Lo que parece una cordillera bañada por la luz es, en realidad, una muralla de polvo cósmico desgarrada por la fuerza de las estrellas. El Telescopio Espacial James Webb ha vuelto a sorprender al mundo con una imagen inédita de la Nebulosa de la Langosta, revelando con detalle cómo nacen los astros. Este escenario, al mismo tiempo fascinante y feroz, nos acerca al misterio de la creación estelar en el corazón de la Vía Láctea.
Una guardería de gigantes estelares
Pismis 24, situado a 5.500 años luz en la constelación de Escorpio, es uno de los viveros más cercanos donde se forman estrellas masivas. Allí brilla Pismis 24-1, durante mucho tiempo considerada la estrella más grande conocida, aunque en realidad está compuesta por dos astros de 74 y 66 masas solares respectivamente. Aun así, ambas figuran entre las más imponentes jamás registradas.

El arte de esculpir con radiación
Las jóvenes estrellas de Pismis 24, con temperaturas ocho veces superiores a las del Sol, generan radiación y vientos tan intensos que moldean la nebulosa a su alrededor. Cavidades, pilares y agujas de gas emergen como esculturas cósmicas. La más alta alcanza los 5,4 años luz, lo suficiente para albergar cientos de sistemas solares como el nuestro en su base comprimida.
Colores que revelan la química del cosmos
La imagen no solo deslumbra visualmente: cada color codifica información científica. El cian indica hidrógeno ionizado, el naranja revela moléculas de polvo similares al humo, el rojo muestra hidrógeno molecular frío y denso, y el negro corresponde a regiones de gas tan compacto que bloquea la luz. Miles de estrellas jóvenes aparecen como joyas brillantes, mientras que en el fondo se distinguen decenas de miles de astros de la galaxia.
Una hermosa y brillante escena del nacimiento de una estrella fue captada por el Telescopio James Webb. Lo que parece ser la cima de una montaña escarpada e iluminada por estrellas, acariciadas por nubes tenues, es en realidad polvo cósmico devorado por los vientos abrasadores y… pic.twitter.com/N1K9LHhBAt
— Rosario in Paris ᥫ᭡ (@chayito09) September 4, 2025
Webb, un ojo insustituible
Con un espejo dorado de 6,5 metros y tecnología de infrarrojo de última generación, el James Webb observa el universo con un detalle sin precedentes. La cooperación entre NASA, ESA y CSA permitió desarrollar esta herramienta capaz de mirar atrás en el tiempo hasta los primeros instantes tras el Big Bang. Gracias a él, escenas como la de Pismis 24 nos recuerdan que incluso las estrellas, aparentemente eternas, tienen un origen marcado por la energía y la transformación.
Fuente: Meteored.