteriores. ¿Una galaxia extremadamente lejana? ¿Una explosión estelar? ¿Un agujero negro devorando una estrella? Por ahora, ninguna explicación consigue resolver todas las incógnitas.

El James Webb encontró algo invisible en uno de los lugares más fotografiados del universo

El James Webb encontró una señal donde no debería haber absolutamente nada. Los astrónomos tienen cuatro explicaciones y ninguna termina de encajar
Visualización científica de la zona donde se registró la emisión infrarroja, con las posiciones de observación del espectrógrafo. © The Astrophysical Journal (2026).

El hallazgo se produjo en el Campo Ultraprofundo del Hubble, una diminuta región de Fornax que el histórico telescopio observó durante cientos de horas. Allí se identificaron aproximadamente 10.000 galaxias, algunas cuya luz comenzó a viajar cuando el universo era todavía muy joven.

Parecía, por lo tanto, un territorio bastante conocido. Pero el equipo dirigido por Mason Huberty, de la Universidad de Minnesota, decidió investigarlo de una manera diferente: en lugar de apuntar únicamente hacia objetos identificados, utilizó el espectrógrafo NIRSpec del James Webb para buscar emisiones en zonas donde aparentemente no había nada.

El instrumento dispone de aproximadamente 248.000 pequeñas compuertas capaces de seleccionar qué luz llega a sus detectores. Los científicos aprovecharon esta tecnología para abrir casi todas, bloqueando aquellas correspondientes a fuentes conocidas que podían interferir con la búsqueda.

La estrategia permitió identificar varias fuentes, pero una destacó inmediatamente. Según el estudio publicado en The Astrophysical Journal, los investigadores encontraron una línea de emisión especialmente intensa en una longitud de onda de aproximadamente 1,6 micrómetros, sin ningún objeto visible que pudiera explicar su existencia.

La señal apareció dos veces, pero había un problema todavía mayor

El James Webb encontró una señal donde no debería haber absolutamente nada. Los astrónomos tienen cuatro explicaciones y ninguna termina de encajar
Las observaciones profundas del James Webb permiten estudiar galaxias extremadamente débiles y lejanas, aunque algunos fenómenos pueden detectarse en sus espectros sin mostrar una fuente claramente identificable en las imágenes. © NASA/ESA/CSA.

En astronomía, detectar luz no siempre significa obtener una fotografía reconocible. Los espectrógrafos separan la radiación en diferentes longitudes de onda, permitiendo identificar señales asociadas con elementos químicos y procesos físicos. Normalmente, los científicos buscan varias líneas de emisión para determinar qué están observando. En este caso, sin embargo, apareció una sola línea intensa, sin las señales adicionales que permitirían identificarla con seguridad.

El equipo comprobó que estaba presente en observaciones realizadas en agosto y noviembre de 2023, separadas por 88 días. Además, se registró en diferentes posiciones y orientaciones del telescopio, algo que reduce considerablemente la posibilidad de que se trate de un artefacto instrumental.

Pero existe otra anomalía. En observaciones anteriores del programa JADES, realizadas en 2022, el James Webb no había registrado una fuente correspondiente en ese lugar. Si la emisión hubiera permanecido estable, su intensidad debería haber permitido detectarla. Esto abre la posibilidad de que el fenómeno haya cambiado con el tiempo, aunque todavía no permite demostrar que se trate de una explosión o de un objeto transitorio.

Ni una galaxia ni un agujero negro explican fácilmente lo que ha encontrado el telescopio

Los científicos consideran varios escenarios. Uno es que se trate de una galaxia extremadamente distante, cuya luz habría viajado durante miles de millones de años antes de llegar al telescopio. Pero las identificaciones habituales de líneas de oxígeno, hidrógeno o hidrógeno de Lyman-alfa no encajan fácilmente con la intensidad observada y la ausencia de otras emisiones.

Otra posibilidad es que el fenómeno se encuentre mucho más cerca y sea de naturaleza transitoria: una supernova o una estrella destruida por las fuerzas gravitatorias de un agujero negro. Esas explicaciones podrían justificar que no apareciera en imágenes anteriores, aunque tampoco disponen todavía de las pruebas necesarias para confirmarse.

El trabajo original, firmado por Huberty y colaboradores, destaca precisamente esa combinación tan inusual: una señal intensa, detectada repetidamente, sin una fuente visible ni una identificación espectral convincente.

La clave podría estar en conseguir nuevas observaciones espectroscópicas de mayor profundidad. Si se detectan otras líneas, los astrónomos podrían estimar la distancia de la fuente e identificar los procesos físicos responsables. También será importante determinar si la emisión continúa presente o ha desaparecido. Existe, además, un resultado que va más allá del misterio particular. La técnica utilizada demuestra que el James Webb puede descubrir fuentes desconocidas sin depender exclusivamente de catálogos previos. Esto abre una nueva forma de investigar regiones del universo que parecían completamente exploradas.

El objeto de Fornax podría terminar siendo una galaxia excepcional, un fenómeno transitorio o algo que los modelos actuales todavía no describen correctamente. Lo único seguro, por ahora, es que el telescopio encontró luz donde las imágenes más profundas no mostraban ningún objeto capaz de producirla. Y esa es una de las grandes lecciones de la astronomía moderna: incluso los rincones del cielo que llevamos décadas observando pueden seguir ocultando sorpresas.

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