Cuando un cometa se acerca al Sol, su velocidad aumenta por efecto de la gravedad. Pero lo que ocurre con 3I/ATLAS rompe esa regla. El visitante interestelar ha comenzado a acelerar sin motivo aparente, y los científicos de la NASA intentan descifrar qué fuerza lo impulsa en el vacío. Las hipótesis van desde reacciones químicas hasta teorías mucho más intrigantes.
El visitante que no obedece las leyes del sistema solar
3I/ATLAS, uno de los objetos interestelares más enigmáticos observados por la NASA, alcanzó recientemente su perihelio (el punto más cercano al Sol) y comenzó a mostrar un comportamiento que ha desconcertado a los expertos: una aceleración que no puede explicarse únicamente por la gravedad.
Normalmente, la fuerza del Sol atrae con más intensidad a los cuerpos que se aproximan a él, provocando un aumento natural de velocidad. Sin embargo, en este caso, los cálculos no encajan. Según un informe del ingeniero Davide Farnocchia, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), el cometa muestra claros signos de “aceleración no gravitacional”, un fenómeno que sugiere la presencia de fuerzas adicionales actuando sobre el objeto.
Este tipo de comportamiento ya se había detectado antes en el cometa interestelar ‘Oumuamua, que en 2017 dejó perplejos a los astrónomos por su trayectoria anómala. Ahora, el 3I/ATLAS parece seguir un patrón similar.
La explicación más probable
Los astrónomos creen que la causa más probable de esta aceleración es la pérdida de masa del cometa, que libera partículas y gas al calentarse, generando una especie de propulsión natural. De hecho, los cálculos sugieren que el objeto podría estar perdiendo entre una décima y un sexto de su masa total en apenas unas semanas.
Al expulsar estos materiales, el cometa crea un “efecto motor” que lo impulsa ligeramente hacia adelante, como un cohete que se propulsa con su propio escape. Sin embargo, la intensidad del cambio en la velocidad ha sido mayor de lo esperado, lo que sugiere que el 3I/ATLAS podría contener una composición inusual, más rica en volátiles y hielo de lo que se pensaba.
Pero existe una hipótesis más polémica, propuesta por Avi Loeb, físico teórico de Harvard: que el 3I/ATLAS no sea un cometa natural, sino una sonda artificial enviada por una civilización inteligente. Según Loeb, el patrón de aceleración y la aparente reducción de velocidad en el perihelio podrían ser señales de un mecanismo de control interno. Aunque la mayoría de los científicos descarta esta idea, el debate ha vuelto a dividir a la comunidad astronómica.

Lo que la NASA busca descubrir
Desde un punto de vista científico, la aceleración del 3I/ATLAS representa una oportunidad única para entender mejor cómo se comportan los objetos que llegan desde fuera de nuestro sistema solar. Este tipo de fenómenos revela que no todos los visitantes interestelares obedecen las mismas reglas físicas que los cometas tradicionales.
Además, los investigadores creen que el 3I/ATLAS podría liberar una pluma de gas de más de 5.000 millones de toneladas, lo que ayudaría a medir la cantidad exacta de material que pierde y, con ello, confirmar si su aceleración es puramente natural.
Durante los próximos meses, los telescopios de la NASA y la ESA seguirán su trayectoria mientras el cometa se aleja del Sol. Cada imagen capturada podría ofrecer nuevas pistas sobre su estructura, su origen y la composición de los sistemas estelares de los que procede.
Un mensaje del cosmos aún por descifrar
Más allá de las hipótesis técnicas o las teorías especulativas, lo cierto es que 3I/ATLAS está comportándose de forma que ningún otro cometa conocido lo ha hecho antes. Su aceleración sin causa gravitacional demuestra que aún queda mucho por aprender sobre los objetos que vagan entre las estrellas.
Quizá este visitante no traiga respuestas, pero sí una pregunta universal: ¿qué otras fuerzas desconocidas actúan más allá del alcance de nuestro Sol?
[Fuente: La Razón]