Durante años el CO₂ fue el enemigo principal del clima, pero ahora la ciencia confirma que no está solo. El metano, un gas invisible pero 80 veces más dañino que el dióxido de carbono en sus primeras décadas, se acumula en la atmósfera sin freno. El registro más completo hasta la fecha, con datos de 164 países y 120 sectores, advierte que sus emisiones no disminuyen y que urge actuar con rapidez.
El metano, el gran acelerador del calentamiento
Aunque permanece menos tiempo en la atmósfera que el CO₂, el metano concentra una capacidad desproporcionada para atrapar calor. En los últimos cinco años sus niveles crecieron más rápido que nunca, desafiando compromisos como el Global Methane Pledge, que buscaba reducir un 30% las emisiones para 2030. Hoy, la brecha entre promesas y resultados se agranda.
A pesar de los constantes embates contra la ganadería, la ciencia indica que las emisiones de metano de fuentes naturales y de combustibles fósiles SUPERAN a las fuentes agrícolas.
Dejen de repetir el informe de FAO de 2006. Por el amor de Alá.https://t.co/pFEQGK3vNN pic.twitter.com/txu0kGvUxX— José Jáuregui 🐄🍀 (@josephmjauregui) July 20, 2020
Agricultura, energía y residuos: los grandes responsables
La ganadería y el manejo del estiércol generan enormes cantidades de metano, especialmente en países con alto consumo de carne roja. El sector energético también libera fugas constantes durante la producción y transporte de gas, petróleo y carbón. A esto se suman los vertederos, donde la descomposición de residuos orgánicos en ausencia de oxígeno multiplica las emisiones.
El comercio internacional agrava la huella
El estudio subraya que cerca del 30% del metano está ligado al comercio global. Las cadenas de suministro trasladan la carga ambiental hacia países en desarrollo con menos capacidad tecnológica para controlar fugas o gestionar residuos, concentrando la contaminación en regiones con menos recursos para actuar.
Burbujas de metano en el lago Baikal en Rusia. Es el lago más grande (en volumen), más antiguo y más profundo del mundo, y contiene más del 20% del agua dulce no congelada del planeta.En el fondo del lago se acumula materia orgánica en descomposición que libera metano. (vía NASA) pic.twitter.com/NERsxoO01h
— Mar Gómez (@MarGomezH) December 29, 2020
Detectar fugas, clave para reducir rápido
Nuevas herramientas como el espectrómetro AVIRIS-NG o el instrumento EMIT, instalado en la Estación Espacial Internacional, permiten identificar “superemisores” de metano en gasoductos, vertederos y campos petroleros. Estas tecnologías ofrecen una ventaja crucial: traducir los datos en reparaciones inmediatas y reducciones tangibles de emisiones.
Una oportunidad estratégica para el clima
A diferencia del CO₂, el metano solo permanece en la atmósfera entre 7 y 12 años. Esto significa que los recortes actuales pueden tener un efecto casi inmediato en la ralentización del calentamiento. Reducir su liberación implica beneficios directos: aire más limpio, menos muertes por contaminación y mayor margen para aplicar soluciones de fondo contra el CO₂.
Fuente: Infobae.