En lo profundo del corazón helado de la Antártida, se está gestando una empresa científica sin precedentes. Un equipo internacional de expertos ha iniciado una operación para preservar cilindros de hielo que contienen secretos del pasado climático del planeta. En un mundo donde el calentamiento amenaza con borrar estas huellas, nace un santuario que promete protegerlas durante siglos.
Una cápsula del tiempo para el clima
Los núcleos de hielo son cilindros extraídos de glaciares y capas heladas que actúan como archivos naturales de miles de años. Cada segmento encierra burbujas de aire, partículas de polvo y trazas químicas que registran la evolución del clima terrestre con una precisión asombrosa. Gracias a ellos, los científicos pueden analizar cómo fluctuaban gases como el dióxido de carbono o el metano en distintas épocas.
Ante el avance del cambio climático y el retroceso de los glaciares, estos registros están en peligro inminente. Por ello, se ha concebido una solución radical: recolectarlos antes de que se derritan y trasladarlos al lugar más frío y estable del planeta.
El santuario polar: conservación sin electricidad

A partir de octubre, los primeros núcleos de hielo comenzarán su largo viaje desde los laboratorios europeos, donde han sido conservados tras ser extraídos de los Alpes entre 2016 y 2023. Atravesarán Nueva Zelanda y serán transportados en un rompehielos hasta el Alto Altiplano de la Antártida.
Allí se almacenarán en una cueva excavada en la nieve a una temperatura constante de -50 °C. Esta estrategia garantiza una conservación natural sin depender de sistemas eléctricos, evitando el riesgo de fallos técnicos o crisis energéticas.
El proyecto fue impulsado por la Fundación Ice Memory, formada por instituciones científicas de Francia, Italia y Suiza, con la visión de dejar un legado para generaciones futuras.
Hielo desde las cumbres del mundo
El santuario no dejará de crecer. En los próximos años, se sumarán cilindros de regiones remotas como el Pamir, en Tayikistán, donde se extraerán muestras a más de 5800 metros de altitud. Estos registros, de más de 100 metros de longitud, contienen datos que podrían marcar la diferencia en futuras investigaciones.
Según los científicos, el valor de esta información va más allá de lo científico: permitirá orientar políticas sostenibles y preparar a la humanidad para los desafíos del futuro.
Fuente: Meteored.