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Ciencia

En 1971, un astronauta llevó un pequeño bosque a la Luna. Al volver, un accidente hizo pensar que todo estaba perdido

Stuart Roosa llevó cientos de semillas alrededor de la Luna en el Apollo 14. Al regresar, su contenedor se rompió y quedaron expuestas al vacío. Contra todo pronóstico, muchas germinaron y hoy sus descendientes siguen creciendo.
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Mientras Alan Shepard y Edgar Mitchell caminaban sobre la Luna en febrero de 1971, un tercer astronauta daba vueltas alrededor de ellos dentro del módulo de mando Kitty Hawk. Stuart Roosa llevaba instrumentos, cámaras y todo lo necesario para completar su parte de la misión Apollo 14.

También llevaba un pequeño bosque potencial dentro de una lata.

En su equipaje personal viajaban cientos de semillas de cinco especies: pino taeda, sicómoro americano, liquidámbar, secuoya costera y abeto de Douglas. La NASA suele cifrar aquel cargamento en unas 400 o 500 semillas, aunque algunos registros históricos posteriores mencionan cantidades mayores. Habían llegado hasta allí gracias a una colaboración bastante peculiar entre la NASA y el Servicio Forestal de Estados Unidos.

Roosa tenía una conexión especial con los árboles. Antes de convertirse en piloto de pruebas y astronauta había trabajado como smokejumper: uno de los bomberos forestales que se lanzaban en paracaídas sobre zonas remotas para combatir incendios.

Ahora estaba llevando parte de aquel mundo hasta la Luna.

Las semillas dieron 34 vueltas alrededor de la Luna. Lo peor ocurrió al regresar

Las semillas nunca tocaron la superficie lunar. Mientras Shepard y Mitchell permanecían en Fra Mauro, Roosa continuó orbitando nuestro satélite y completó 34 vueltas alrededor de la Luna con ellas a bordo. Otro grupo idéntico había quedado en la Tierra para comprobar posteriormente si el viaje espacial provocaba alguna diferencia.

La parte peligrosa llegó después del regreso. Durante los procedimientos de descontaminación en el Lunar Receiving Laboratory, el recipiente sufrió un problema de presión. El contenedor se abrió, las bolsas interiores reventaron, las semillas se mezclaron y quedaron expuestas al vacío. Stanley Krugman, el genetista del Servicio Forestal encargado del proyecto, llegó a temer que ya no fueran viables. 

Aun así, decidieron plantarlas. Los primeros intentos en Houston demostraron que algunas podían germinar, aunque aquellas plántulas iniciales no sobrevivieron bien debido a las instalaciones disponibles. El resto acabó distribuido entre estaciones forestales de Mississippi y California. Y allí ocurrió lo inesperado: crecieron con normalidad.

NASA señala que finalmente se obtuvieron unos 450 plantones. No aparecieron mutaciones espectaculares ni diferencias evidentes frente a los árboles cuyas semillas jamás habían abandonado nuestro planeta.

El experimento había producido algo científicamente bastante mundano y, al mismo tiempo, extraordinario.

Nadie apuntó dónde plantaron todos los árboles

En 1971, un astronauta llevó un pequeño bosque a la Luna. Al volver, un accidente hizo pensar que todo estaba perdido
© NASA.

Durante la celebración del bicentenario estadounidense de 1976, muchos de aquellos árboles comenzaron a repartirse por escuelas, universidades, centros de la NASA, edificios públicos y parques. Otros viajaron fuera de Estados Unidos.

Con los años, algunos murieron, se retiraron placas y otros quedaron simplemente integrados en el paisaje. Había un problema bastante sorprendente para una agencia capaz de enviar personas a la Luna: nadie había conservado un inventario sistemático de todos ellos. 

La historia comenzó a reconstruirse en 1996 gracias a Joan Goble, una profesora de tercer grado de Indiana. Encontró un árbol identificado como Moon Tree, preguntó a NASA qué significaba aquello y acabó despertando la curiosidad del científico David Williams.

Williams comenzó a buscar archivos, noticias antiguas y testimonios. Poco a poco, personas de todo Estados Unidos empezaron a escribir a NASA contando que también tenían uno cerca. La agencia mantiene actualmente una lista de ubicaciones conocidas, aunque advierte que sigue siendo incompleta.

La NASA decidió repetir la historia medio siglo después

Los árboles originales no son además el final del experimento. Muchos produjeron semillas y esquejes con los que surgieron los llamados Moon Trees de segunda generación. En junio de 2026, por ejemplo, la tripulación de Artemis II participó en la dedicación de uno de esos descendientes (un pino taeda) en el Johnson Space Center. Y en 2022 NASA decidió cerrar el círculo.

La misión Artemis I llevó una nueva colección de semillas alrededor de la Luna, recuperando la idea de Apollo 14 más de medio siglo después. Tras volver a la Tierra, los nuevos plantones comenzaron a distribuirse entre instituciones educativas y espacios públicos.

Las semillas de Roosa no descubrieron una nueva forma de vida ni regresaron transformadas por el espacio. Su legado terminó siendo bastante más extraño. Un astronauta llevó un bosque a la Luna antes de que existiera. Más de 55 años después, parte de aquel bosque sigue creciendo aquí abajo.

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