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El verdadero secreto del hielo resbaladizo: no es calor ni presión, sino desorden molecular

Durante siglos se enseñó que el hielo era resbaladizo porque la presión o el calor generaban una capa de agua líquida en su superficie. Un nuevo estudio internacional demuestra que no es así: la fricción se debe a una fina película amorfa creada por interacciones moleculares. El hallazgo redefine la física del hielo

Esquiar a -40 °C parecía imposible según la explicación clásica: no habría calor suficiente para formar la capa de agua que permitiría el deslizamiento. Sin embargo, la ciencia acaba de demostrar que esa idea era errónea. Un equipo de la Universidad del Sarre, liderado por Martin Müser, descubrió que el hielo se vuelve resbaladizo gracias a un mecanismo mucho más sutil: el desorden eléctrico de sus moléculas, capaz de crear una película lubricante incluso en frío extremo.

El mito del calor derritiendo el hielo

Durante casi dos siglos se creyó que el peso de un patinador o la fricción de unos esquís bastaban para generar calor y fundir una fina capa superficial. Esta agua líquida sería la responsable del deslizamiento. La hipótesis, atribuida a James Thompson, se mantuvo vigente en manuales escolares y universitarios.

Las nuevas simulaciones moleculares demuestran lo contrario: el hielo sigue siendo resbaladizo incluso sin calor ni presión significativos. La capa lubricante existe, pero no es agua líquida, sino una película amorfa formada por el desorden de las moléculas de agua.

El verdadero secreto del hielo resbaladizo: no es calor ni presión, sino desorden molecular
© FreePik

Amorfización inducida: el desorden como lubricante

El estudio, publicado en Physical Review Letters, muestra que la interacción de los dipolos eléctricos de las moléculas de agua con la superficie de otro material rompe el orden cristalino del hielo. Esto provoca una transición a un estado amorfo: ni sólido ni líquido, pero sí lo suficientemente inestable para permitir el deslizamiento.

Incluso cerca del cero absoluto, las interacciones eléctricas persisten, garantizando la existencia de esa capa ultrafina. El resultado es una superficie resbaladiza que no necesita calor para formarse.

La importancia del material en contacto

Las simulaciones también revelaron que no todas las superficies se comportan igual. Los materiales hidrofóbicos, que repelen el agua, favorecen un deslizamiento más eficiente que los hidrofílicos. En otras palabras, unas suelas lisas y repelentes al agua resbalan más que otras que atraen las moléculas de agua.

El verdadero secreto del hielo resbaladizo: no es calor ni presión, sino desorden molecular
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Este hallazgo explica por qué ciertos materiales deportivos o industriales ofrecen mejor rendimiento sobre hielo y apunta a posibles innovaciones en el diseño de equipos y recubrimientos.

Consecuencias para la ciencia y la vida diaria

El descubrimiento obliga a revisar cómo se explica la fricción del hielo en los libros de texto y ofrece aplicaciones prácticas. Conocer el mecanismo real permitirá desarrollar tecnologías antifricción, mejorar la seguridad en carreteras heladas y optimizar equipos deportivos.

Más allá de la enseñanza, la conclusión es clara: el hielo resbala no porque se derrita bajo nuestros pies, sino porque sus moléculas, sometidas a una danza caótica, crean una capa amorfa invisible que actúa como lubricante natural.

Fuente: Infobae.

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