Imagina que un d√≠a tu vida da un vuelco y tienes que permanecer escondido en una cueva durante a√Īos sin que absolutamente nadie te vea. Dos hombres hicieron precisamente eso durante 27 y 30 a√Īos. Esta es la alucinante historia de uno de ellos. La otra ya te la contamos.

El 24 de enero de 1972, dos locales de la aldea de Talofofo, en la parte sur de Guam, estaban cazando a lo largo del r√≠o cuando escucharon un sonido extra√Īo en una zona boscosa. Al principio pensaron que era un animal, pero el movimiento de las ramas indicaba otra cosa. Quiz√°s fuera alg√ļn ni√Īo en los arbustos, pensaron los cazadores.

Sin embargo, lo que iban a ver era mucho más sorprendente, y para entenderlo había que retroceder casi tres décadas.

Los rezagados

Imagen: Infantes de marina en Guam (AP)

Guam, la isla en el Pac√≠fico occidental, se convirti√≥ en posesi√≥n de Estados Unidos en 1898 despu√©s de la guerra hispanoamericana. En 1941, los japoneses la atacaron y se hicieron con ella, y en 1944, tras tres a√Īos de ocupaci√≥n japonesa, las fuerzas estadounidenses la retomaron.

El 2 de septiembre de 1945, menos de un mes después de que se lanzaran las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, los representantes del Imperio de Japón firmaron la rendición incondicional del país a los Aliados. El evento, que oficialmente marcó el final de la Segunda Guerra Mundial, tuvo lugar en la cubierta del USS Missouri anclado en la Bahía de Tokio.

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En todo el este de Asia y el Pacífico comenzó el desarme masivo de las fuerzas japonesas imperiales: se recolectaron armas, se interrogó y documentó a los oficiales, se relevó a los soldados y se enviaron a casa.

Sin embargo, para unos pocos soldados japoneses, la guerra durar√≠a meses, a√Īos e incluso d√©cadas. Para ellos, los conocidos como holdouts, la guerra no pod√≠a terminar as√≠. Para estos veteranos de combate, la guerra perdura en recuerdos de camarader√≠a, p√©rdida, orgullo y verg√ľenza.

Imagen: Dominio p√ļblico

Durante la contienda, Jap√≥n hab√≠a enviado tropas a casi todas las islas habitables del Pac√≠fico con el √ļnico cargo de defender al Emperador y su territorio con sus propias vidas. Algunos soldados estaban tan aislados de la civilizaci√≥n que, o bien no sab√≠an que la guerra hab√≠a terminado, o simplemente se negaban a creerlo.

En Guam, Indonesia y Filipinas, especialmente, docenas de soldados continuarían realizando ataques de guerrilla contra las fuerzas militares y policiales locales. Las fuerzas aliadas emplearon todo tipo de tretas en la jungla con folletos que anunciaban el fin, pero los holdouts continuaron con su lucha.

Algunos incluso se ofrecieron como voluntarios para luchar junto a los movimientos de independencia vietnamitas e indonesios hasta bien entrados los a√Īos 50. Estos hombres se retiraron a selvas remotas y monta√Īosas mientras las fuerzas aliadas retomaban docenas de islas del Pac√≠fico conquistadas por Jap√≥n.

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Un recuento oficial de 127 holdouts se rindi√≥ en varios lugares en el √Ārea del Pac√≠fico entre 1947 y 1974. Este n√ļmero no incluye a los muchos que murieron en sus escondites, y solo se descubrieron d√©cadas m√°s tarde.

Y una de las historias m√°s sorprendentes fue la de Shoichi Yokoi.

Tres décadas esperando órdenes

Shoichi Yokoi
Imagen: Dominio p√ļblico

Yokoi fue un sargento en el Ejército Imperial Japonés estacionado en Guam durante la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Nació el 31 de marzo de 1915 y se crió en la ciudad de Nagoya, Saori, en la Prefectura de Aichi, en el centro de Japón.

Shoichi trabaj√≥ como aprendiz de sastre cuando fue reclutado para el servicio militar en 1941. Luego sirvi√≥ en la 29 Divisi√≥n de Infanter√≠a que enviaron a Manchuko en el noreste de China. M√°s tarde los transfirieron al 38¬ļ Regimiento y lo enviaron a Guam en febrero de 1943. Mientras estaba en la isla, al sargento de 28 a√Īos le asignaron el cuerpo de suministros de la naval japonesa.

Cuando en julio de 1944 las fuerzas estadounidenses regresaron a Guam y se enfrentaron en una sangrienta batalla por la posesión de la isla, el regimiento de Yokoi quedó prácticamente aniquilado. De hecho, se presumía que el mismo Yokoi había muerto en la batalla. Incluso hubo un anuncio oficial en 1955 del gobierno japonés oficializando su muerte.

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Imagen: Bombardeo de Guam el 14 de julio de 1944 antes de la batalla (Dominio p√ļblico)

Y es que con la ruptura del comando japon√©s en Guam, los soldados como Yokoi tuvieron que valerse por s√≠ mismos bajo un √ļnico dogma a tener en cuenta: elegir siempre la muerte a la desgracia de ser capturados vivos.

Seg√ļn el historiador F. Rogers, en las siguientes semanas los soldados estadounidenses e incluso los civiles persiguieron a los holdouts japoneses en la denominada Patrulla de Combate. Para septiembre de 1944, casi 5.000 holdouts hab√≠an sido asesinados a pesar de los folletos y propaganda de Estados Unidos que exig√≠a su rendici√≥n.

Para el final de la guerra en agosto de 1945, se creía que alrededor de 130 holdouts que no creían que la batalla hubiera terminado continuaban su lucha por su cuenta, tratando de sobrevivir a pesar de sus terribles circunstancias. Durante las siguientes tres décadas, 114 holdouts se rindieron, el resto murió asesinado.

Imagen: Soldados japoneses capturados en la jungla (AP)

¬ŅY Yokoi? ¬ŅHab√≠a muerto realmente?

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Mientras la mayoría de los soldados japoneses fueron capturados o asesinados, Yokoi, en un grupo de diez personas, se retiró a las profundidades de la selva. Estos diez hombres no tardaron mucho en darse cuenta de que un grupo tan grande sería fácilmente descubierto.

Siete de ellos partieron a otras áreas; Lo que les ocurrió todavía es una incógnita. Los tres hombres restantes, incluido Yokoi, se dividieron en diferentes escondites en la zona, aunque durante un tiempo siguieron visitándose entre sí.

El grupo escuch√≥ que la guerra hab√≠a terminado alrededor de 1952. Sin embargo, no estaban seguros de que la informaci√≥n fuera cierta y tem√≠an por sus vidas si los capturaban o se rend√≠an, por lo que decidieron permanecer escondidos. Yokoi crey√≥ firmemente que sus antiguos compa√Īeros alg√ļn d√≠a volver√≠an por √©l.

Mapa que muestra el progreso de la campa√Īa de Guam
Imagen: Grandiose (CC BY-SA 3.0)

En los primeros meses despu√©s de la guerra, Yokoi y sus compa√Īeros aprendieron c√≥mo atrapar y cocinar alimentos en medio de la selva. Comenzaron a fabricar su propio calzado, como sandalias tejidas con fibras vegetales, e incluso comenzaron a reparar sus ropas con pieles de sapo secas.

Sobre 1964, Yokoi supo que ya estaba solo en su aventura: encontr√≥ a sus dos compa√Īeros muertos, cada uno en su escondite, y los enterr√≥ en la selva. La agon√≠a que mostraban las expresiones de ambos parec√≠a indicar claramente que murieron de hambre.

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Imagen: La ‚Äúcueva‚ÄĚ de Yokoi (Dominio p√ļblico)

Yokoi tard√≥ algo m√°s de tres meses en cavar su propia ‚Äúcueva‚ÄĚ, no lejos de las cataratas Talofofo, de unos metros de profundidad. Apoyada por grandes tiras de bamb√ļ, la peque√Īa habitaci√≥n subterr√°nea ten√≠a una peque√Īa entrada oculta y una segunda abertura como suministro de aire.

En el interior se escondía de día y guardaba sus pocas pertenencias. Que se sepa, solo dejaba la cueva en la oscuridad de la noche. Al principio le costaba cazar, pero con el tiempo se hizo un experto alimentándose de peces, ranas, serpientes o incluso ratas capturadas.

Tambi√©n aprendi√≥ a usar las frutas y verduras que encontr√≥ en su camino. De hecho, dos de sus tesoros m√°s preciados fueron una trampa de anguila que se hizo √©l mismo, y un telar con el que hizo ropa con fibras locales de la corteza del hibisco, en este caso con el conocimiento que ten√≠a anteriormente como sastre. Seg√ļn explic√≥:

Obtener la comida necesaria era una dificultad continua. Era la tarea m√°s dif√≠cil, a pesar del hecho de que se dice que la comida en la jungla es abundante. Mi dieta inclu√≠a mangos, varios frutos secos, cangrejos, langostinos, caracoles, ratas, anguilas o cerdos salvajes. Aunque no ten√≠a sal para darle sabor o como conservante, herv√≠a los cocos en leche de coco. Constru√≠ peque√Īas trampas y atrap√© camarones y anguilas del r√≠o. Puse coco rallado en las trampas para servir de cebo.

Imagen: Prisioneros japoneses en Guam (AP)

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Con las ratas tambi√©n desarroll√≥ un tipo de trampa con alambre basada a su vez en un dise√Īo antiguo muy com√ļn en Jap√≥n. La trampa med√≠a unos cent√≠metros y al menor toque del cebo hac√≠a que se cerrase. Al parecer, con el tiempo lleg√≥ a encontrar la carne de rata ‚Äúbuena‚ÄĚ, especialmente el h√≠gado.

En cualquier caso, dec√≠a que no pod√≠a darse el lujo de preocuparse por si le ‚Äúgustaba‚ÄĚ o no alguno de los alimentos que obten√≠a. Se com√≠a todo lo que pasaba por delante. En una ocasi√≥n describi√≥ c√≥mo despu√©s de atrapar a un cerdo salvaje se puso muy enfermo. Aparentemente, no lo hab√≠a cocinado lo suficientemente bien y experiment√≥ fuertes dolores de est√≥mago durante m√°s de un mes.

En cuanto al agua, aunque abundante y clara, Yokoi siempre la hervía antes de beberla como precaución. Para encender un fuego usaba una lente de linterna que mantenía entre sus pertenencias desde su huída.

Imagen: Prisioneros japoneses en Guam (AP)

As√≠ fueron pasando los d√≠as, las semanas, los meses y finalmente los a√Īos, hasta que 30 a√Īos despu√©s, alrededor de las 6:30 pm, escucha lo que parecen dos personas hablando.

Y ahora s√≠, volvemos a esa escena del comienzo donde dos cazadores advirtieron algo extra√Īo que se mov√≠a entre las ramas. Ambos estaban revisando sus trampas para peces en el r√≠o Talofofo cuando notaron un ruido.

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De los arbustos emergi√≥ un japon√©s mayor con aspecto salvaje que llevaba una trampa para camarones. Asustado por la visi√≥n de otros humanos despu√©s de tantos a√Īos, Yokoi intent√≥ agarrar uno de los rifles del cazador, pero debilitado como estaba, no era rival para los dos hombres.

Yokoi, que en ese momento ten√≠a realmente 57 a√Īos, todav√≠a tem√≠a que su vida corriera peligro y se asust√≥. Durante todos estos a√Īos hab√≠a so√Īando con un primer encuentro de uno de sus superiores, alguien que por fin le dijera que no hab√≠a nada que temer y que pod√≠a salir de su escondite.

Los cazadores finalmente sometieron al hombre y lo sacaron atado y ligeramente magullado. Mientras lo conduc√≠an a trav√©s de la jungla, el soldado pidi√≥ que lo mataran all√≠ mismo. Tem√≠a que lo tomar√≠an como prisionero de guerra, y eso habr√≠a sido la mayor verg√ľenza para un soldado japon√©s y su familia.

Sin embargo, a Yokoi lo trataron con amabilidad, lo alimentaron antes de llevarlo a la policía, donde el teniente lo describió como:

Alto, flaco, pálido, extremadamente débil, barba corta, cabello áspero recortado en la espalda, descalzo y vestido con pantalones cortos y camisa sucia.

Imagen: Yoko 10 días después de que lo encontraran (AP)

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Yokoi se identific√≥ como un sargento del ej√©rcito y declar√≥ que se hab√≠a escondido en la jungla junto con otras dos personas que hab√≠an muerto (ocho a√Īos antes), probablemente de inanici√≥n. Tambi√©n se√Īal√≥ que la ropa que llevaba estaba hecha de fibras que √©l mismo hab√≠a tejido.

Posteriormente fue entrevistado en el cuartel general de la polic√≠a por el c√≥nsul japon√©s James Shintaku. Yokoi le dio al c√≥nsul una lista de familiares que esperaba que a√ļn estuvieran vivos en Jap√≥n. Tambi√©n revel√≥ que originalmente hab√≠a diez hombres que hab√≠an escapado a la jungla, e incluso sab√≠a que era 1972 (al parecer, siguiendo el paso del tiempo por las fases de la luna).

Imagen: Yoko en 1972 (AP)

Shoichi Yokoi regresó a Japón en febrero de 1972 y recibió una bienvenida con honores de héroe. Sin embargo, el ex soldado encontró que la transición de hombre solitario a personaje célebre era más difícil de lo que pensaba. Llegó a Tokio, donde, rodeado de un gran grupo de medios de comunicación, parecía desconcertado e incapaz de responder las preguntas que le hacían. Sus primeras palabras, transmitidas a nivel nacional:

Vuelvo a casa con mucha verg√ľenza.

Imagen: Yokoi a su llegada a Japón (AP)

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A finales de 1972, tratando de reanudar una vida normal, Yokoi contrajo matrimonio con Mihoko, 13 a√Īos menor que √©l, y se establecieron en la ciudad de Nagoya. Para entonces, Yokoi ya sab√≠a que nunca iba a conseguir la paz que tuvo durante casi 30 a√Īos, se sent√≠a como un extra√Īo en un Jap√≥n moderno irreconocible al que hab√≠a dejado, con un avance tecnol√≥gico y un desarrollo econ√≥mico que no entend√≠a.

Dos a√Īos despu√©s de su aparici√≥n, en 1974, escribi√≥ un libro de gran √©xito con sus memorias, Private Yokoi‚Äôs War and Life on Guam, 1944-1972, sobre su experiencia en Guam. Ese mismo a√Īo se postul√≥ sin √©xito para un esca√Īo en la c√°mara alta del Parlamento de Jap√≥n.

Imagen: Portada de las memorias de Yokoi (Amazon)

A medida que fue pasando el tiempo Yokoi se volvi√≥ m√°s nost√°lgico y recordaba sus √ļltimos a√Īos en Guam con cierta a√Īoranza. De hecho, regres√≥ a la isla varias veces antes de su muerte el 22 de septiembre de 1997 a la edad de 82 a√Īos.

La historia de Yokoi, como la de Hiro Onoda que contamos hace un tiempo, son tan similares que a menudo se confunden. En ambos casos sus protagonistas lucharon, primero por sobrevivir en solitario a décadas de aislamiento en la selva, y posteriormente por encontrar su lugar en el mundo moderno.

Hoy, el soldado sastre de Jap√≥n sigue siendo una figura √ļnica en la historia de Guam y es recordado por su ins√≥lita haza√Īa: sobrevivir 27 a√Īos en la selva... a lo que habr√≠a que a√Īadir ‚Äúesperando √≥rdenes de sus superiores‚ÄĚ. Algunas de sus posesiones m√°s precisadas de aquellos a√Īos, incluyendo sus trampas de anguilas, a√ļn se exhiben en un peque√Īo museo en la isla. [BBC, New York Times, Wikipedia, CNN, Private Yokoi‚Äôs War and Life on Guam, 1944‚Äď72]