Mientras la exploración científica sigue siendo relevante, las prioridades de las potencias espaciales han cambiado. La instalación de reactores nucleares en la Luna no es solo una cuestión tecnológica, sino un nuevo capítulo en la competencia global por el control del espacio. La NASA ha recibido una orden urgente que podría definir el futuro de la presencia humana fuera de la Tierra.
Una carrera espacial con nombre propio
La Luna vuelve a estar en el centro de una carrera geopolítica. Esta vez, el detonante no son banderas ni astronautas plantando estacas, sino reactores nucleares. Estados Unidos quiere ser el primero en encender uno en la superficie lunar antes de que lo hagan China y Rusia, quienes ya han anunciado sus planes conjuntos de instalar una base científica, la ILRS, que incluirá una fuente de energía nuclear.
La nueva orden, impulsada por el actual administrador en funciones de la NASA, Sean Duffy —nombrado tras la salida de Jared Isaacman—, pone en marcha un plan urgente para tener operativo un reactor de fisión en la Luna en el primer trimestre de 2030.

Una amenaza velada: la zona de exclusión lunar
La directiva, filtrada por NASA Watch, advierte que si China y Rusia logran encender primero su reactor, podrían declarar una zona de exclusión en torno a su base, limitando la actividad estadounidense en esa región lunar. El mensaje es claro: quien controle la energía, controlará el territorio.
Para adelantarse, la NASA deberá construir un sistema con al menos 100 kW de potencia —más del doble del proyecto original—, utilizando turbinas de ciclo Brayton y un sistema de lanzamiento capaz de transportar al menos 15 toneladas.
La energía como condición para la vida lunar
Las bases lunares enfrentan un problema fundamental: la noche lunar dura más de 14 días terrestres, lo que convierte la energía solar en una solución inviable para garantizar soporte vital y calefacción.

Por ello, la energía nuclear se plantea como la única alternativa viable para una colonia tripulada. Esta urgencia coincide con el cambio de enfoque de la NASA: más fondos para misiones humanas y recortes en proyectos científicos no prioritarios, como sondas planetarias.
El espacio, otra vez terreno de rivalidad global
El mandato a la NASA no es solo un desafío técnico, sino un movimiento estratégico de Estados Unidos para no perder influencia frente al bloque sino-ruso. Si bien los detalles técnicos ya estaban en desarrollo, el nuevo calendario es agresivo, y el sector privado estadounidense jugará un papel clave.
Todo indica que el espacio vuelve a ser una extensión de la geopolítica terrestre. Pero esta vez, la partida se juega con reactores en lugar de banderas.
Fuente: Xataka.