Cada año, a comienzos de julio, la Tierra alcanza el punto más lejano de su órbita respecto al Sol. Y sin embargo, mientras ese momento se produce, en el hemisferio norte el calor se vuelve casi insoportable. ¿Cómo puede coincidir el máximo alejamiento con las temperaturas más extremas? La clave está en un detalle que no muchos conocen, pero que define nuestras estaciones.
El efecto engañoso de la distancia
A simple vista, parecería lógico que cuanto más cerca estemos del Sol, más calor haga. Pero esta idea, aunque intuitiva, no refleja cómo funciona realmente el sistema climático terrestre. La distancia de la Tierra al Sol varía ligeramente a lo largo del año, pero esa diferencia es mínima en comparación con otro factor crucial: la inclinación del eje terrestre.
Durante el afelio —el punto más lejano del Sol, que este año se alcanzó el jueves a las 15:55 (hora de Miami)—, la Tierra se encuentra a unos 152 millones de kilómetros del astro rey. Esto son aproximadamente 5 millones de kilómetros más que en el perihelio, su punto más cercano, a comienzos de enero. Sin embargo, esta diferencia representa solo un 3,3 % respecto a la distancia media, lo cual tiene un efecto insignificante en las temperaturas globales.

El verdadero protagonista del verano
Lo que realmente determina la intensidad del calor estacional es la inclinación de la Tierra sobre su eje, de unos 23,5 grados. Esta inclinación hace que en julio el hemisferio norte se oriente directamente hacia el Sol. Como resultado, los días son más largos, los rayos solares llegan en un ángulo más perpendicular y la energía solar es más intensa.
Por ejemplo, ciudades cercanas a los 30 grados de latitud norte —como Phoenix o Houston— reciben en verano más del doble de energía solar que en invierno. En latitudes más altas, como Nueva York o Denver, esa diferencia puede acercarse al 300 %.
Así que, aunque el Sol esté más lejos, el ángulo con el que sus rayos nos alcanzan es lo que provoca el calor veraniego. En definitiva, lo que convierte a julio en el mes más caluroso del año no es la proximidad al Sol, sino la forma en que estamos orientados hacia él.
Fuente: CNN Español.