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Ciencia

El Sol puede apagar nuestra civilización en horas. Y los científicos advierten que no estamos preparados para un nuevo evento “matatecnologías”

Internet, satélites, nubes de datos y computación avanzada no sobrevivirían a una supertormenta solar. Investigadores de la UNAM alertan que el riesgo es real y que el reloj ya está corriendo.
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El mayor peligro para nuestra civilización hiperconectada no viene del espacio profundo, ni de un asteroide, ni de una invasión extraterrestre. Viene de algo mucho más cercano, cotidiano y engañosamente familiar: el Sol.

Un grupo de investigadores de la UNAM acaba de lanzar una advertencia incómoda: existe una probabilidad real de que se repita un evento solar similar —o incluso superior— al de 1859, conocido como la Tormenta de Carrington. Y si ocurre hoy, el impacto no sería anecdótico. Sería sistémico.

El día que el Sol ya lo hizo una vez

El 1 de septiembre de 1859, el astrónomo inglés Richard Carrington observó algo extraño mientras dibujaba manchas solares: dos destellos blancos intensos que aparecieron y desaparecieron en cuestión de minutos. Horas después, la Tierra fue golpeada por la tormenta geomagnética más potente registrada.

Las consecuencias fueron inmediatas. Las redes telegráficas fallaron. Algunos operadores recibieron descargas eléctricas. Las auroras se vieron en lugares tan improbables como el Caribe. En aquel mundo analógico, el evento fue una rareza histórica.

En el mundo actual, sería un desastre global.

Tormentas “matatecnologías”: el término no es exagerado

Víctor Manuel Velasco Herrera, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, no utiliza eufemismos. Llama a estos eventos tormentas “matatecnologías”. Y tiene razones para hacerlo.

Satélites, GPS, internet, centros de datos, redes eléctricas, dispositivos inteligentes, computación cuántica: toda la arquitectura invisible que sostiene nuestra vida moderna es extremadamente vulnerable a una superllamarada solar.

“Si ocurre un evento tipo Carrington en estos días, nos dejaría incomunicados no por días, sino por meses o años”, advierte. “Sería análogo a una nueva quema de la Biblioteca de Alejandría”.

No se trata solo de perder conexión. Se trata de perder información. De perder sistemas. De perder infraestructura crítica.

El ciclo solar 25 y la mala noticia

El Sol atraviesa actualmente su ciclo 25, uno de los periodos de mayor actividad. Eso implica más manchas solares, más fulguraciones y más eyecciones de masa coronal.

Velasco Herrera señala que las grandes explosiones van a seguir observándose en los próximos años. Y que no es extraño que aparezcan auroras en latitudes donde normalmente no se ven.

El mensaje es claro: no estamos en una fase tranquila.

En mayo de 2024, se registró la mayor explosión solar observada instrumentalmente. Para los investigadores que estudian estos fenómenos, fue una señal de alarma. No un récord bonito. Una advertencia.

Dependencia total, vulnerabilidad total

En 1859, la sociedad podía seguir funcionando sin telégrafo. Hoy, no podemos funcionar sin comunicaciones.

La logística, la banca, la energía, la salud, la defensa, la navegación, la meteorología, la economía: todo depende de sistemas electrónicos interconectados y, en muchos casos, de satélites.

Una supertormenta solar podría dañar transformadores, quemar componentes, inutilizar satélites y dejar regiones enteras sin electricidad durante periodos prolongados.

No hay botón de reinicio para eso.

La carrera contra el reloj

Velasco Herrera es tajante: estamos en una carrera contra el tiempo. No para evitar la tormenta —eso es imposible— sino para preparar tecnología capaz de sobrevivirla.

Eso implica formar nuevas generaciones de especialistas, desarrollar infraestructura más resistente y diseñar sistemas que no colapsen ante una descarga electromagnética masiva.

El problema es que la innovación tecnológica avanza más rápido que la protección. Y cada nuevo dispositivo conectado es también un nuevo punto vulnerable.

El Sol no es el enemigo, pero tampoco es benigno

No hay dramatismo innecesario en estas advertencias. Hay realismo.

El Sol es una estrella activa. Siempre lo fue. Siempre lo será. La diferencia es que ahora nuestra civilización depende de tecnologías que no existían cuando ocurrió el último gran evento.

Y eso cambia todo.

No sabemos si la próxima gran tormenta ocurrirá mañana o dentro de diez años. Pero sabemos que ocurrirá.

La pregunta no es si estamos a tiempo. La pregunta es si estamos haciendo algo.

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